A siete años del inicio de su construcción, el Tren Maya sigue siendo objeto de debate. Ahora con mayor intensidad, acerca de lo que siempre fue cuestionable: una ruta trazada que avanzó sin los estudios y autorizaciones correspondientes a las potenciales afectaciones del entorno ecológico y arqueológico. En fechas recientes, tal debate se ha actualizado y subido de tono. Hoy en día esto ocurre entre especialistas en esa ciencia o disciplina social, que es la arqueología, así como con el INAH, la entidad gubernamental que tiene como misión: “investigar, conservar, proteger y difundir el patrimonio arqueológico, antropológico, histórico y paleontológico de México”.
La reactivación de ese debate —que de lo académico se ha convertido ya en político— tiene su origen desde mediados del año pasado, cuando el Instituto anunció la apertura de los Parques de la Memoria (Baalam Tun y K’Awil), situados en Chetumal y Campeche. Ambos sitios, diseñados ex profeso y situados a la vera de instalaciones del Tren Maya, tienen como propósito principal fomentar el turismo y, secundariamente, exhibir partes o piezas de la riqueza arqueológica maya. Estas fueron extraídas de sus sitios originales y trasladadas a los nuevos espacios.
El anuncio revivió de inmediato la querella inicial. Los argumentos presentados por el INAH (Boletín 408, agosto 26) afirman que se trata de un “salvamento arqueológico”, así como que los Parques permiten “dar a conocer la arquitectura y aspectos de la vida de (los) antiguosprofeso asentamientos”. Buena parte de las primeras reacciones fueron multiplicándose en las redes sociales y tomaron cuerpo el pasado febrero, cuando se verificó una sesión del Seminario Patrimonio Cultural, Antropología, Historia y Legislación. Allí, dos reconocidos arqueólogos, Noemí Castillo Tejero (investigadora emérita del INAH) y Fernando Cortéz Brasfeder, denunciaron: “sitios arqueológicos en los tramos seis y siete del Tren Maya fueron desmontados, mutilados, separados de sus contextos originales y trasladados a otros sitios”. La acción consistió en que 47 monumentos originales fueron llevados para, según se dice, “decorar ambos parques”.
Lo anterior cobró enorme relieve cuando El Universal y Proceso, entre otros medios, dedicaron amplios espacios al tema. Así, el primero (en un reportaje-entrevista de C. Cabello, “Reconstrucción de edificios mayas por el INAH, una aberración nunca vista”, 11 de marzo) consignó la opinión de dos distinguidas arqueólogas: Noemí Castillo Tejero, ya mencionada, y Sara Ladrón de Guevara (quien ha sido directora del Museo de Antropología de Xalapa y miembro del Consejo de Arqueología del INAH). Entre los principales juicios que ambas exponen están los siguientes: a) no se cumple con las normas de arqueología vigentes en el país. Toda vez que el trabajo del INAH “no tiene una finalidad de investigación científica… sólo le quitaron las piedras (a los monumentos arquitectónicos) para ponerlas en otros lados…”; b) De lo argumentado se concluye: “Es la primera vez en la historia de la arqueología mexicana que el propio Instituto es el responsable de la destrucción de vestigios arqueológicos”.
Frente a lo anterior, al día siguiente, el INAH difundió una “tarjeta informativa”, de la cual El Universal publicó una versión sintética. En esta se sostiene que: “todos los trabajos vinculados con dichos espacios (Parques de la Memoria) han sido avalados por especialistas del Consejo de Arqueología de la dependencia, y se han realizado de acuerdo con la normatividad vigente”.
Conclusión
Como podrá observarse, se trata de posiciones divergentes sobre un mismo objeto de estudio, pero que tiene una inevitable envoltura política: una entidad del Poder Ejecutivo Federal es severamente cuestionada por los métodos y enfoques utilizados. Una de las funcionarias del INAH, explicando lo ya realizado, lo sintetiza al expresar que: “la creación de estos espacios… demuestra que nuestro proyecto de investigación no terminó con la operación de la obra ferroviaria. El visitante podrá corroborar que, sí pasó el tren, pero se preservó la cultura”. Posiblemente los opositores, a partir de la misma terminología, digan lacónicamente que: “a los monumentos trasladados se los llevó el tren”. ¿Verdad o falsedad?
Finalmente, lo que parece ser un aspecto positivo: se ha anunciado para el martes 17 de este mes un foro en el Museo Nacional de Antropología que contará con la participación de autoridades y miembros del propio INAH (entre ellos, el anterior director del Instituto y el responsable del proyecto), así como varios ponentes que, al respecto, tienen un punto de vista crítico (escribo esto en la mañana misma del martes, sin tener noticias confirmadas de la celebración de este foro).

Carlos Pallán Figueroa
Ex rector de la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Azcapotzalco), Ex secretario General Ejecutivo de la Anuies.
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