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La sucesión rectoral de la UV en 2021

El valor de la ciencia y el conocimiento es la única fuerza capaz de reconstruir un proyecto académico institucional

Conforme se acerca la convocatoria de la Junta de Gobierno de la Universidad Veracruzana para elegir a quien habrá de dirigir la institución los próximos cuatro años, las fuerzas e intereses en disputa se empiezan a decantar.

Es una situación muy peculiar, estamos frente a un contexto donde todo está cambiando de modo acelerado incluido el régimen político; donde la producción y la distribución del conocimiento se intensifican y cobran mayor relevancia social; en el que se diversifican las características sociales, culturales y tecnológicas de los estudiantes que recibimos; un contexto en el que han mejorado las instituciones de educación con las que competimos por tener el mejor prestigio; un momento en que se ha intensificado el uso de las TIC como respuesta a la pandemia del covid-19.

Al turbio escenario de la campaña electoral de este año para renovar diputaciones, gubernaturas y muchas alcaldías que contamina desde el campo político los procesos universitarios, hay que añadir la profunda desmovilización producto de las medidas de contención a la epidemia del covid- 19: la sucesión rectoral en la UV estará marcada por este contexto.

Además hay que considerar que un nuevo entramado de políticas configura el actual escenario de la educación superior, con un nuevo Plan Sectorial de Educación, una renovada Ley de Educación Superior y una nueva legislación de ciencia y tecnología.

A pesar de los intentos fallidos por imponer una nueva Ley orgánica, en el plano interno las reglas del juego están delimitadas de manera inequívoca por la actual legislación, principalmente por la Ley Orgánica y la Ley de Autonomía vigentes.

Luego de 8 años de degradación del rumbo académico institucional, los retos de esta sucesión rectoral representan un enorme desafío, pues no sólo hay que reconstruir lo deteriorado, sino colocar a la Universidad de nuevo en la senda de la transformación y renovación de su proyecto académico.

Paulatinamente se comienzan a estructurar tres grandes fuerzas en la competencia por la rectoría de la Universidad.

La primera es muy poderosa porque deriva del poder burocrático. En efecto, en la Universidad domina un grupo de interés que lleva ocupando altas posiciones burocrático políticas desde hace muchísimos años, se trata de un grupo de funcionarios y funcionarias que llevan saltando de una posición a otra, cobrando jugosas compensaciones y disfrutando de prestaciones extraordinarias como choferes, autos y gastos de representación. Lo tuvieron todo, pero fueron incapaces de formar una nueva generación de académicos para que tomaran el relevo. Sus súbditos carecen de las credenciales académicas de la alta élite burocrática y desconocen el proceder académico.

La segunda fuerza deriva del poder político, tanto de los viejos partidos convencionales, como de esa confusa configuración que es el partido en el poder. Se trata de fuerzas exógenas a la UV y distantes del trabajo académico que consideran a la institución como parte de un tablero político mayor, el propio de la disputa político-partidaria.

Finalmente, la tercera fuerza es la académica, la única legítima para conducir a la universidad, la única que comprende el valor de la ciencia y el conocimiento, la única capaz de reconstruir un proyecto académico institucional.

Las dos primeras fuerzas carecen de cuadros académicos sólidos, los aspirantes que las integran no tienen ni una trayectoria ni un reconocimiento académicos, muchos han obtenido sus diplomas en instituciones de bajo prestigio y sin someterse a procesos rigurosos de evaluación, carecen de experiencia docente, en tutorías, en investigación o creación artística, no publican artículos o libros académicos, no saben lo que es dirigir una tesis.

Por el contrario, la fuerza académica tiene posibilidades de presentar en esta coyuntura a muy destacados profesores, con amplia legitimidad y reconocimiento, con experiencia en la conducción académica. Sin embargo, esta fuerza se encuentra fragmentada y no corresponde a un interés corporativo.

Desde todos los frentes, es hora de sumar. Dada la grave situación de la Universidad es necesario que todos los académicos pongamos por delante la defensa de sus funciones sustantivas: la docencia, la investigación, y la difusión cultural y la extensión. La calidad y la excelencia no son una aspiración vacía, sino un referente que sólo puede encabezar un académico con sensibilidad y respaldo de la comunidad.

Después de 8 años de anomia en la conducción institucional debemos detener el deterioro y encauzar el rumbo de la Universidad. La defensa del proyecto académico de la institución exige que sumemos fuerzas; pienso que el Dr. Jorge Manzo no sólo es un académico de primer nivel, sino ha venido construyendo un proyecto con base en la consulta a la comunidad e integrando una coalición de académicos, trabajadores y estudiantes que representa un promisorio horizonte para la Universidad Veracruzana.

Acerca del autor

Miguel Casillas

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