El Observatorio de Políticas de Educación Superior de la Unesco publicó recientemente el Informe mundial sobre tendencias de la educación superior: hacia una educación inclusiva, equitativa y de calidad en un panorama de movilidad internacional*. Se trata de un estudio relevante, pues proporciona un diagnóstico general de logros, tendencias y realidades actuales de la educación terciaria a nivel global, y ofrece algunas claves analíticas sobre los principales problemas y desafíos que enfrentan los gobiernos y las instituciones de educación superior en las distintas regiones. Ello significa un insumo importante para marcar la “cancha” de la discusión pública internacional, identificando los ejes estratégicos de la educación superior, pero también estimulando el rediseño de políticas para este campo de la acción pública.
El informe puede leerse desde diversas perspectivas: documento técnico, diagnóstico global, herramienta de políticas, conjunto de reflexiones útiles para organizar acciones y propuestas. Pero también se puede hacer una lectura política del reporte, que consiste en identificar los puntos conflictivos, tensiones y zonas grises de la educación superior contemporánea y sus posibles escenarios futuros. Este tipo de lectura significa colocar los datos, afirmaciones y recomendaciones en términos de su traducción de las relaciones entre gobernanza y financiamiento en las distintas escalas y dimensiones de la educación superior.
La tonalidad del estudio es descriptiva e indicativa, pero también contiene recomendaciones dirigidas a la construcción de agendas de políticas para las distintas regiones. Las tendencias relevantes identificadas son tres: la acelerada internacionalización de la educación superior, el crecimiento veloz de la matrícula del sector y la proliferación de instituciones, programas y modalidades públicas y privadas de la educación terciaria en todo el mundo.
Estas tendencias están marcadas por diversos tipos de brechas y desigualdades. En términos de internacionalización y de equidad, la débil inclusión de grupos vulnerables (poblaciones migrantes, personas con discapacidades, desigualdades de origen social y de género) y el incremento de los costos de las colegiaturas producen una internacionalización asimétrica que endurece las desigualdades sociales en el acceso a los beneficios y oportunidades de la educación superior. Respecto al crecimiento de las matrículas, aunque se señala la velocidad del ritmo de la expansión (en 2024 se registraron 269 millones de estudiantes de ese nivel, más del doble de los que existían a comienzos del siglo XXI), también se identifican disparidades regionales en las tasas brutas de acceso a la educación terciaria.
A nivel global, se estima que un 35 por ciento de los jóvenes en edad correspondiente están inscritos en alguna modalidad de educación superior (universitarias y no universitarias, públicas y privadas). No obstante, muy por encima de este promedio están las regiones de América del Norte y Europa Occidental (65 por ciento), América Latina y el Caribe (53 por ciento), y por debajo de la media están regiones como Asia Meridional y Occidental.
Desde una perspectiva política, la relación entre gobernanza y financiamiento constituye el núcleo duro de los problemas asociados a las disparidades en el acceso, tránsito y egreso de los sistemas de educación superior. Ello también influye en la calidad de la educación terciaria en los diversos territorios y poblaciones. Específicamente, la diversidad, debilidad e insuficiencias de los marcos regulatorios, las externalidades negativas de carácter económico y sociopolítico, y la insuficiencia de los financiamientos públicos entre regiones y países, marcan las líneas rojas de las limitaciones estructurales de la educación superior y sus reales o potenciales contribuciones al desarrollo y bienestar de sus poblaciones.
En el promedio mundial, se destina el 0.8 por ciento del gasto público en relación con el PIB a este sector, cuando la propia Unesco ha recomendado un mínimo de 1 por ciento desde finales del siglo pasado. Solamente dos regiones del mundo (América del Norte y Europa occidental) destinan el 1.1 por ciento, contra el 0.7 por ciento de América Latina y el Caribe, o el 0.47 por ciento de Asia Central. Estas distancias indican que la importancia declarativa que hacen muchos gobiernos nacionales sobre la importancia para el desarrollo de la educación terciaria no se traduce en un financiamiento público estable y creciente hacia ese campo de las políticas.
Las diferencias porcentuales en el gasto público contrastan con la velocidad del crecimiento de las matrículas, establecimientos, programas y personal académico y administrativo de los sistemas nacionales. Los datos muestran que ese crecimiento se sostiene sobre un mayor gasto privado, lo que acentúa las desigualdades estructurales del acceso a la educación terciaria por parte de las poblaciones más pobres de cada país. La incapacidad de atención a la demanda de las opciones públicas es un estímulo a la privatización de la educación superior, lo que constituye un obstáculo para el acceso de los deciles de más bajos ingresos de la población. La región latinoamericana y caribeña es el territorio donde más ha crecido el ritmo de la privatización, que ya absorbe en promedio a casi la mitad de las matrículas y los establecimientos del sector.
En síntesis, pueden identificarse seis factores de tensión entre financiamiento y gobernanza que configuran el problema político central de la educación superior mundial: 1) costos incrementales de la expansión que se sostienen no mediante gasto público (gobiernos) sino privado (familias e individuos); 2) privatización acelerada mediante la proliferación de programas e instituciones de costo bajo y medio, potenciadas por nuevas tecnologías y plataformas; 3) exclusión de poblaciones vulnerables del acceso a la educación terciaria; 4) endurecimiento de las brechas de calidad educativa de los programas; 5) sobrecarga de exigencias al personal académico y no académico de las instituciones de educación superior; 6) dificultades crecientes en los procesos de inserción laboral de los egresados de sistemas masificados.
Las tensiones clásicas entre Estado y mercado no han desaparecido ni con las promesas incumplidas de la globalización y la internacionalización, ni con el ascenso de los neopopulismos políticos nacionalistas. En realidad, son tensiones políticas y dilemas de políticas que se han recrudecido en profundidad y complejidad. De ahí se desprende una agenda que requiere de decisiones políticas que contribuyan a revisar los recursos, las condiciones y las reglas del juego de la educación superior.

Adrián Acosta Silva
Columna: Diario de Incertidumbres
- Adrián Acosta Silva
- Adrián Acosta Silva
- Adrián Acosta Silva
- Adrián Acosta Silva