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Cuestiones universitarias

Ante las actuales evidencias claras de la precarización del trabajo docente hay que actuar para generar políticas justas

Hay tres cuestiones en el medio universitario que me interesa comentar en este artículo.

1.El periódico El Universal está haciendo un ranking de las mejores universidades en México, advirtiendo que se trata de una aproximación “que da cuenta del estado de las IES, pero no es definitivo”. La clasificación es por carrera. En casi todas las carreras que ya se han revisado, la UNAM ha sacado el primer lugar. En las ingenierías ha salido así, pero también en Derecho, Arquitectura, Diseño Gráfico, Comunicación, y varias más. Ciertamente, la UNAM es la mejor universidad del país. Pero se suman a ella muy buenas universidades públicas y privadas, con todo y crisis, con todo y pandemia.

Añadiría dos cosas: sin buenas universidades el país no saldrá adelante; el gobierno federal y los estatales deberían dedicarle una mayor atención a los problemas institucionales, para que se resuelvan. Todas nos van servir para transitar este Siglo del conocimiento, la digitalización y la inteligencia artificial.

2. Existe la impresión de que las autoridades gubernamentales y universitarias, no tienen las habilidades suficientes para corregir los grandes problemas que nos aquejan a los académicos y estudiantes del nivel superior.

Hay crisis en varias instituciones por la falta de financiamiento. En otras, quedan por instrumentar normas y medidas concretas que eliminen los problemas de género, para que el regreso a clases no resulte conflictivo.

Otro problema, que se discute bastante, es el de los profesores de asignatura. En todas las universidades públicas representan la mayoría de los docentes. Se les paga por hora de clase, y hoy se reclama que el pago es insuficiente.

¿Qué pasa con los académicos? es una pregunta que sirve de título a un artículo que escribimos Suárez y yo (RESU núm. 180). Decimos que las instituciones de educación superior se constituyen como espacios de trabajo en los que opera un régimen laboral acorde a un modo de producción del conocimiento que implica que el trabajo se concentre en la elaboración de resultados, a la mayor brevedad posible, con lo cual se consiguen puntos para la carrera académica.  Las relaciones entre la estructura y división del trabajo con dicho régimen laboral, permite entender el por qué del malestar académico, y formular respuestas inteligentes a sus problemas, incluidos los salariales.

Por lo pronto, hay evidencias claras de que el trabajo académico se está precarizando, y eso quiere decir que a los profesores de asignatura no se les está retribuyendo económicamente de acuerdo a sus funciones, a sus conocimientos y al tiempo de trabajo que implica la función docente (e.g.Lemus, 2021). El desánimo de un profesor frente a sus alumnos influye en el aprendizaje.

Hasta ahora no ha habido una respuesta firme del profesorado frente a las incomodidades que les produce su régimen laboral. El malestar tiene mucho que ver con la subjetividad, valores, expectativas y actitudes, que desarrollan los maestros a partir de sus condiciones de trabajo.  Aquí, en Campus, he escrito sobre el malestar de los académicos desde años atrás, malestar que se deja sentir cada día con mayor intensidad.

La individuación, el conformismo, y sindicatos corporativos, han impedido manifestaciones y reclamos en el campus. Pero, recientemente, las bases estudiantiles han dirigido protestas contra el mal pago a sus profesores y hay un número de éstos que están comenzando a movilizarse. Con el regreso a clases presenciales, podría haber protestas estudiantiles-magisteriales. No es difícil imaginarlo. Sobre todo porque el maltrato a los maestros está aflorando de muchas maneras.

En la UAM, por ejemplo, las autoridades anunciaron a los maestros que el acuerdo de jubilación al que llegaron en 2018 queda sin efecto. Y que ahora les harán un pago único a quienes están pensionados o se jubilen por un total de 1,250,000 pesos, equivalente a cinco años de pensión. Y después, ¿qué? La vejez es una etapa de la vida en que hay muchos gastos: medicinas, médicos y canasta básica.

La jubilación es un asunto extraordinariamente delicado. Se trata de profesores que han hecho bien su trabajo, y que en medio de una crisis como la que vivimos, no se les puede dejar botados. Es absolutamente injusto. Pero además, abona a que ocurran movilizaciones y protestas que tendrán que afrontarse al salir de un período tan molesto como el que hemos vivido en la pandemia.

A través de la ENOE se conocen algunos rasgos del personal académico de las instituciones de educación superior. ¿Qué no es tiempo de que se haga un censo de este grupo y preguntarles cómo están y cómo se sienten? ¿Qué esperan? Habrá un aumento del magisterio universitario por el crecimiento de la cobertura y nos faltan políticas justas para la renovación de la planta.

3. Me siento muy orgulloso de haber estudiado la licenciatura en sociología en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Tuve grandes maestros. Los recuerdo. Felicidades a la Facultad por sus setenta años.

Acerca del autor

Humberto Muñoz García
Programa Universitario de Estudios sobre la Educación Superior | recillas@unam.mx

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