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La vergüenza de hablar español

Actualizadas las cifras a la primera mitad de 2024, el español sigue siendo el segundo idioma con mayor número de hablantes nativos en el mundo, ya que por medio de él se comunican 480 millones de personas en 21 países. El primero es el chino mandarín, con mil 120 millones de hablantes nativos, y el tercero es el inglés, con 380 millones de hablantes nativos. Y, entre los diez primeros, ni siquiera figuran el alemán, el francés y el italiano, aunque sí el portugués (221 millones de hablantes nativos), el ruso (154 millones) y el japonés (128 millones), sexto, séptimo y octavo en la lista de los diez idiomas con más hablantes nativos en el mundo.

Es sorprendente cómo quienes hablamos esta lengua tendemos a ignorar el importante valor que tiene como patrimonio e identidad cultural

La cantante de origen mexicano Yahritza Martínez pidió en una entrevista que no le hablaran en castellano.

Actualizadas las cifras a la primera mitad de 2024, el español sigue siendo el segundo idioma con mayor número de hablantes nativos en el mundo, ya que por medio de él se comunican 480 millones de personas en 21 países. El primero es el chino mandarín, con mil 120 millones de hablantes nativos, y el tercero es el inglés, con 380 millones de hablantes nativos. Y, entre los diez primeros, ni siquiera figuran el alemán, el francés y el italiano, aunque sí el portugués (221 millones de hablantes nativos), el ruso (154 millones) y el japonés (128 millones), sexto, séptimo y octavo en la lista de los diez idiomas con más hablantes nativos en el mundo.

Queda claro por qué el mandarín supera tan ampliamente a todas las lenguas en esta lista: por la enorme población china (mil 468 millones de habitantes), en un país donde también se hablan otros idiomas (entre ellos, el wu, el min y el cantonés). Parecido es el caso de la India, donde el hindi es el más hablado (por 340 millones de nativos), y ocupa el cuarto lugar, luego del inglés, en esta lista; pero allá también se habla el bengalí (228 millones de hablantes nativos) y el punjabi o punyabi que la India comparte con Pakistán y que es hablado por 100 millones de nativos y que ocupan, respectivamente, los lugares sexto y décimo en la lista mencionada. El otro gran idioma es el árabe, hablado por 315 millones de nativos, en 22 países, y que ocupa el quinto lugar en el mundo.

En general, el ciudadano común, hablante nativo del español, no tiene ni la más remota idea de esto, pero cree (simplemente porque cree y porque vive en una realidad confusa y llena de telarañas digitales) que el español es una lengua sin mayor importancia, y se avergüenza de ella. La habla porque tiene boca, y la habla mal y la escribe peor. En cambio, el inglés le parece el idioma más deslumbrante del mundo, aunque también lo hable mal, no sepa escribirlo y, no conforme con esto, arroje basura anglicista al español para sentir que está “mejorando” un idioma bárbaro: el suyo. Esto es más que triste, pero, sobre todo, es vergonzoso: ¡avergonzarse de la lengua nativa que forma parte de la identidad!

Pongamos las cosas en su sitio. El inglés es hoy una “lengua franca” (es decir, una lengua que se usa en casi todo el mundo para entenderse en asuntos económicos, políticos, diplomáticos, culturales y educativos). Pero las lenguas francas han existido casi siempre. Lo fue el latín durante siglos, con el Imperio Romano; lo fue el francés en África, América y Asia entre los siglos XVI y XIX, cuando la Francia colonialista lo impuso como lengua administrativa. (Durante su dominio ingresaron a la lengua española muchos galicismos que todavía hoy conservamos, ya sea como buenos o malos préstamos idiomáticos; es el caso del horrible “jugar un papel”, jouer un role, todo un lugar común: ¡pero los papeles no se juegan!, salvo en la papiroflexia.) Y lo es ahora, y desde el siglo XX, el inglés que, además, cobra una dimensión mayor porque es también la lengua franca de las tecnologías informáticas. Por algo es el idioma más hablado a nivel mundial (como segunda o tercera lengua), con más de mil 400 millones que lo usan para comunicarse, hacer negocios, llevar a cabo intercambios culturales y académicos y hasta para llenar la internet de sectas, grupos terroristas, idiotas que se creen la reencarnación de Cristo, pederastas, tratantes y criminales en general.

Pero, más allá de las lenguas francas que imperan en un determinado momento de la civilización, la lengua propia, la lengua nativa es un patrimonio cultural, y quizá el mayor patrimonio tangible (libros, archivos, publicaciones en general) e intangible de cualquier nación. Pablo Neruda, en sus memorias póstumas (Confieso que he vivido, 1974) hace, en su maravilloso texto “Las palabras”, una poderosa evocación de nuestra lengua, la lengua de los países hispanoamericanos, que cito aquí con la deliberada intención de avergonzar, en un sentido inverso, a quienes se avergüenzan de tener como lengua nativa el español:

“Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Éstos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras”.

Es feo y terrible que, en Estados Unidos, sobre todo, pero también en algunos países de Europa, se insulte o se acose a los hablantes del español y hasta se les amenace con llamar a la policía migratoria porque a algún imbécil supremacista blanco le ofende que un mexicano, un hondureño, un salvadoreño, un colombiano, un chileno, etcétera, se expresen en español, con el arrogante pretexto de que: “¡Esto es Estados Unidos! ¡Yo pago su seguridad social, yo pago para que puedan estar aquí! ¡Lo menos que pueden hacer es hablar inglés!”, dicho por un abogado, en Nueva York, en 2018.

La vergüenza mexicana
Pero más feo y terrible es que los propios mexicanos (aquí en México, en Estados Unidos y en Europa y, por supuesto, en internet) se avergüencen de hablar español. Hace muy poco, un mexicano grabó, en Washington, el incómodo diálogo que sostuvo con una empleada de origen mexicano que, discriminatoriamente, se negaba a atenderlo en un restaurante de comida mexicana. Pidió, en español, diez tacos, pero la mexicana renegada y descastada le dijo que en ese establecimiento (¡llamado “Méjico Lindo”!, sí con jota) sólo se hablaba inglés. “Es un restaurante mexicano, cómo no van a hablar en español”, objetó; además de que había escuchado a la empleada hablar en español con otra persona, y al preguntarle por qué no lo hacía para atenderlo, ella dijo: “Porque estamos en Estados Unidos” e, irritada, contraatacó (en español, obviamente): “Si hablas inglés ¿por qué no me pides tu orden en inglés?”, y remató, desdeñosa: “¡Mejor vete a tu país!”, a lo que el mexicano respondió: “mi país que es también el tuyo”, pero ella presumió ser “ciudadana estadounidense” y atacó a quienes “entran ilegalmente a los Estados Unidos”.

Esto me hizo recordar a otra descastada: la cantante Yahritza Martínez, nacida en Washington e hija de padres mexicanos (originarios de Michoacán), quien en un Live (o en un “en vivo”, como se dice en la farándula) le reclamó a la entrevistadora: “¡No me estés hablando en español, por favor!”, a lo cual ella le precisó lo siguiente: “Tú tienes que hablar en español, porque eres una cantante en español”. La muchachita, con la altanería y la arrogancia de la adolescencia, recurrió insistentemente a la onomatopeya de callarla, para acto seguido decir: “Háblame bonito, háblame bonito, háblame bonito”. La entrevistadora insistió: “tú eres una cantante mexicana en español, tu chat habla español y hay mucha gente en México que habla español, pero no habla inglés”. La cantante reafirmó su desdén: “Eso no significa nada. Nomás porque canto en español y la gente me escucha y si soy o no soy de México no importa, si yo hablo en inglés más que en español, y si no me quieren escuchar en este en vivo, o no entienden, yo pienso que si no les gusta se pueden retirar”. En resumen, Yaritza Martínez canta en español, un idioma que desprecia, para sacarles dinero a lo escuchas de este idioma, a quienes, esencialmente, también desprecia.
¡Méjico Lindo! Jaja.

Juan Domingo Argüelles, poeta, ensayista y promotor de la lectura en México
Juan Domingo Argüelles
Poeta, ensayista y lexicógrafo · Medalla Wikaráame al Mérito Literario 2025 | Web |  + posts

Poeta, ensayista, lexicógrafo y editor; también divulgador y promotor de la lectura. Es autor de "¡No valga la redundancia!" (2021), "El vicio de leer" (2022), "Más malas lenguas" (2023) y "Epitafios" (2024). Ha recibido el Reconocimiento Universitario de Fomento a la Lectura (2019), así como distinciones del INAH y del Gobierno de Quintana Roo (2024), y la Medalla Wikaráame al Mérito Literario en las Lenguas de América (2025).

Columna Campus: "Fabulaciones"

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