La Piedra del sol es una de las esculturas más interesantes de la cosmogonía y teogonía de las civilizaciones y de los pueblos en la historia
Labrada en piedra la primera aurora
astros a la luz entre las nebulosas
la noche como esposa del día
tiempo que se petrifica
símbolo y memoria
alrededor del sol se explica el cosmos
los milenios en basalto fueron pulidos
la creación tallada sobre una laja
sangre y sacrificio todavía aguarda
Axayácatl, de piedra de toque a piedra de tropiezo
Cuando llegaron los españoles a Tenochtitlán, Moctezuma, los hospedó en la casa de su difunto padre, el emperador Axayácatl, ese palacete de entonces es hoy lo que conocemos como Palacio Nacional.
El monolito que quisieron enterrar y venció al olvido, hoy lo conocemos como Piedra de Sol; fue hecho por mandato de Axayácatl como piedra de sacrificio en 1479 y estrenada en 1481, pretendía usarse por vez primera con la sangre de los tarascos en Michoacán, pero de esa empresa, el ejército mexica regresó destrozado. De los dos mil guerreros que fueron, casi los dos mil murieron.
Cuando Axayácatl, pudo inaugurarla con 700 prisioneros de Tliliuhquitepec, cuenta Alfredo Chavero que, el tlatoani mexica realizó tantos sacrificios que cayó enfermo y poco tiempo después, murió.
Esa es la historia de nuestro personaje de hoy: la Piedra del sol, la cual, es una de las esculturas más interesantes de la cosmogonía y teogonía de las civilizaciones y de los pueblos a lo largo del devenir de la Tierra. Narra, según veremos con Chavero, la primera aurora del mundo.
“Cipactli”, la luz: los dioses y los astros
No eran falsos dioses, eran símbolos míticos que representaban movimientos estelares. Cada dios, en minúscula, representa un astro; sus pugnas, los movimientos astronómicos. Porqué su Dios, como hemos dicho, era Uno: Tloque Nahuaque.
Una de las fuentes de donde abrevó Alfredo Chavero para rehacer la historia de la Piedra del sol, fue de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl -heredero de la nobleza texcocana-, y qué nos dice Ixtlilxóchitl:
«Los Tultecas alcanzaron y supieron la Creación del Mundo y cómo el Tloque Nahuaque lo creó, y las demás cosas que hay en él, como son planetas, montes, animales, etc.; asimismo supieron cómo creó Dios al hombre y una mujer de donde los hombres descendieron y se multiplicaron, y sobre esto añaden muchas fábulas».
Uno de los principales atributos del Creador aparece en la Piedra del Sol, si nos concentramos del centro hacia afuera, en el segundo círculo de este monolito, justo en su meridiano, encontramos un triángulo, un aspa dicen unos, una flecha dicen otros; esa figura es “Cipactli”: la primera creación, la primera aurora, la primera espada de luz que dio color al mundo.
Él dijo, hágase la luz y se hizo. “‘Cipactli’ era el atributo del Creador”; permítaseme aquí una digresión, Alfredo Chavero, de donde abrevamos, hace 150 años reflexionaba el legado de medio milenio atrás, así, de lectura en lectura se ha ido construyendo nuestra historia, nuestra identidad, nuestro ser histórico en el cual, todas y todos estamos implícitos.
Chavero, heredero de una prosa castellana espléndida, nos pregunta y nos explica:
“¿qué es, pues, ese sublime mito que distingue al Hacedor, y es lo primero que brota de la nada?”
“Es la luz, el sol considerado como luz, es el primer día de la creación, los primeros rayos que atravesando las espesas nubes que rodeaban la tierra naciente, cayeron sobre los mares que comenzaban a extender en calma sus azuladas ondas”. […]
Con su inspirada imaginación poética, Chavero sigue prosando lo que significa este símbolo de la Piedra y dice:
“La luz, formando el tul del cielo, dejando ver por vez primera las aguas de los mares y los bosques de la tierra, y en sus sublimes vibraciones haciendo sonar el nombre del Creador, luz, mientras el primer sol, saliendo del seno de la primera aurora, daba el primer instante de vida a nuestra pobre tierra! -Ese poema es «Cipactli.»
Mixcoac
Aunque diga que durmió sueños de piedra que no sueña, o que al final de la pena escuchó cantar su sangre encarcelada con un rumor de luz mientras el mar cantaba, en la retahíla de imágenes disociadas, Paz creció en Mixcoac y Mixcoac, también se encuentra en nuestra piedra, dijera Chavero.
Al interior del segundo círculo del cual hablábamos -nótese que sólo hemos visto dos imágenes de ese majestuoso monumento que es ese basalto, gloria de la Historia- en ambos costados del rostro del sol, a forma de manos, sobresalen dos serpientes, es Mixcoac, las dos nubes serpentinas apreciadas sobre los hemisferios del cielo.
“Nosotros, después de muchos siglos, hemos llegado a saber que somos parte de la vía láctea, y que las estrellas nacen, por decirlo así, de las nebulosas: para los nahuas, desde entonces, la ‘Mixcóatl’ había creado los astros. Los dos brazos de la piedra son también representación de la ‘Mixcóatl’, y sus cuerpos se ven tachonados de estrellas”. Este es nuestro legado y nuestro asombro.

Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas
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