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La ciencia requiere de apoyos generosos y la libertad para ejercerse: Salvador Jara Guerrero

La ciencia en México es una actividad que no ha recibido la atención adecuada ni suficiente para su desarrollo. A pesar de la importancia que tiene, ha faltado una política que asigne los recursos necesarios para impulsarla. Así lo plantea Salvador Jara Guerrero, exsubsecretario de Educación Superior de la Secretaría de Educación Pública de 2015 a 2018.

Entrevista con el ex subsecretario de Educación Superior de la SEP

Para el ex rector de la UMSNH, es necesaria una política que motive y valore el desarrollo de la ciencia.

La ciencia en México es una actividad que no ha recibido la atención adecuada ni suficiente para su desarrollo. A pesar de la importancia que tiene, ha faltado una política que asigne los recursos necesarios para impulsarla.

Así lo plantea Salvador Jara Guerrero, exsubsecretario de Educación Superior de la Secretaría de Educación Pública de 2015 a 2018.

En entrevista con Campus, sostiene que la ciencia debe sostenerse bajo dos pilares fundamentales: por un lado, darle prioridad desde el aspecto financiero, y por otro, la libertad de ejercerla.

Jara Guerrero, quien fue rector de la Universidad Michoacana San Nicolás de Hidalgo (UMSNH), apunta que hoy día, la ciencia “en nuestro país, desgraciadamente es una actividad poco valorada, los subsidios han disminuido tanto para los investigadores, como para las actividades de divulgación científica y de promoción de su estudio”.

Esto ha provocado, añade, que haya “disminuido la matrícula en carreras científicas y se ha incrementado el número de personas analfabetas en ciencia que creen cada vez más en charlatanerías y ciencias ocultas, colocándose más cerca de dogmas y fanatismos”.

A final de cuentas, comenta, aunque los productos de la ciencia “no tienen siempre una aplicación inmediata evidente, se reconoce que la actividad científica es un motor de desarrollo y como actividad cultural, debe ser financiada, no hay que esperar que sea una actividad comercial que sea capaz de autofinanciarse”.

En ese sentido, detalla, la ciencia aplicada, más vinculada a la tecnología pueda producir recursos para su desarrollo, “pero la ciencia básica requiere de apoyos generosos y la libertad necesaria ejercerse, y esto es sólo posible con políticas que la apoyen, la valoren”.

Propuestas y soluciones
Para Salvador Jara Guerrero, quien fue el primer director del Consejo Estatal de Ciencia y Tecnología de Michoacán, los principales retos del sistema científico del país pasan, principalmente, por convertirlo en un sistema fuerte y sólido.

“Que participe, en conjunto con otros países, en la búsqueda de soluciones a problemas globales, pero que tenga su propia agenda nacional, regional y local.

“Esto requiere incrementar el número científicos y tecnólogos en México, pero también necesita de una política gubernamental que valore, promueva y motive el desarrollo del sistema científico en conjunto con la comunidad científica”, dice.

Se trata de una visión que tome en consideración el análisis y propuestas de soluciones, pero a su vez la comunidad científica tiene la gran responsabilidad de ganarse con argumentos el apoyo tanto de los gobiernos como de los ciudadanos”.

Al referirse al sector de la educación superior, Jara Guerrero, puntualiza que el principal problema que debe atenderse en la calidad de las instituciones.

“Debería medirse a través de la satisfacción y el éxito de los estudiantes y los egresados. Pero esto a su vez depende, en gran medida, de la labor de los docentes e investigadores, que a su vez depende de sus condiciones de trabajo”, considera.

Al mismo tiempo, detalla Jara Guerrero, quien tiene una licenciatura en ciencia físico matemáticas por la UMSNH, con especialidad en Física Experimental en la Universidad de California en Berkeley, otra variable es la mala calidad del sistema educativo en educación básica, e incluso desde la familia.

“Los estudiantes que no ingresan a la educación superior con el nivel mínimo necesario desertan o egresan para engrosar las filas de desempleados o subempleados y jóvenes frustrados, con baja autoestima. Y es muy difícil que en esta etapa se puedan subsanar deficiencias elementales”, plantea.

Deficiencias evidentes
Otro problema que enfrentan las instituciones de educación superior, explica Salvador Jara Guerrero, es la excesiva rigidez del sistema.

“Cuando un estudiante se ve obligado a desertar, después de uno o dos años de estudio, sale a la vida sin nada que certifique sus habilidades y capacidades, es decir, la institución no le otorga ningún grado, porque no está preparado, en la mayoría de los casos, para incorporarse a la vida laboral.

“Si los programas tomaran esto en consideración, deberían asegurar que, a lo largo de cada semestre o año escolar, los jóvenes no sólo aprendan cosas, sino también aprendan a hacer cosas que les permitan incorporarse a la vida laboral en cualquier momento”, añade.

Y para ello, puntualiza Jara Guerrero, quien ha a sido profesor visitante en el World College West, en Estados Unidos, y en las universidades “La Sapienza” de Roma, y en la Universidad Autónoma de Barcelona, las instituciones deben reconocer esos esfuerzos con un título técnico de un año, dos años, tres o cuatro.

Asimismo, enfatiza el académico y exfuncionario, “los planes de estudio son, en general, también rígidos en cuanto a tiempos y contenidos, contienen pocas materias optativas y no permiten a quienes no pueden estudiar de tiempo completo que lo hagan a su ritmo y de acuerdo a sus posibilidades, especialmente a las mujeres embarazadas o con hijos pequeños”.

Además, agrega, “observo que existe un problema de falta de optimización de recursos tanto humanos como materiales que puede subsanarse, en gran medida, con una adecuada vinculación entre las diferentes instituciones de educación superior”.

Este esquema, comenta, les permitiría “compartir recursos y establecer programas de movilidad donde los estudiantes de una institución pudieran tomar clases en la otra, motivando la movilidad y el intercambio académicos”.

Mayor solidez
En medio de este escenario, debe quedar muy en claro que en las instituciones de educación superior del país “se encuentran las mejores mentes de una nación”.

En ellas, considera Jara Guerrero, están las mentes “mejor formadas, las más creativas y con mayor potencial, por ello nuestras instituciones tienen mayor responsabilidad, son como los cerebros y las conciencias de un país”

En suma, las instituciones de educación superior, “reciben lo mejor y por ello tienen también la obligación de aportar más. Por tanto, claro que las instituciones de educación superior del país deberían tomar una actitud o una postura más decidida, aportando soluciones y participando de manera más enérgica.

“No sólo para afrontar los rezagos del sector sino, en general, para afrontar los grandes rezagos nacionales y del mundo”, finaliza.

Carlos Reyes
cra19762003@yahoo.com.mx | Web | + posts

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