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Annette, de Leos Carax: íntima y monumental

Un romance de polos opuestos es pretexto para analizar la masculinidad tóxica

Desde el primer cuadro, Annette se presenta como una película gigantesca. El soundtrack de Sparks, los rostros de Adam Driver, Marion Cotillard y el siempre apropiado Simon Helberg, de la mano del nunca aburrido Leos Carax suenan como una fórmula para entregarnos un musical único y memorable. Y lo es. Pero lo nuevo de Carax es también una película sorprendentemente íntima, emotiva y visualmente cautivadora.

Juzgar a priori este esfuerzo monumental puede significar perderse de una obra que está hecha para la pantalla grande (aunque vaya a llegar también a México a través de Prime Video), sobre todo pensando en aquellos espectadores adversos a los musicales, como el autor de este texto. Y Annette tiene varios momentos en los que parece depender demasiado de los tropos de su género, pero la agilidad de Carax para interpretar a su manera el guión de los hermanos Ron y Russell Mael, los integrantes de Sparks, es sin duda lo que saca la película a flote.

En Annette, Adam Driver es Henry, un controversial comediante de stand-up en la cúspide de su carrera. Se trata de un artista que gusta de romper las líneas entre su voz poética y la vida real. Su espectáculo, apropiadamente llamado The Ape of God (El mono de Dios), es un ejercicio de ego y talento, de masculinidad y constante cuestionamiento. Sorprende entonces que alguien como Ann (Marion Cotillard), una destacada cantante de Ópera, se haya fijado en él. Su relación toma por sorpresa al mundo de la farándula, algo que el director muestra con pequeñas cápsulas al estilo de los canales de celebridades.

El romance entre ambos es tórrido y desenfrenado. Se trata de la vida de dos opuestos convertidos en uno mismo. Henry es la masculinidad personificada, un hombre condenado por su propia existencia y destinado a destruir lo que ama, porque nunca le enseñaron a hacerlo.

El nombre Annette corresponde a la hija que Henry y Ann tienen pronto. En ella se funden las esperanzas y maldiciones de ambos, particularmente las de Henry, que se siente incapaz de criarla, sobre todo teniendo una esposa mucho más exitosa que él y eso hace estragos en su fragilidad, llevándolo al borde del abismo.

La pesada ópera rock, que en ocasiones es demasiado literal y obvia (algo temático en Carax), hace a un lado su narrativa para contar una historia increíblemente personal, con un Adam Driver monumental. Annette es una exploración de la masculinidad tóxica, de la pérdida de la inocencia y de cómo un hombre roto puede hacer a un lado todos sus prejuicios para criar a una hija.

Annette es sin duda la película más personal de Carax, una bellísima y caótica historia sobre la imposibilidad del amor. Driver es imponente como el personaje central, desnudo literal y metafóricamente, bruto, sensible, incapaz de dejar de tropezar consigo mismo.

La ópera, la música e incluso el muñeco que da vida a Annette, son el camino que Carax cimenta para contarnos una historia que vale la pena con cada uno de los 140 minutos que utiliza para ello.

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