El conocimiento no se convierte automáticamente en sabiduría, es la filosofía la que brinda a los hechos perspectiva y valor
Conviene tener presente que el conocimiento no se traduce automáticamente en sabiduría. La ciencia aporta conocimiento, pero sólo la filosofía comporta la sabiduría. La ciencia nos enseña a curar y nos enseña a matar: reduce la tasa de mortalidad al menudeo y luego nos mata al mayoreo en una guerra, pero solo la sabiduría —el deseo coordinado a la luz de la experiencia— nos indica cuándo curar y cuándo matar. La ciencia sin filosofía, los hechos sin perspectiva y valoración, sólo nos deparan futilidad.
La filosofía tiene cinco componentes integrales: la lógica, la ética, la estética, la política y la metafísica. La lógica es el estudio del método ideal en el pensamiento y la investigación: la observación y la introspección, la deducción y la inducción, la hipótesis y el experimento, análisis y síntesis como formas de la actividad humana que la lógica trata de entender y guiar.
La estética es el estudio de la forma ideal, o la belleza, es la filosofía del arte. La ética es el estudio de la conducta ideal. Según Sócrates, el conocimiento más alto es el del bien y del mal, el conocimiento de la sabiduría de la vida. La política es el estudio de la organización social ideal (y no, como creen algunos, el arte y la ciencia de conseguir y aferrarse a un cargo público); monarquía, aristocracia, democracia, socialismo, anarquismo, incluso feminismo, conforman el elenco de la filosofía política.
Finalmente, la metafísica, que cuesta trabajo entender porque no es, a diferencia de las anteriores, el intento de comprender lo real a la luz de lo ideal; es el estudio de la “realidad última” de las cosas, de la naturaleza real y final de la materia (ontología); de la mente (psicología filosófica), y de la interacción de mente y materia en los procesos de percepción y conocimiento (epistemología).
Tales son los componentes de la filosofía que, por separado, no alcanzan su belleza y su disfrute. La buscamos no en la abstracción desmembrada de la formalidad, sino cobijada en el salón del genio. Mas no perseguimos la filosofía, sino a los filósofos para departir con los santos y los mártires del pensamiento, logrando así captar su espíritu radiante y así alcanzar, en alguna medida, el pensamiento de Leonardo da Vinci, “el placer más noble, el prodigio del entendimiento”.
Los anteriores conceptos del insigne historiador y filósofo Will Durant, dan pie a este acontista para agradecer sinceramente la amable invitación del Suplemento Campus de MILENIO —en particular a Vanessa Medina— a participar en este esfuerzo loable y de alto contenido académico y, no menos importante, recordar con enorme cariño y admiración y honrar la memoria del ilustre Jorge Medina Viedas, maestro y amigo inolvidable. En buena hora.
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