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Innecesaria toma de protesta presencial en la UAGro, próximos candidatos a rector en la UAM y más

Movimiento innecesario.  El pasado martes, José Alfredo Romero Olea tomó protesta como rector interino de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro) por el periodo del 6 de abril al 27 de septiembre del 2021. Un proceso a todas luces innecesario debido a la contingencia sanitaria. Cierto que el rectorado de Javier Saldaña Almazán había concluido hace unos meses, pero no había sido de manera intencionado ni mucho menos. Bien se pudo aguantar un tiempo más la elección, pero los intereses políticos que privan en la UAGro desde hace muchos años pudieron más que la mesura y la paciencia. Romero Olea, quien era secretario general de la actual administración universitaria, tiene a su cargo ahora organizar otro proceso de sucesión, con campañas y eventos de por medio, para que a finales de septiembre se elija al rector que deberá ocupar el cargo de manera oficial.

Señales en la UAM.  A unos meses de concluir el rectorado general de Alfredo Peñalosa Castro en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), los tiempos se mueven de manera lógica y dentro de poco comenzarán a figurar los rostros y los perfiles de quienes pueden y aspiran a dirigir esta casa de estudios dentro de los próximos años. Por lo pronto, El Consejo Académico de la Unidad Cuajimalpa publicó la convocatoria para participar en el proceso de elección de rector de este plantel. Rodolfo René Suárez Molnar, actual rector de esta unidad, termina su periodo en junio próximo y, como ocurre en estos casos, tiene vía libre para entrar de lleno en la disputa. Veremos si así lo decide y si algunos otros rectores de unidad se suman a esta aspiración. El camino aun es largo y con mucha historia por contar. Lo importante es que la UAM concrete un proceso sucesorio dentro del marco de su legislación. Sin sorpresas ni injerencias.

Muy bien ganado.  A pesar de campañas mediáticas, sustentadas en investigaciones que han sido rebatidas, y a pesar de ciertos personajes que no le han dado la importancia que se debe a encabezar o pertenecer a una institución de educación superior, las universidades públicas del país gozan de credibilidad entre los ciudadanos y eso, sin duda, debe ser un soporte que las impulse a alzar la voz frente a cualquier actor o escenario que ponga en riesgo su viabilidad. La Encuesta Nacional de Cultura Cívica 2020, presentada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y el Instituto Nacional Electoral (INE), hace algunos días, las pone en una situación inmejorable y habla del trabajo que han venido desempeñando en medio de muchas limitaciones. Cierto que hay casos lamentables, pero cuestionar al grueso, y usar estas excepciones para justificar el desinterés que hay hacia la educación superior es muy distinto.

A cuidar la imagen.  No es nada despreciable que 70 por ciento de las personas de 15 años y más confíen en las universidades públicas del país. Contrario a lo que en ocasiones quieren vender algunos políticos y funcionarios en sus discursos, las instituciones públicas de educación superior tienen una tarea fundamental en la formación de miles de jóvenes. Y mucho tiene que ver esa transparencia y rendición de cuentas que han fomentado en los últimos años. Los recursos que se les asignan tienen muchos filtros para su ejercicio adecuado. Ahora no queda para las universidades públicas del país más que trabajar en esa línea para que esa percepción sea todavía más evidente. Porque la sociedad, en estos escenarios tan frágiles que hay en la actualidad, pueden ser el fiel de la balanza y el aliado más confiable y sólido que puedan tener. Así que, con esas cifras, las instituciones tienen también una responsabilidad muy fuerte para no permitir que esos casos aislados que suelen presentarse, se extiendan de manera peligrosa en detrimento de esa credibilidad forjada a lo largo de varios años.

A redoblar esfuerzos. En suma, como lo planteó recientemente el rector de la Universidad Autonóma de Sinaloa (UAS), es muy agradable recibir esta noticia de que “la universidad se mantiene como un bastión muy confiable para la sociedad mexicana por las causas que conocemos de recibir a su hijos, de educarlos, proporcionarles la mayor cantidad de condiciones para que tengan una educación de calidad y algo incuestionable: por el compromiso y empatía social de las universidades con las causas más apremiantes de la sociedad”.  Eso demuestra hacia dónde debe apuntar siempre la educación superior del país. El rector de la UAS lo tiene muy en claro y a esa voz deben sumarse el resto de los actores que tienen en este sector educativo su prioridad.

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