La Anuies entrega estados financieros a la Cámara de Diputados, nuevo director general del Copaes y lo último del panorama de la educación superior nacional
Alejadas del escenario. Las universidades públicas del país han sido garantes de la diversidad y la pluralidad de ideas que siempre las han arropado. En sus aulas, en sus pasillos, en los auditorios y demás foros donde confluyen quienes conforman sus comunidades, se han construido espacios, en los que la discusión y el diálogo son ejercicios muy privilegiados. Cobijadas por una autonomía que les ha permitido sortear embates e intentos por incidir en sus decisiones, las instituciones de educación superior del país han estado por encima de posiciones ideológicas y políticas que pretenden convertirse en pensamiento único o representativo de todas las ideas y posturas que ahí se forman y conviven.
Libres de filias. Por ello, resulta muy complicado mantenerse en esa línea, cuando las propias autoridades universitarias, de manera abierta y sin contemplaciones, aparecen y figuran tan cercanos a una expresión política, sea cual sea su color y emblema. Porque los rectores y demás directivos están ahí, al frente de esas universidades, para velar por la variedad de pensamiento que dan forma y vida a las universidades públicas. Y aunque en lo personal tengan simpatías o cercanía con alguno de los actores políticos, no deben perder nunca de vista que son ellos la cabeza de una institución que no puede definirse ni asumirse a favor de una expresión política.
Sana separación. Alinearse a una figura del sector político entraña muchas complicaciones y cuestionamientos que habría que desentrañar de manera acuciosa. Pensar en participar, como institución o parte de un grupo perteneciente a la misma, en la construcción de una plataforma política o plan de gobierno, le resta mucha fuerza a la unidad, la entereza y el tesón con el que las universidades públicas han enfrentado y propuesto alternativas y estrategias para resolver asuntos coyunturales, como el financiamiento, el respeto irrestricto a la autonomía, la cobertura, la calidad y la internacionalización de la educación superior.
Esfuerzo conjunto. Baste tan solo un ejemplo de este actuar en bloque, para tener mayor impacto y trascendencia. La reciente entrega de estados financieros a la Cámara de Diputados por parte de la Asociación Nacional de Universidades e instituciones de Educación Superior (Anuies) es una muestra de cómo deben avanzar y caminar las casas de estudio en asuntos fundamentales para su desarrollo. O los documentos que se han construido, a lo largo de varios años, para ser entregados, en otros sexenios, a quienes aspiran a la presidencia del país. Una visión integral, construido en el seno de este organismo, y que permite tener una visión más amplia de los problemas que aquejan a la educación superior. Más allá de participaciones aisladas.
Pies de plomo. Por eso se debe tener mucho cuidado en el papel que deben jugar las universidades públicas del país el año próximo. Con toda seguridad abrirán sus puertas a escuchar las propuestas emanadas de la clase política y será un diálogo incluyente, enfático, pero respaldado por esa variedad de ideas. Será un esfuerzo al unísono de quienes conforman la Anuies, y no de expresiones individuales que comprometen a toda una institución, con una causa y un objetivo con el que no comulga toda su comunidad.
Segundo periodo. A unos días de haber sido ratificado como director general del Consejo para la Acreditación de la Educación Superior A.C. (Copaes), Alejandro Miranda Ayala trabaja de lleno en lo que es su segunda gestión al frente de este organismo. Apenas recibió la confianza de seguir en el cargo, continuó con su bregar por las instituciones de educación superior del país. En la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH), participó en el Primer Foro de Pares Evaluadores. Ahí habló de la importancia del Sistema Nacional de Evaluación y Acreditación bajo un modelo enfocado en la inclusión, la equidad y la responsabilidad social universitaria. Una estrategia que fortalecerá en este nuevo periodo como director general del organismo.
Con lupa. En los próximos días se define el futuro de la Universidad Autónoma de Occidente (UAdeO). La sucesión rectoral en esta casa de estudios pasa por la venia de las autoridades locales, las mismas que han insistido en debilitar a la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS). Ahora buscan aquí colocar a una persona afín que los fortalezca. Una alternativa más de incidir en las decisiones educativas, mientras la UAS resiste y se niega a claudicar. Entre los nombres que aparecen en la lista para suceder a la actual rectora, Sylvia Paz Díaz Camacho, hay académicos y críticos que, seguramente, no son vistos con buenos ojos como Gonzalo Armienta Hernández y Jaime Martuscelli Quintana. La apuesta del gobierno local apunta a una persona más apegada a sus decisiones.

Carlos Reyes
Columna Campus: Regla de Tres