El 2 de septiembre se entrega el premio que lleva su nombre. Conviene recordar por qué, en 1943, un empresario regiomontano se puso a fundar una universidad.
El 14 de julio de 1943, el director de la Cervecería Cuauhtémoc convocó en Monterrey a un grupo de empresarios y profesionistas para constituir una asociación civil con un objeto poco frecuente entre industriales: operar una institución de enseñanza superior. La llamaron Enseñanza e Investigación Superior, A.C. De esa reunión salió el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, que ese mismo año abrió sus puertas en una casa del centro de la ciudad, con 350 alumnos y un puñado de profesores.
El hombre que convocó esa reunión era Don Eugenio Garza Sada. Cuando le advirtieron que levantar un instituto inspirado en el MIT sería carísimo, respondió que lo sabía de sobra, y devolvió la pregunta: si no salía más caro que los jóvenes mexicanos no tuvieran opciones de calidad o tuvieran que irse a formar a otra parte. A los promotores del proyecto, que llevaban años discutiéndolo sin concretarlo, les dijo que había que hablar menos y hacer más.
Un ingeniero que leyó al país como un problema de capacidades
Don Eugenio Garza Sada nació en Monterrey el 11 de enero de 1892, cuarto de ocho hijos de Isaac Garza —cofundador de la Cervecería Cuauhtémoc— y Consuelo Sada. Hizo la preparatoria en Estados Unidos y se tituló como ingeniero civil en el Massachusetts Institute of Technology en 1914. Regresó a la empresa familiar y con los años llegó a presidir el grupo industrial que la administraba.
Ese itinerario explica buena parte de lo que vino después. Don Eugenio no llegó a la educación superior por la puerta de la filantropía, sino por la del diagnóstico industrial: la expansión de Monterrey requería ingenieros, técnicos y cuadros directivos que el país no estaba produciendo en la cantidad ni con la calidad necesarias. Su respuesta no fue un programa de becas ni un donativo. Fue construir la institución que faltaba y quedarse a operarla.
La distinción importa. Una beca resuelve el acceso de una persona; una institución modifica la oferta de un país. Garza Sada eligió lo segundo, que es más caro, más lento y más difícil de sostener. También es lo único que sobrevive a quien lo funda.
Treinta años, tres ausencias
Presidió el Consejo Directivo del Tecnológico desde 1943 hasta el día de su muerte. En tres décadas faltó tres veces a las reuniones, siempre por enfermedad; en esas ocasiones lo suplió su hijo, Eugenio Garza Lagüera, que años más tarde presidiría ese mismo consejo. El dato es anecdótico y a la vez no lo es: describe un modelo de involucramiento que hoy sería excepcional en cualquier órgano de gobierno universitario del país.
Don Eugenio Garza Sada fue asesinado el 17 de septiembre de 1973, en un intento fallido de secuestro. Tenía 81 años y seguía presidiendo el consejo.
El legado, puesto por escrito
En marzo de 2026, en el marco de sus 135 años, FEMSA presentó junto con Clio el libro Eugenio Garza Lagüera: Liderazgo con propósito, dedicado al hijo que continuó esa trayectoria. En la presentación, José Antonio Fernández Carbajal, presidente del Consejo de Administración de FEMSA, subrayó la congruencia entre pensamiento y acción y la apuesta por instituciones sólidas como rasgo distintivo de esa forma de dirigir.
Enrique Krauze, uno de los panelistas, agregó una lectura que ordena bien el conjunto: el legado de la familia no se entiende únicamente desde el ámbito empresarial, sino como parte de una tradición más amplia de liderazgo cívico en México. Para el sector universitario, esa tradición tiene un nombre concreto y una fecha: 1943.
El premio, treinta y tres años después
El Premio Eugenio Garza Sada fue instituido en 1993 por FEMSA y el Tecnológico de Monterrey para reconocer a quienes contribuyen al desarrollo del país elevando el nivel de vida de las comunidades. Desde entonces ha distinguido a 78 proyectos que, en conjunto, han beneficiado a más de nueve millones de personas en más de 24 estados, en temas de salud, educación y medio ambiente.
Se entrega en tres categorías: Liderazgo empresarial humanista, Emprendimiento social e Innovación social estudiantil. Para la edición 2026, la bolsa de estímulos aumentó a 4.5 millones de pesos. Las y los ganadores reciben además la escultura «Luz Interior», de Yvonne Domenge.
La categoría estudiantil es la que más dice sobre el presente. Reconoce proyectos de innovación social originados dentro de la universidad, es decir, la hipótesis de que una institución de educación superior no solo forma profesionistas: produce respuestas a problemas públicos. Es la misma hipótesis de 1943, con otro vocabulario.
Don Eugenio Garza Sada no fundó una universidad porque le sobrara dinero. La fundó porque calculó que el país no podía permitirse no tenerla. Ochenta y tres años después, la ceremonia del 2 de septiembre vuelve a poner sobre la mesa la pregunta que él dejó abierta: quién asume el costo de formar a la siguiente generación, y quién asume el de no hacerlo.
El Premio Eugenio Garza Sada 2026 se entregará el 2 de septiembre en el Centro de Congresos del Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey. FEMSA es Patrocinador Principal del Índice Campus de Gobernanza Universitaria 2026.