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Baja temporal

Más de siete mil estudiantes de la UNAM recurrieron a este trámite ¿Qué propicia esta decisión y qué consecuencias puede tener?

Según informó Milenio el martes 2 de febrero, un total aproximado a siete mil setecientos estudiantes de la UNAM optaron por tramitar su baja temporal de la institución, lo que implica que no habrán de cursar estudios al menos este semestre. La nota del periódico hace notar que la cifra es más del triple que la del año previo (dos mil trescientos cuarenta y tres personas), que la mayor parte de quienes optaron por la suspensión son de nivel licenciatura, más del noventa por ciento del total, y que las facultades con el mayor número de solicitudes fueron Ciencias Políticas y Sociales, en primer lugar, seguida de las Facultades de Estudios Superiores de Cuautitlán y Acatlán. En cambio, la cantidad de alumnos de los bachilleratos de la institución (Escuela Nacional Preparatoria y Colegio de Ciencias y Humanidades) fue mucho menor.

Al tomar en cuenta que la matrícula de la UNAM supera con creces los trescientos mil inscritos, la cifra de bajas temporales parece poco significativa, de apenas unos cuantos puntos porcentuales. Pero esa es solo una mirada superficial. El riesgo de pérdida de estudiantes puede ser considerablemente superior si se toma en cuenta que el trámite de baja temporal no necesariamente refleja la cantidad y proporción de estudiantes que han tenido u optado por suspender sus actividades académicas.

¿Cuáles son las ventajas y desventajas de registrar la baja temporal? La principal consecuencia favorable es que, al proceder de esa manera, el alumno mantiene su derecho de reinscripción y las materias que debería haber cursado no quedan en su expediente como no acreditadas, eso es todo. Las desventajas de la opción de suspensión temporal son de dos tipos: en primer lugar, se cancela la inscripción en las asignaturas registradas, pierden vigencia los derechos asociados con la inscripción en ordinario, incluyendo la vigencia de la credencial y del seguro de salud y no procede el registro de exámenes extraordinarios. En segundo lugar, el estudiante debe refrendar el trámite en forma anual si decide prolongar su condición de estudiante inactivo. Cabe agregar que la aceptación de bajas temporales, lo mismo que las prórrogas, tienen que ser autorizadas, en forma individual, por los consejos técnicos de facultades y escuelas.

No son raros los casos de alumnos que prefieren una alternativa: mantener vigente la reinscripción e intentar aprobar materias sin asistir a clases o por el recurso de los exámenes extraordinarios. En el bachillerato universitario existen, incluso, alternativas para la regularización consistentes en la oportunidad de volver a cursar materias reprobadas, cursos intensivos, tutoría y programas en línea, además de ya mencionada vía de los exámenes extraordinarios. Ello explicaría por qué la cifra de solicitudes de baja temporal en el bachillerato es mínima.

Llama la atención que sea la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales la que registra el mayor número de casos. ¿Es posible que, junto con la emergencia sanitaria haya influido la previa suspensión de actividades por movimientos estudiantiles? Tal vez, pero en esas condiciones otras facultades, destacadamente la de Filosofía y Letras, en que a duras penas concluyó el último semestre, estaría en las mismas y no parece ser el caso según la información que obtuvo y reportó Cecilia Ríos en Milenio.

¿Cuántos de los estudiantes que optaron por la baja temporal tomaron esa decisión para apoyar la economía familiar? ¿Cuántos son población en condiciones de vulnerabilidad? Sería importante saberlo para entender mejor los alcances y la naturaleza de la deserción forzada, así sea temporal. ¿Cuántos más habrán suspendido sin informar esa condición? ¿Cuántos de ellos no retornarán a las aulas? Por supuesto, en las circunstancias en las que estamos es difícil saberlo. Salvo excepciones, en la UNAM, al igual que en la mayoría de las universidades públicas, el registro de asistencias es más bien una prerrogativa de los profesores, no una obligación estatutaria, de manera que un conteo pormenorizado es técnicamente imposible. Lo que puede saberse, a la postre, es el comportamiento de la matrícula (inscripciones y trámites de reinscripción) en los distintos ciclos lectivos. Solo una aproximación.

No dudo que la cantidad de bajas temporales sea apenas la punta de un iceberg. Cierto es que las autoridades universitarias, y por supuesto los académicos, han hecho un esfuerzo importante por enfrentar las condiciones del confinamiento y proseguir con las actividades docentes. Se han improvisado medios y se ha tenido que aprender sobre la marcha, sin dejar de reconocer por ello que esta no es la normalidad, ni vale festejar que, pese a la adversidad, se han mantenido tareas de enseñanza, investigación y difusión.

Algo más se podría hacer o al menos intentar: identificar, en la medida de lo posible, estudiantes en riesgo de deserción en este contexto y ofrecerles alternativas sustitutivas o complementarias a la formación a distancia. Lo que se pueda rescatar es un saldo favorable. Desde luego no es sencillo dada la magnitud de la institución, pero tampoco es imposible y valdría la pena explorar alternativas en ese sentido.

No sabemos aun cuándo y cómo se emprenderá el retorno a las aulas. No será pronto, eso es lo único seguro. Ojalá que las bajas temporales no se conviertan en definitivas.

Acerca del autor

Roberto Rodríguez Gómez
UNAM Instituto de Investigaciones Sociales | roberto@unam.mx

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