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¿Con Cuba o con la dictadura?

Max Aub y José Revueltas fueron críticos contra el gobierno de Fidel castro.

Hoy que los jóvenes cubanos exigen libertad son condenados por simpatizantes absolutistas

El pueblo cubano no es su gobierno. Más aún: el mayor enemigo de Cuba es su gobierno. Ya muerto el principal dictador (Fidel Castro), y aparentemente (sólo aparentemente) retirado su hermano Raúl, hay un valido, Miguel Díaz-Canel, cuya misión es mantener esa dictadura que ha cumplido más de sesenta años desolando a su pueblo. Por ello, no es lo mismo estar con Cuba que estar con la dictadura cubana, del mismo modo que no es lo mismo estar con Nicaragua o Venezuela, que estar con sus gobiernos. La patria no es el gobierno. ¡Sépanlo!

Un pueblo está por encima de sus dirigentes y sus políticos. ¡Cuánta razón tiene José Emilio Pacheco en su gran poema sintético “Dragones”!:

El que derrota al monstruo

y ocupa su lugar

se vuelve el monstruo.

Esta es la historia que se repite mil veces en las naciones. En Cuba, quien derrotó a Batista y ocupó su lugar se volvió el monstruo que estuvo medio siglo en el poder que luego heredó a su hermano y éste delegó en un títere. En Nicaragua, quien derrotó a Somoza y ocupó su lugar, Daniel Ortega, se ha vuelto el monstruo.

Las nuevas generaciones cubanas saben ya que afuera hay un mundo que no es como el suyo (hundido en la miseria y la tiranía) al que aspiran con todo derecho. La tiranía allá se ha extendido desde casi toda la segunda mitad del siglo XX y lo que llevamos del siglo XXI, pero los nietos y bisnietos de la edad del miedo despertaron y, como no había nada que comer, se comieron el miedo; así lo han dicho. Y da vergüenza que algunos que salieron de España, huyendo de la dictadura franquista, hayan llegado a México para elogiar y hasta colaborar con el castrismo. No todos, claro, porque hay excepciones dignas de recordarse. Max Aub (1903-1972), republicano español, escritor transterrado en México y que se integró a nuestra cultura, a quien nadie podría acusar de hombre de derechas, tuvo un nieto cubano fruto del matrimonio de su hija con un nativo y residente de la isla. Pero el 21 de diciembre de 1971, es decir, ya próximo a morir, estalló contra el fanatismo castrista que tiene al pueblo cubano sumido en el hambre y la desesperación y publicó la siguiente “Carta personal y abierta a Fidel Castro” (es importante recuperarla para que la lean los castrófilos que, por supuesto, no son los amigos de Cuba, sino los simpatizantes de un despotismo ni siquiera ilustrado):

“Dese usted prisa, compañero; bien está la justicia, pero para seres vivos. A los muertos no les sirve; a un pueblo hambriento, disminuido, cacoquimio, tampoco. Dese usted cuenta y déjese de pasar a la historia como héroe de la libertad si no puede lograr que su pueblo se alimente. Reconozca lealmente que se ha equivocado: que los capitalistas norteamericanos todavía son demasiado fuertes y crueles para enfrentarse con ellos. De los rusos no hablemos.

“La cosa es sencilla: mi nieto tiene quince años y si no lo traigo aquí conmigo para que coma no digo que muera, pero el hambre no le dejará ser un hombre como usted o como yo.

“No voy a discutir ideas ni voy a repasar la historia: desde ese punto concedo —sin ponerme a pensarlo— que tiene razón, pero un pueblo enterrado con la razón y la verdad a cuestas es menos que un pueblo esclavo pero vivo.

“Mi nieto, a pesar de venir a pasar aquí no pocos meses al año, está enfermo de hambre. Delgado y con peligro inminente de morir o quedarse inútil para toda la vida porque usted y sus compañeros tienen la razón política y no quieren dar su brazo a torcer.

“No, compañero Fidel, la fe ciega en unos principios que no han dado resultado en ninguna parte (como el catolicismo, por ejemplo) no puede mantenerse a este extremo llevada.

“Rectifique. Logre que —como sea— los cubanos no formen el día de mañana un conglomerado de seres inferiores, por lo menos físicamente, a los demás.

“Todo tiene un límite. Sí, sería hermoso que Cuba, teniendo la razón de su parte, fuera otra Numancia, hermoso para pasar a la historia. Pero de eso no vive el hombre. Y son los hombres los que escriben la historia.

“He sido, soy socialista, pero nunca fui estalinista y lo que usted está haciendo con su pueblo tiene un nombre que no le quiero dar.

“Dirá que ayudo a los Estados Unidos. Es posible, no lo creo. Pero lo necesario, si no vivir, es sobrevivir. El camino que emprendió estaba equivocado. Es difícil que pueda rectificar. No deje que lo hagan otros. Tenga el valor de reconocerlo (lo hizo Lenin en un momento inolvidable). Deje su orgullo, deje su demagogia. Reconozca los hechos. Declárese vencido —por el momento—, no diga ‘¡Que fallen otros!’. No. Usted, compañero, tenga el enorme valor de hacerlo. Pueden más ellos, por ahora. Hay que reconocerlo y darle de comer a su pueblo. ¿Que falta poco para vencer? Nadie lo sabe, pero depauperados, hambreados, no tendrán fuerza para trabajar lo que su patria necesita: ¿no lo ignoraba?

“—¡Patria o muerte!, gritaban, y ése es el problema. Usted escoge. ¡Venceremos! ¿Quién? ¿A quién?”.

Los fanáticos de la ideología carecen de valor civil para cuestionar los mandatos del poder y, más aún, del poder tiránico. “Los cobardes son peligrosos”, escribió Stephen Vizinczey. Y cobarde no fue Max Aub, como tampoco lo fue el mexicano José Revueltas (“uno de los mejores escritores de mi generación y uno de los hombres más puros de México”, dijo Octavio Paz), quien, cuando ocurrió la “autocrítica” que la Seguridad del Estado cubano obligó a realizar a Heberto Padilla, en 1971, escribió (el 3 de mayo ¡y desde la Cárcel Preventiva de la ciudad de México!): “Heberto Padilla dice en su carta una verdad por la cual renuncia a la verdad: se arrepiente de haber intentado esclarecerse, y se esclarece, así, mistificadamente, en la otra verdad, en la Razón de Estado. ¿Qué mayor tortura para el escritor que la de oponer su obra a la Razón de Estado y tanto más si el Estado es socialista? Los ‘herejes’ de la Edad Media se sometían con mucha menor resistencia a las exigencias morales del ‘dolo bueno’ que al plomo derretido en la cuenca de los ojos. Este no es un ‘problema insignificante’ como lo ha presentado el compañero Fidel Castro en el Congreso de la Educación y que ‘algunos intelectuales’ imaginaron que podría tratarse en una asamblea destinada a debatir los problemas de la cultura. Sin la libertad de ésta, tampoco nada, en esencia, puede ser significante”. Hasta el cómplice íntimo del dictador Fidel Castro, el escritor Gabriel García Márquez, admitió en relación con la “autocrítica” de Padilla: “El tono de su autocrítica es tan exagerado, tan abyecto, que parece obtenido por métodos ignominiosos”. Y él bien que sabía cuáles eran esos métodos de su amigo. 

Recordamos estos testimonios hoy que la juventud cubana sale a exigir patria, libertad y vida: una vida digna de ser vivida. ¿Y quienes condenan a los insumisos? La dictadura cubana, desde luego, pero también sus fanáticos simpatizantes entre los cuales hay algunos que salieron de sus países huyendo de dictaduras. ¡Habrase visto!

Acerca del autor

Juan Domingo Argüelles
Fabulaciones

Poeta, ensayista, editor, divulgador y promotor de la lectura. Sus libros más recientes son Por una universidad lectora y otras lecturas sobre la lectura en la escuela (Laberinto, nueva edición definitiva, 2018), Las malas lenguas: Barbarismos, desbarres, palabros, redundancias, sinsentidos y demás barrabasadas (Océano, 2018), La lectura: Elogio del libro y alabanza del placer de leer (Fondo Editorial del Estado de México, tercera edición, 2018), Escribir y leer en la universidad (ANUIES, 2019), La prodigiosa vida del libro en papel: Leer y escribir en la modernidad digital (Cal y Arena/UNAM, 2020) y ¡No valga la redundancia!: Pleonasmos, redundancias, sinsentidos, anfibologías y ultracorrecciones que decimos y escribimos en español (Océano, 2021). En 2019 recibió el Reconocimiento Universitario de Fomento a la Lectura, de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

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