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1 de septiembre de 2026
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El futuro es estúpido

Carlos Monsivais dijo que las humanidades iban a ser desplazadas, no por la tecnología, sino por el culto que se le rinde. Su predicción se ha vuelto cierta. A ello, podemos agregar que el culto a las utilidades es lo que va a destruir el mundo.

La inteligencia artificial pone en peligro el futuro de los creativos de todo el mundo, y también representa una importante amenaza al medio ambiente

Los generadores de IA son alimentados con material protegido por derechos de autor.

Carlos Monsivais dijo que las humanidades iban a ser desplazadas, no por la tecnología, sino por el culto que se le rinde. Su predicción se ha vuelto cierta. A ello, podemos agregar que el culto a las utilidades es lo que va a destruir el mundo.

Hace poco más de un año, se presentó con bombo y platillo ChatGPT, el chatbot de OpenAI que sorprendió al mundo. Su inteligencia artificial sacudió a Silicon Valley y sus dueños dieron un golpe en la mesa que fue seguido por la industria de la tecnología. Unos meses después, como ha sucedido con todas las tendencias tecnológicas que han prometido cambiar el mundo, el panorama de la inteligencia artificial es distinto.

Microsoft, OpenAI y otras compañías, han entrenado a sus bots infringiendo incontables leyes de derechos de autor. Entre las incontables controversias, el New York Times demandó a ambas compañías por el uso de millones de sus artículos para entrenar a sus chatbots que ahora compiten como una fuente legítima de información.

“La demanda del New York Times se une a la de ilustradores, Getty Images, George R.R. Martin entre otros, que alegan el uso indebido de su trabajo para generar productos para otros escritores, reporteros y artistas sin consentimiento o compensación, infringiendo en sus derechos de autor”.

Sin considerar que, la Oficina del Derecho de Autor de los Estados Unidos, agencia del gobierno de los Estados Unidos y filial de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, no considera a los productos de la inteligencia artificial como sujetos de derecho de autor. Es decir, cualquier texto, novela, ilustración o video creada con inteligencia artificial, puede ser reproducido sin compensar al “autor” (que, en este caso, autor es un término que no puede aplicarse a alguien que escribe su idea en un chatbot y éste escupe un remedo de incontables autores cuyo trabajo fue robado).

Mientras tanto, un nuevo estudio publicado recientemente en IEEE Spectrum, coescrito por el científico cognitivo y experto en IA Gary Marcus y el veterano de la industria cinematográfica Reid Southern, muestra que Midjourney y Dall-E, dos de los principales generadores de imágenes de IA, fueron entrenados con material protegido por derechos de autor y puede regurgitar ese material a voluntad, a menudo sin siquiera que se lo pidan, según un texto de Los Angeles Times.

Este fenómeno ha causado que incontables usuarios de internet (de esos que pagan por la palomita en Twitter) aseguren que los derechos de autor son un estorbo. Ya dijo Marc Andreessen, cofundador de Netscape e inversionista en Silicon Valley que, si las compañías de IA compensan a los autores intelectuales de su trabajo, se irían a la quiebra. Quizás un negocio que requiere robar el trabajo de los demás no sea un buen negocio en primer lugar.

A todo el dilema ético, moral y legal alrededor de la inteligencia artificial, debemos considerar un elemento que, en el contexto de la crisis climática e hídrica que vive el mundo, debería ser lo primero para descartarla: la inconmensurable energía que se requiere para producirla.

Según un artículo de The Atlantic, Microsoft construyó dos datacenters al Oeste de Phoenix, con planes para expandirse a otros siete (que trabajan, entre otras compañías, para OpenAI). Un analista lo llamó el esfuerzo de infraestructura más grande que ha visto la humanidad.

Microsoft planea absorber el exceso de calor con un flujo de aire y, como se suele necesitar, de agua pura evaporada.

“Se prevé que el uso de este último alcance más de 50 millones de galones cada año. Phoenix acababa de soportar el verano más caluroso de su historia, con 55 días de temperaturas superiores a los 43 grados centígrados. El clima puso a prueba las redes eléctricas y agravó los efectos de la peor sequía que la región ha enfrentado en más de un milenio”.

El río Colorado, que suministra agua potable y energía hidroeléctrica a toda la región, ha ido menguando, según el reporte. Los agricultores ya han tenido que dejar los campos en barbecho (consiste en no sembrar la tierra de cultivo durante uno o varios periodos vegetativos), y una comunidad en las afueras del este de Phoenix se quedó sin agua del grifo durante la mayor parte del año. Otras compañías como Apple, Amazon, Meta y, pronto, Google, se están asentando en el área, haciendo Phoenix uno de los centros de centros de datos de más rápido crecimiento en los Estados Unidos.

Investigadores de UC Riverside, estimaron el año pasado que la demanda de la IA podría provocar que estos centros utilicen entre 1.1 a 1.7 trillones de agua fresca para 2027. Una universidad de Holanda determinó que la electricidad utilizada por estos centros podría crecer del orden de 100 teravatios hora por año, aproximadamente tanto como el consumo anual total de Argentina o Suecia.

Es completamente absurdo justificar un modelo de negocio que no sólo se nutre de obras cuyos derechos no le pertenecen, para después quitarle trabajo a esos autores, sino que exige una cantidad de energía y agua obsenas. ¿Cómo podemos permitir estos excesos cuando en 2023, la temperatura global promedio fue de casi 15 grados centígrados ( .17 grados por encima del récord anterior), mientras que el calentamiento de los océanos del mundo también alcanzó un nuevo máximo histórico?

Este futuro artificial y malhecho, concebido a costa de (por supuesto) los derechos de actores culturales y artísticos sólo le conviene a los accionistas de estas empresas. Cuando el desastre climático y ecológico, al que nuestro país ha contruido con gusto, debería ser la principal prioridad en los gobiernos y empresas del mundo, con nuevos retos de salud y alimentarios por doquier, el capitalismo ha agregado más fricción a un mundo al borde del colapso.

Pero no se preocupen, nos iremos al diablo con Wall Street satisfecho por los rendimientos de los últimos trimestres.

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