El punto histórico en el que se encuentra México actualmente requiere un llamado a la acción
La vida de mi esposa y la mía no podrían ser más distintas. Son las 12 de la noche y ella se prepara para dormir porque tiene que estar a la 7:30 de la mañana a responder a los mercados. Yo me alisto para cerrar una edición y revisar el material que saldrá en televisión en unas horas. Su vida gira alrededor de los números. La mía, alrededor de las palabras. Y en ese momento, justo antes de decirnos buenas noches, nos abrazamos, buscando un consuelo que no encontraremos en el abrazo.
Sabemos que el mundo ha cambiado para siempre. Y seguimos sin saber por qué.
Es hora de dejar a un lado los memes, las bromas, «el humor mexicano». Son una distracción, una vieja teoría. Es hora de poner atención: el mundo se nos está yendo de las manos. No es una exageración o una hipérbole y debo recurrir aquí a los dos puntos: el mundo, literalmente, se nos está yendo de las manos.
Siento, por primera vez desde que nací, una desesperanza insoportable. Unas ganas de llorar irreconciliables. Como si el mundo que se nos ha prometido, hubiera sido cancelado. “Lo siento, demasiado tarde, ya vendimos el último boleto”.
Desde que tengo conciencia (sea lo que eso sea), el mundo está conectado por todos lados. Todos dependemos de todos. Las fronteras son un concepto.
Pero necesito entender qué representa mi país, o al menos mi idea de país, en el gran concepto de las cosas: ¿Por qué diablos estamos en el hoyo? ¿Por qué nuestra sociedad está más atenta a nuestros políticos que a nuestras propias acciones? ¿Cuándo dejamos que los partidos políticos nos separaran? ¿Por qué los jóvenes no nos hemos unido alrededor de una causa? ¿Por qué los americanistas tienen siempre tan mal gusto? Ya saben, los grandes dilemas de lo que significa ser mexicano.
Este libro, panfleto o reflexión, busca ser una respuesta a mis dudas, mis inquietudes. No pretendo, de ninguna manera, que sea más que eso: las respuestas a una persona curiosa, harta de esperar a que las cosas cambien y ansiosa por tener un camino claro sobre el futuro de mi patria. Para ello, pretendo usar mi experiencia particular como una persona relativamente educada (estudié en la Ibero, no me juzguen), genuinamente nacionalista, ingenuo en ocasiones, pero más que nada, interesado. Profundamente interesado.
Quiero entender. Ahí yace mi interés. Hay demasiado en juego como para no hacer nada. Se trata del punto de no retorno. Y me explico.
Tras estudiar la carrera de Comunicación en la Ibero, después de un año y medio en la carrera de Literatura Latinoamericana, me especialicé en guionismo por la Universidad de California, Los Ángeles. Ya había escrito tres largometrajes en español que, como siempre digo, “están en proceso de pre producción”. Pero quería generarme la disciplina y proceso que aplica un guionista bajo el sistema de estudios de cine.
Ahí, entendí perfectamente el esqueleto hollywoodense para crear un guión. Los plot points, estructura, etc. Y según los profesores, todo esto puede variar, pero primero hay que entender esta “fórmula”. En todo ello, el concepto que más me gustó para definir el mid-point, o punto medio de la película, es el punto de no retorno: cuando el protagonista de la historia cambia de pasivo a activo. Cuando tiene exactamente lo que quiere pero no se ha dado cuenta. Y creo que esa analogía es perfecta para describir el punto en el que se encuentra México: el punto de no retorno.
¿Qué somos, un drama o una tragedia? ¿Personaje principal o secundario? ¿Una moraleja o qué diablos? Creo que se trata el momento en que mi generación debe tomar las riendas de su historia: definir de una vez qué representamos y luchar por ello. Salir a las calles. Gritarlo hasta que sea consigna.
Aquí estamos. En el punto de no retorno. Hora de empezar.

Salvador Medina
Director Editorial Guionista, director y productor con más de 15 años en la industria audiovisual. Productor de Campus TV (Milenio Televisión) por más de una década. Maestría en Guionismo (UCLA). Especialista en storytelling educativo y contenido de alto impacto.
Columna Campus: El Hablador
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