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In memoriam Roberto Rodríguez Gómez · columnista de Campus desde su fundación
1 de septiembre de 2026
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El regreso al lápiz y el papel, sin dejar de lado la tecnología

La tecnología puede facilitar el aprendizaje, pero también existe el riesgo de que sustituya procesos mentales que necesitamos ejercitar. Desde una operación sencilla de porcentaje hasta la comprensión de conceptos matemáticos complejos, el uso constante de calculadoras, dispositivos e inteligencia artificial plantea un reto educativo: encontrar un equilibrio entre las herramientas digitales y prácticas como escribir a mano, resolver problemas y argumentar las respuestas para fortalecer la memoria, el razonamiento y la autonomía de los estudiantes
Un estudio del MIT sugiere alternar el uso de las Tecnologías de Información con estrategias meramente manuales.

Imaginen esta escena:estamos en una tienda de ropa, un joven de entre 17 y 19 años ingresa a la tienda con sus padres, ven una prenda con un costo de mil 800 pesos y con una etiqueta de 30 por ciento de descuento. Uno de los padres le pide al joven que le diga cuánto deberán pagar por la prenda después de aplicar el descuento. Es fácil pensar que el joven realizará una simple operación lógica: mil 800 x 7 y ajustaría los ceros; algo más sofisticado sería: mil x 7 más 800 x 7 y sumar los resultados. O quizá haría algo más elaborado: primero obtendría el 30 por ciento de $1,800 y lo restaría a la cantidad original. Podemos generar varias alternativas; en cualquiera de los casos llegaría a la solución entre 30 segundos y 1 minuto y medio.

Lo que ocurre en la realidad es que el joven, que seguramente tiene entre 12 y 15 años de escolaridad, saca un teléfono celular de su bolsillo, abre la aplicación de la calculadora, y realiza cualquiera de las alternativas antes descritas, lo que le tomará más del minuto y medio que, en el peor de los casos, habría tomado de haber desarrollado la habilidad mental de hacer cálculos sencillos.

En este país, los estudiantes comienzan a realizar operaciones simples que implican multiplicaciones a partir del 2º grado de primaria, los números decimales en 3º y 4º, realizan operaciones aritméticas con números decimales en 5º y en 6º de primaria, consolidan esos conocimientos aplicándolos a problemas de la vida cotidiana. El concepto de porcentaje se estudia a partir de 5º grado de primaria. Obviamente, estas habilidades deben consolidarse con ejercicios de solución de problemas más complejos durante los 3 años de secundaria y la preparatoria. Entonces, ¿por qué un chico en edad universitaria necesita una calculadora para realizar una operación de porcentaje simple?

Hay muchos defensores del uso de las tecnologías de información en el proceso enseñanza-aprendizaje, yo soy uno de ellos. Sin embargo, si estas tecnologías no se utilizan con la guía adecuada y en momentos oportunos, podría generar lo que en su momento ya documentó un estudio del MIT sobre el riesgo cognitivo o “Deuda cognitiva”. ¿Cuántas escenas hemos visto de pizarrones llenos de ejercicios, cálculos y gráficas resueltas paso a paso, y, al final, todo el grupo tomando foto del pizarrón? En algunos grupos, así como el “conductor designado” para las fiestas, se tiene el “fotógrafo designado”, quien es responsable de tomar las mejores imágenes del pizarrón y hacerlas llegar al resto de los estudiantes vía WhatsApp, hayan estado o no en la clase.

Ese mismo estudio del MIT sugiere desarrollar una estrategia de “gimnasia mental”, en donde se alterne el uso de las Tecnologías de Información con estrategias meramente manuales. ¿Qué sería un buen ejemplo de ello? Supongamos que el tema es el “Teorema de Pitágoras”, hay muchas formas de conocerlo usando herramientas de IA o en videos de YouTube. El estudiante puede obtener paso a paso la explicación y visualizar diferentes ejemplos; sin embargo, eso no garantiza el dominio del concepto y tampoco el uso de ese teorema en aplicaciones reales como en la Arquitectura, la Ingeniería Civil o las Telecomunicaciones.

El estudiante “memoriza” la “fórmula” y el “atajo” que el profesor pone en sus ejemplos, pero no entiende el fundamento, mucho menos la reflexión lógica del concepto, lo que no le permite dominarlo más allá del umbral de la entrega de tarea o del examen.

Alguna vez un amigo de la preparatoria me dijo: “terminando el semestre, yo destruyo mis apuntes, pues se supone que todo lo que hay en mis cuadernos ya lo aprendí”, y le creo, pues cuenta con una memoria envidiable. Ahora el problema es que ya no hay ni siquiera cuadernos, entonces, en esta época, ¿qué haría mi amigo?, ¿borrar la memoria de su teléfono celular? Una fotografía o unos apuntes electrónicos, ¿qué tanto ejercitaría su envidiable memoria?

Una de las estrategias que estamos utilizando se llama “Examen Argumentativo”, en el cual el estudiante no necesariamente tiene que resolver ejercicios de un final de capítulo de libro; en su lugar, el estudiante es confrontado con un escenario que requiere de la aplicación de los conceptos vistos en clase, proponer una solución y obtener un resultado debidamente justificado. Esto suena trivial, pero existen enormes diferencias si consideramos las palabras antes citadas: “escenario” (implica una situación de la vida cotidiana); “propuesta de solución” (requiere de una reflexión); y “resultado justificado” (el estudiante tiene que “argumentar” su procedimiento y explicar el resultado).

Otra alternativa de una buena práctica que algunos países están volviendo a imponer en sus aulas desde el bachillerato e llama “uso de cuaderno, lápiz y pluma”. Básicamente, lo que normalmente se hacía hace apenas una década: Tomar apuntes y realizar actividades escritas. Habrá quien diga que tomar apuntes en una tableta electrónica es casi lo mismo e incluso genera documentos más bonitos. Habrá otros que, al leer estas líneas dirán que propongo regresar a la “era de las cavernas”. Yo no sugiero sustituir la tecnología con un cuaderno o un libro (que ya muchos estudiantes universitarios carecen de la habilidad de buscar un texto en un estante de la biblioteca).

Mencioné antes: el uso de una tableta es “casi lo mismo”; así es, “casi”. Lo que se busca en la toma de apuntes y ejercicios a “mano alzada” es fomentar la poderosa conexión entre el lápiz y la mente a través de los músculos de brazo, mano y dedos. La sensación del lápiz o la pluma deformando levemente la superficie del papel bond, el olor de la tinta, el carbón y la hoja fomentan, entre otras cosas (por más romántico que parezca), el enfoque y la memoria de largo plazo. Esto no se puede “emular” con una tableta y plumas electrónicas.

Unos colegas del área de ingeniería mecánica, desde hace un par de años, tomaron la decisión de obligar a sus estudiantes del curso de “Estática” a tomar apuntes y entregar los ejercicios en papel (no tablet, no entregas por correo). El resultado: los estudiantes lograron comprender los conceptos y aplicarlos de forma eficiente a situaciones de la vida real, superaron algunas deficiencias de matemáticas y pasaron con mejores habilidades a la siguiente unidad formativa.

Yo confío en que, con el uso oportuno y puntual de las herramientas de IA, las plataformas de tecnologías de información y la buena costumbre de tomar apuntes, ejercicios y exámenes argumentativos sobre papel, lograrán que el joven de la tienda pueda en menos de 30 segundos saber exactamente cuánto debe pagar por la prenda en descuento, y aplicar conceptos de ciencias básicas en la solución de problemas reales.

Andrés García García
Tecnológico de Monterrey |  + posts

Profesor de la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tecnológico de Monterrey

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