La ciudad de Nueva York fue testigo de los últimos grandes movimientos artísticos del siglo pasado: el Pop Art y el arte urbano (neoexpresionismo-grafiti) tuvieron a esa metrópoli estadunidense no solo como sede, sino como protagonista de los movimientos, al emplear las fachadas de los edificios como lienzos o convertir las viejas fábricas en centros artísticos y galerías de arte.
Sin embargo, esas mismas expresiones artísticas contribuyeron a una de las últimas olas de gentrificación que se tenga referencia en el norte global. De hecho, a principios de la década de 1980 se acuñó el término artist-led gentrification, es decir, gentrificación liderada por artistas, donde las viejas fábricas de los barrios marginales neoyorquinos fueron convertidas en galerías independientes, salas de concierto, clubes nocturnos o lofts habitacionales.
Cuatro décadas después, el fenómeno pasó de barrios de Nueva York a centros urbanos del sur global, pero ahora, quienes lideran ese proceso son los llamados nómadas digitales, incentivados por el trabajo remoto que trajo consigo la pandemia por covid-19, según relata el artículo científico Covid-19, nómadas digitales y la sexta ola de gentrificación, publicado en la Revista Latinoamericana de Estudios Urbano Regionales.
Ugo Gómez Oliván y Miguel Ángel Munguía Rosas, estudiante e investigador del Departamento de Ecología Humana del Cinvestav Mérida, fueron los principales autores del estudio, y señalan que si bien la gentrificación es un término que se ha vuelto común en los últimos años, su origen se remonta a mediados del siglo pasado, cuando en Reino Unido se dio lo que llaman la primera ola de gentrificación, caracterizada por la combinación de la desindustrialización de la capital inglesa y el incremento de la clase media profesional que adquirió vivienda en malas condiciones de los barrios obreros céntricos para su remodelación.
Tal como sucede actualmente en ciudades de México y América Latina, este fenómeno social no solo consistía en la adquisición de vivienda, sino se acompaña de una modificación en la estructura urbana para acomodarla a los gustos de las y los nuevos habitantes y, con ello, cambiar gradualmente la morfología urbana.
“Cuando hablamos de gentrificación, no solo es que lleguen nuevas personas a un vecindario, sino que hay un proceso de expulsión de las y los residentes originales o bien de retracción de sus costumbres, lo que hace que la gente se quede encerrada en sus casas y quedan marginados de la dinámica social. De modo que el desplazamiento no solo es físico”, explicó Ugo Gómez Oliván.
De acuerdo con el grupo de investigación de Cinvestav Mérida, actualmente Latinoamérica es una de las regiones más afectadas de la sexta ola mundial de gentrificación, y a diferencia de las previas, la actual ola tiene como principal componente el uso de las tecnologías de información y aplicaciones móviles, ya que en estos momentos el desplazamiento y la transformación urbana ocurre sin la necesidad de que nuevas personas entren a vivir a los barrios, sino solo son visitantes por temporadas.
El ejemplo más notable son las aplicaciones de renta de espacios por breves temporadas, que hacen atractivo un barrio para invertir en él sin necesariamente vivir allí, pero esa dinámica hace que el costo de vida se incremente en esas zonas.
Para Miguel Ángel Munguía Rosas, lo que terminó por impulsar la sexta ola de gentrificación fue la pandemia por covid 19, ya que el trabajo remoto incentivó el crecimiento de nómadas digitales, por un lado, y por otro, muchas personas con inmuebles que vieron reducidos sus ingresos encontraron en las rentas por aplicación una forma de incrementar o recuperar sus devengos.
De acuerdo con los autores de la investigación, no existe una fórmula concreta para controlar la gentrificación, por lo que cada nivel de gobierno es responsable de tomar ciertas medidas a fin de evitar el desplazamiento de las personas. Un ejemplo de ello es identificar exactamente dónde está ocurriendo el fenómeno, porque no solo sucede en las zonas céntricas de las ciudades o pueblos mágicos, también ocurre en barrios de la periferia.
“A partir de ello es fundamental regular los espacios de renta por plataformas digitales, pues existen algunos que operan sin licencia, además se debe poner atención en zonas donde se incrementen las solicitudes de licencias para modificación de vivienda, ya que esa es una forma de identificar en qué barrios se está incrementando la gentrificación, entre otras acciones, pero lo más importante es que exista una voluntad política para contener el fenómeno”, refirió Ugo Gómez Oliván.