La Universidad Autónoma Metropolitana constituye, probablemente, la hazaña de educación superior del siglo XX en nuestro país. A diferencia de sus hermanas mayores, la UNAM y el Politécnico (una establecida en 1910 y la otra en 1936), no se originó en una fusión de instituciones preexistentes. Su idea, nacimiento y puesta en marcha se gestó en quince meses, un récord por dondequiera que se le vea. Además, se echa a andar con una especie de mayoría de edad: personal académico de enorme prestigio, modernas instalaciones físicas ad hoc que se estrenaron e infraestructura tecnológica y equipos avanzados para los tiempos que corrían. Todo esto supuso un financiamiento creciente y condiciones laborales que resultaban envidiables en el contexto de la época. La motivación principal para su creación provino de dos causas principales: la necesidad de satisfacer la demanda de educación superior en el área metropolitana de CdMx y la oportunidad para que fuese una institución innovadora y que pudiese transformarse permanentemente.
A 52 años de su fundación, el Dr. Juan Casillas García de León, uno de los ocho directivos primigenios, publica un libro que resume aquella gesta educativa (1974. Cuando nuestra casa abrió sus puertas al tiempo. Una memoria personal). En un tour de force, a partir solamente de la memoria personal y sus recuerdos, ilustra cómo se fue dando todo el proceso de alumbramiento de esa casa de estudios.
El calificativo de “hazaña” no es del autor del libro. Esto queda implícito cuando se sabe que todo se inició con un estudio de la Anuies (mayo 29, 1973) en torno a la demanda educativa en el Area Metropolitana de la Ciudad de México. Una estación de paso en ese proceso lo constituyó la aprobación de su Ley Orgánica por el Congreso de la Unión, en diciembre de aquél año. Inmediatamente después, el nombramiento de autoridades, así como la contratación de personal. Al final, la apertura de la primera Unidad (Iztapalapa) fue el 14 de septiembre. Habían transcurrido apenas nueve meses del año y la nueva institución abría sus puertas al futuro. En noviembre de ese 1974 algo similar sucedió con las dos Unidades restantes (Azcapotzalco y Xochimilco). El todavía precario sistema de educación superior se enriquecía con esa emergente institución.
Como lo apunta el Dr. Casillas, tres fueron los compromisos esenciales de la UAM: a) apertura del mayor número de espacios para los estudiantes; b) prestar servicios de calidad en cada una de las funciones sustantivas (docencia, investigación y extensión universitaria); c) difundir la innovación en todos sus procesos (modelo educativo: énfasis en la investigación, troncos comunes, sistema de créditos, ciclos trimestrales; varias unidades o sedes; departamentalización, interdisciplina y varios más).
El calificativo de hazaña tiene otros componentes. Uno de ellos fundamental: la incorporación de personal académico y directivo con prestigio y experiencia. A semejanza de la leyenda de Hernán Cortés, en torno a la “quema de naves”, un buen número del personal académico fundador se incorporó para toda su vida profesional a la “Casa Abierta al Tiempo”. Era una apuesta y una gran audacia al confiar plenamente en un proyecto embrionario que venía precedido, inevitablemente, por los idus del 68.
Uno de esos académicos fue precisamente el autor del libro. A sus 44 años, casi por concluir su periodo como director de la Facultad de Ingeniería (UNAM), y con la perspectiva de ser designado para un nuevo periodo, decide incorporarse como rector de la Unidad Azcapotzalco. Allí, y en congruencia con la filosofía de la nueva institución, puso en práctica lo que podría llamarse su “credo educativo”: el conjunto de principios ideales que deberían presidir su gestión. Entre los principales: a) “formar profesionales bien preparados, para atender los problemas de la sociedad . . .”; b) el mejoramiento constante de sus profesores para que incentiven la motivación de sus alumnos; c) “La Universidad ideal sólo se concibe con la presencia de lo humanístico al lado de lo técnico”, así como a la inversa.
Epilogo: En los años transcurridos desde su fundación, la UAM no siempre se reconoce respecto a las líneas originales con las que fue trazada. La fidelidad total a los orígenes no suele ser una característica integral de las instituciones sociales, éstas son moldeadas por las personas que las integran y las circunstancias en las cuales se desarrollan. De ahí la frase final —de vigencia perenne— del Dr. Casillas al inicio de los cursos en la Unidad Azcapotzalco, aquel 11 de noviembre de 1974: “una auténtica universidad sólo existe con el paso del tiempo, con una práctica responsable, diariamente afirmada…”

Carlos Pallán Figueroa
Ex rector de la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Azcapotzalco), Ex secretario General Ejecutivo de la Anuies.
- Carlos Pallán Figueroa
- Carlos Pallán Figueroa
- Carlos Pallán Figueroa
- Carlos Pallán Figueroa