Cauduro, la belleza y el óxido

En el Centro Histórico de la Ciudad de México se puede encontrar esta muestra con la polisémica y multidimensional obra del artista

La belleza y la magia multidimensional emerge de láminas oxidadas. La técnica realista es utilizada para hacer crítica de lo cotidiano y plasmarla sobre objetos reciclados. “Un Cauduro es un Cauduro (es un Cauduro)” es una exposición que se encuentra en el maravilloso museo de San Ildefonso, pero ojo, uno no entra a ver óleos, la propuesta artística es expansiva, aunque hay quien diga: otra lámina de tráiler derruido que se convierte en arte. 

“Existir es comprender”, aseguraba Sartre, la comprensión a la que nos invita Cauduro es a desnudar y desanudar las dicotomías, las contraposiciones. ¿Cómo la belleza convive en un entorno que se oxida? ¿Puede permanecer intacta? ¿O bien las apariencias siempre buscan engañarnos o todo depende de la perspectiva con la que se mira?, todas estas preguntas nos confrontan en las salas de San Ildefonso, a través de la obra del artista Rafael Alejandro Cauduro.

Se ha escrito -y con razón- que Cauduro aborda de forma magistral la impronta del tiempo, en la guía que facilita el museo se puede leer como: “Los efectos del paso del tiempo son un elemento clave en las creaciones de Cauduro; sus huellas, el recuento de los vestigios dejados por la presencia humana en las superficies”. 

Pero las “huellas” tienen aún un significado más profundo si consideramos la différance Derridiana. En la deconstrucción propuesta por el filósofo francés Jacques Derrida el fenómeno de la huella juega un papel sustancial. El estado de huella al que Derrida se refiere es el que hace la “diferencya”. Una letra como un trazo, todo lo cambia.

Pero uno de los aspectos fundamentales en la deconstrucción es la delimitación ontológica (los bordes del ser) sobre todo, en la tercera persona del presente indicativo: proposiciones de la forma <>: esta belleza, también es oxido -para asentarlo en nuestro tema de hoy- o si se prefiere, la belleza está en el ojo que la mira.

Ahora bien, el mundo tal como lo entendemos en su realidad cotidiana, se fundamenta en dicotomías, binomios cuadrados, dialécticas simples: bueno o malo, blanco o negro, arriba o abajo, aquí o allá; cada concepto implica su contradicción misma, “para Derrida, esta contradicción socava inevitablemente la verdad del conocimiento”, por tal motivo, el conocimiento, dice, ocurre fuera de la razón y de la lógica.

Todo lo anterior lo encontramos a lo largo de la obra de Cauduro, es polisémica y multidimensional, la obra misma juega con los fantasmas visibles de acuerdo con el punto de vista, el rostro que se difiere y se diferencia de acuerdo con la perspectiva del espectador. La obra es un diálogo consigo misma y con el espectador que confronta, alude por supuesto a la imaginación, pero también a la magia.

Un hombre crucificado ¿entre la esposa y la amante o entre la esposa y la hija? Minotauros en bicicleta, ángeles caídos, fantasmas que se difuminan, fachadas desteñidas, autos de lujo calcinados, todas estas imágenes que encontramos en la narrativa de Cauduro pertenecen al reino mítico incrustado en lo cotidiano.

Aquí vale preguntar con el afán de dejar una respuesta abierta ¿Cuál es la labor del artista? ¿Desfragmentar la realidad? ¿Imitar la Creación? ¿plantear la perspectiva que nos acerca a la versión más fiel a la verdad? ¿Mostrar los estados del alma? ¿Hacer crítica social? ¿Participar de forma activa en nuestra realidad histórica? ¿Hacer la diferencia?

¿Qué nos dicen los materiales de soporte de la obra de Cauduro? ¿Son parte de la economía circular? ¿o más bien es la abstracción de objetos que en principio no se les puede atribuir ningún valor artístico, pero el artista los “rescata” y los transforma?

“Un Cauduro es un Cauduro (es un Cauduro)” es arte fresco y reciclado, es oxido y es belleza, es la modernidad que emerge de lo antiguo, es una exposición que estará hasta el 26 de junio en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Recuerden que los domingos, la entrada es gratuita.

Colofón. La vida es así

Enigmática, mágica, mística, infinita, pero limitada por la perspectiva del ser que la observa. El mentado Yo. Yo león, yo hurón, yo vaca o ballena, árbol, cilantro o zeta. A la vida se asiste con vida, pero es solo una parte de la existencia. Cada átomo es consciente y esa consciencia es vida, aunque sea conciencia y vida de un mundo del cual, no tenemos la más mínima idea, su energía está entremezclada con la nuestra, su totalidad es Dios o si se prefiere, el Gran Ser en Movimiento, en acción, en Creación, es poesía pura. 

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