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Comer harina y azúcar se puede convertir en adicción debido a las bacterias del tracto intestinal: especialista en el Colegio Nacional

Con la participación de Max Aldana, del Instituto de Ciencias Físicas de la UNAM, y Armando Tovar, del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, El Colegio Nacional transmitió en vivo el 10 de marzo la mesa redonda Nuestro microbioma, evolución y salud, coordinada por el colegiado Alejandro Frank

“Cada uno de nosotros no somos individuos, somos un ecosistema complejo, porque estamos hechos por muchas partes que interactúan, y complicado, porque ha sido difícil estudiarnos”, con estas palabras inició su ponencia el físico Max Aldana al participar en la mesa redonda Nuestro microbioma, evolución y salud, coordinada por Alejandro Frank, miembro de El Colegio Nacional.

Aldana, quien es investigador del Instituto de Ciencias Físicas de la UNAM, impartió la conferencia Nuestro ecosistema interior: microbioma y heredabilidad, en la que se refirió México como el segundo país a nivel mundial con obesidad en adultos, después de Estados Unidos, y el primero con obesidad infantil. “Es un problema que a todos nos afecta, porque no se trata de una cuestión estética, ni de alimentarse sanamente, es causado por diversas razones.”

Agregó que México dedica 150 mil millones de pesos anuales para atender la obesidad y las consecuencias derivadas de ésta, como las enfermedades cardiacas, la diabetes o el proceso metabólico. Incluso, el gasto para tratar la obesidad y sus consecuencias en el país se triplicó en los últimos 20 años.

Para comprender este problema es necesario hacer uso del Índice de Masa Corporal (IMC), que se obtiene con el peso de una persona dividido entre su altura elevada al cuadrado. Por ejemplo, si una persona pesa 88 kilogramos y tiene una altura de 1.70 metros, su IMC será de 30.4. Un índice de masa corporal saludable se ubica en un promedio de 25. Un IMC mayor a 30 se considera obesidad, superior a 35 es obesidad tipo 2, de 40 a 45 se trata de obesidad tipo 3 y arriba de 50 es una obesidad mórbida con consecuencias graves para la salud.

“Las personas se consideran menos obesas de lo que son y creen que comen menos de lo que realmente están comiendo. Estos dos problemas juntos, que la gente percibe que ni está tan gorda y ni come tanto, es un círculo vicioso”. De acuerdo con el científico, el problema empieza en las calles, donde hay tiendas que en su mayoría venden harinas, azúcares y alcohol, comida que no ayuda a mantener una dieta saludable. Por otro lado, está el problema económico, para las personas es mucho más fácil comer harinas y azúcares en lugar de comer sanamente; y el problema psicológico, porque quienes tienen obesidad no se sienten a gusto con esa condición, hay marginación y tienen baja autoestima.

En palabras del especialista del Centro de Ciencias de la Complejidad (C3) de la UNAM, la pregunta es ¿por qué no dejas de comer? Y la respuesta es que los seres humanos son un ecosistema y comer harinas y azúcares se convierte en una adicción, como las adicciones a las drogas. “Lo que ocurre es somos un ecosistema lleno de bacterias en el estómago, y en la nariz y pulmones. Hay alrededor de veinte bacterias en el tracto intestinal que cuando están en contacto con los carbohidratos, harinas o azúcares, generan serotonina, la hormona de la felicidad. Por eso nos hace sentir bien.”

Agregó que estudios recientes demuestran que los hijos de madres obesas son obesos debido a las bacterias que la madre les transmitió durante su desarrollo. “Probablemente lo que está ocurriendo es que esta madre tiene bacterias dentro de su microbiota que benefician la obesidad (puede ser porque generan serotonina) y la transmite a su hijo, que tendrá una desventaja respecto a un niño con una composición bacteriana de una persona delgada. El niño desde su nacimiento trae una microbiota que no le ayuda a mantener un índice de masa corporal debajo de los estándares de personas no obesas.”

Desde el C3 se han publicado una serie de artículos en donde el equipo de investigación de Max Aldana analiza la microbiota y su papel en la evolución. “El reto es que si podemos cambiar la microbiota de una persona obesa a otra que le favorezca la no obesidad, el ahorro en recursos del sector salud sería de millones de pesos, pero más allá de la cuestión económica, también está la calidad de vida de las personas. Si nosotros pudiéramos contribuir a reducir el índice de masa corporal en un 2% o 5 % en el país, la calidad de vida sería mucho mayor.”

La interacción entre la microbiota intestinal y la dieta y sus consecuencias metabólicas
Al tomar la palabra, el doctor Armando Tovar, del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, impartió la conferencia La interacción entre la microbiota intestinal y la dieta y sus consecuencias metabólicas en la que describió a la microbiota como una comunidad microbiana que habita en un ambiente especifico.

Comentó que la taxonomía de las bacterias de la microbiota intestinal se han clasificado en grandes grupos denominados Phylum (Filos), que se dividen en clases, órdenes, familias, géneros y especies. Existen filos donde caben todas las bacterias que tienen los seres humanos en el intestino, hay en promedio entre mil 300 y mil 400 especies diferentes, que caben en los filos llamados bacteroidetes, verrucomicrobia, firmicutes, actinobacteria y proteobacteria. A mayor diversidad bacteriana, se tiene una microbiota más sana.

“La microbiota está asociada con el síndrome metabólico u obesidad. Estudios epidemiológicos han mostrado que hay microorganismos intestinales que se asocian con el riesgo de desarrollar sobrepeso en la edad adulta. Por ejemplo, se ha visto que el tratamiento con antibióticos, como penicilina, vancomicina o clorotetraciclina, durante los primeros seis meses puede causar obesidad en la edad adulta. También el nacimiento por cesárea está relacionado con una colonización alterada de esta microbiota intestinal y puede asociarse con el desarrollo de obesidad.”

En palabras del investigador, la obesidad es un proceso gradual y un estado crónico de inflamación, se define como el exceso de tejido adiposo en el cuerpo, tejido que se divide en blanco, pardo y beige y funciona como guardián de la reserva energética del cuerpo e interviene en el equilibrio metabólico. A través del desarrollo del síndrome metabólico, aparecen alteraciones como el incremento en los niveles de glucosa, triglicéridos e hipertensión en el organismo humano.

“Los factores que modifican la microbiota intestinal son los antibióticos, la forma de nacimiento, la cirugía bariátrica, los aditivos de los alimentos y, sobre todo, la dieta. Los hidratos de carbono, como edulcorantes naturales o artificiales, las grasas saturadas, monosaturadas o polisaturadas, o el tipo de proteína animal o vegetal, modificarán la microbiota intestinal.”

De acuerdo con investigaciones realizadas por el equipo de trabajo del doctor Armando Tovar en animales, se llegó a la conclusión de que con el consumo de proteína de soya se genera una mayor diversidad de la microbiota bacteriana intestinal, es decir se pueden generar cambios importantes en la microbiota intestinal sólo contemplando la diferencia en el consumo de proteínas. Lo anterior se debe, en parte, a que alimentos como la soya contienen compuestos bioactivos que generan beneficios para la salud, además de su valor nutrimental.
“Con el conocimiento de la microbiota intestinal, por medio del conocimiento de epigenética, nutrigenómica y metabolitos, se puede tener una respuesta fisiológica y dar recomendaciones dietéticas personalizadas.”

La mesa redonda Nuestro microbioma, evolución y salud se encuentra disponible en el Canal de YouTube de El colegio Nacional: elcolegionacionalmx.

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