El 19 de febrero (posiblemente) de 1885 nació el precursor del muralismo mexicano moderno, el jalisciense Roberto Montenegro. El movimiento muralista emergió en el contexto de la creación de la Secretaría de Educación Pública (SEP) durante el programa conocido como las “Misiones culturales”.
Antes de que comenzaran oficialmente las Misiones culturales en 1923, con José Vasconcelos al frente, se realizaron ensayos. El oaxaqueño recorría el país acompañado por oradores, poetas y artistas plásticos; uno de ellos fue Roberto Montenegro.
Sobre el jalisciense, Vasconcelos recuerda en sus memorias que Montenegro pintó unas acuarelas “de vendedor de tuba y otros tipos entre casas y panoramas colimenses. Y puede decirse que estos ingenuos trabajos fueron el comienzo de la pintura de tema popular que más tarde hizo escuela”. La escuela a la que se refiere es el muralismo.
Sala de discusiones
En 1922, en el extemplo de San Pedro y San Pablo, actualmente el Museo de las Constituciones, Montenegro comenzó el primer mural para “decorar” lo que sería una Sala de discusiones, la cual fue inaugurada en 1923 por el expresidente Obregón, Vasconcelos, el pintor del mural y otros intelectuales de la época como el pintor José Clemente Orozco o el líder sindical Vicente Lombardo Toledano.
Este mural lleva el título de “El árbol de la vida”. En el centro de la obra se lee: “Acción, supera al destino. ¡Vence!”, idea que coincide con el clásico de Virgilio: Audentes fortuna iuvat – “La fortuna favorece a los audaces”.
La discusión
Algunos críticos consideran que este mural no puede representar el génesis del movimiento muralista por su tema; no obstante, su cronología.
De acuerdo con la especialista de la UNAM, la académica Julieta Ortiz Gaitán, esta obra “muestra a un hombre en armadura, con seis mujeres de un lado y seis del otro, vestidas a la usanza grecolatina y portando dones llenos de simbolismo y significados diferentes. El hombre con la armadura da el mensaje de lucha, de una empresa, que yo relaciono con aquella que estaba iniciando José Vasconcelos en México”.
El esteta detonante
Sin ser docente de profesión, Vasconcelos fue un maestro, pero también un filósofo y, dentro de la filosofía, un esteta. Con las Misiones culturales impulsó los motivos; con el presupuesto y la infraestructura de la SEP puso los colores y los lienzos.
Las Misiones culturales fueron precursoras del muralismo. Cuando Vasconcelos encabezó sus primeros ensayos, según recuerda en sus memorias: “De invitados pasamos una mañana en una de las huertas o quintas que producen la tuba, soñando despiertos con la ilusión de establecernos alguna vez para siempre en los alrededores de Colima, en sana paz y disfrute. Montenegro y Ledesma hicieron algo más que sueños estériles. Pintaron acuarelas de vendedor de tuba y otros tipos entre casas y panoramas colimenses. Y puede decirse que estos ingenuos trabajos fueron el comienzo de la pintura de tema popular que más tarde hizo escuela”.
“Así como también todo el renacimiento de la cerámica nacional parte del viaje que a Oaxaca habían hecho semanas antes Enciso y Montenegro. Unos platos decorados que por allá crearon Enciso y Montenegro fueron las primicias de lo que es hoy una industria artística. Lo menciono para que conste que no se improvisan ni salen espontáneamente del pueblo las industrias y las artes, sino que constantemente hace falta la intervención del artista culto para iniciar o para resucitar la producción artística”.
Así, Vasconcelos asume las funciones del Estado como rector de la cultura cuando afirma: “No puede hacer nada el artista abandonado a sus propios recursos, y es el Gobierno quien únicamente puede, en los tiempos que corren, hacerse Mecenas y director, sistematizador de las actividades superiores, así como de las menores”.
El tremendismo
Brutal. El muralismo, como el tremendismo, retrataron en su génesis la brutalidad de otro movimiento, uno social, político y armado: la Revolución Mexicana y la Guerra Civil Española, respectiva y cronológicamente.
Una alegoría, la alegoría de una gesta si se quiere, pero una alegoría. El muralismo se fija en su discurso, no en su soporte: el muro. En este sentido, es razonable descartar “El árbol de la vida” de Montenegro como el primer mural del movimiento muralista revolucionario, pues, su propósito es una decoración alegórica.
Visualmente el muralismo es tremendo; artísticamente, puede que haya creado al tremendismo y su halito despiadado. Los murales revolucionarios nacen en la década 1920. Del origen del tremendismo, nos referiremos a una novela publicada en los años 60, también del siglo XX.
San Camilo, 1936
Camilo José Cela, posible padre del tremendismo, en una entrevista aseguraba sobre los premios literarios: «Tienen todos mis respetos, pero [para mí] muy escaso interés», al contrario del espíritu gregario el pensamiento de masas atrapado en contenidos del tipo “La casa de los famosos” donde entre la audiencia se promueve el escaso respeto a cambio de todo su interés.
Diría el Nobel: Justo lo contrario de lo que hace a una persona feliz. “La gente lo que quiere es ir al fútbol a ver perder al equipo enemigo. A la gente lo que le gusta es ver perder. Antes, cuando las ejecuciones eran públicas, tú no puedes acordarte, pero yo sí. La gente se amontonaba para ver perder al agarrotado y aplaudía cuando sacaba la lengua…».
Tremendo el abuelo de Los Simpson y/o South Park.
En una narrativa que llena la mente del lector con palabras tan sonoras como putero, prostíbulos, casas de encuentro y concierto de las naciones cuando son internacionales, según dice San Camilo, 1936; como también dice que “la lujuria es hija de la soledad y de la tristeza”.
¿El tremendismo es el hombre atrapado en el lamento de su elección y su deseo? ¿Los puntos de fuga en la obra de Siqueiros y Rivera tienen que ver con el “intento de fuga” del que acusaron a Madero antes de ser acribillado a mansalva? ¿Fue distinto el destino de Villa?
El destino, ¿qué es?
¿honda sed de dominio?
¿oscuro demonio del abandono
en el fondo de sí mismo?
(pues se sabe desde hace tiempo)
el hombre ha sido guiado por un abismo.

Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas
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