La universidad y la guerra II

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Es deber de las casas de estudio no quedarse en silencio y enfrentar el reto de construir la paz en el escenario actual

En el año 2003 escribí dos textos en Campus: uno sobre “la universidad y la guerra” (num.206) y otro sobre “la ética y la guerra” (216) con motivo de la invasión a Irak. En el primero hice alusión al libro de C.W. Mills, “Las causas de la 3ª Guerra Mundial” (1969). En este libro, el famoso sociólogo pide que se reflexione sobre la guerra porque ello significa hacerlo sobre la condición humana. “El clima de guerra impregna todos los ámbitos de la vida social y personal”. Los preparativos para la guerra se vuelven, desde entonces, factores de amenaza para definir el orden mundial. “En consonancia con estas definiciones, las élites que están en el poder (políticos, empresarios y militares) deciden y dejan de decidir. Establecen las causas de la guerra como necesarias y su advenimiento como realismo. Fatalmente el público y las masas las aceptan”. El imaginario es conformado por la maquinaria comunicativa. La palabra crea subjetividades sobre las causas y los motivos que justifican o condenan la guerra.

Estamos casi agotados por la pandemia y hoy, como si algo faltara, Rusia ataca a Ucrania con su ejército y sus armas. Además de los muertos inocentes, hay amenazas claras de que puede desatarse una conflagración mundial con armas nucleares.

En la Universidad de Princeton hicieron un modelo hipotético en el que estiman que sí se declara una guerra nuclear entre Rusia, Estados Unidos y la OTAN, en unas cuántas horas habría cerca de 90 millones de personas muertas y heridas. Después del primer misil, la escalada de la guerra sería inevitable.

Por lo pronto, el gobierno ruso ha atacado y bombardeado Ucrania bajo el concepto de “guerra justa” (Hard y Negri, 2000), basado en la idea de amenaza a la integridad territorial. Rusia no acepta que en sus fronteras se instalen misiles, y otros instrumentos de guerra, de parte de los países afiliados a la OTAN. Lo cuál sería posible sí Ucrania, como es su intención, se vincula a la Unión Europea.

El conflicto ocurre en una región del mundo donde se han vivido tensiones políticas y militares desde hace tiempo. Pero, desde luego, de ahí salen repercusiones que afectan a otros actores y a las sociedades nacionales a escala global.

Y también a las universidades. He leído y escuchado que a las universidades ucranianas asisten estudiantes extranjeros de distintas partes del mundo, que han ido a ese país a estudiar la licenciatura o el posgrado, porque las universidades son buenas y resultan más asequibles a sus recursos económicos. Ahora, han tenido que huir de la guerra, sin dinero y sin documentos probatorios de sus estudios. ¿Cómo volver a casa?

En otras instituciones universitarias se discute sobre las causas y consecuencias de esta guerra, que les parece absurda, por lo cual se movilizan estudiantes y docentes en favor de la paz, para que este tipo de acciones militares no vuelvan a ocurrir, marchan en pro de la democracia y el respeto a los derechos humanos. Piensan que se debe enseñar y sostener la cultura en contra de la violencia de todo tipo. La universidad comprometida socialmente debe impulsar la actividad científica, la investigación, desde un conjunto disciplinario lo más amplio posible, que apoye la idea de construir relaciones sociales de solidaridad, de bienestar y de cuidado a la naturaleza.

Es oportuno que en las universidades públicas se generen núcleos de discusión que le den seguimiento y debatan sobre la guerra y sus consecuencias a nivel global y local; porque seguramente habrá que enfrentar problemas de abastecimiento de alimentos y de energía, de volatilidad financiera y de los mercados accionarios.

Pero también, hay que dialogar sobre cómo enfrentar la incertidumbre creada a nivel mundial por la escasez de todo tipo de productos y, virtualmente, por un posible choque de culturas entre civilización y barbarie. Esta guerra debe ser analizada para que ocurran acciones que impidan generalizarla, que favorezcan su fin inmediato, en espera de que no se repita ninguna guerra.

El reto es mayúsculo: construir la paz en un escenario de guerra, como la provocada por Rusia, y por la falta de diálogo entre las grandes potencias para llegar a acuerdos y establecer alianzas de seguridad entre ellas. Acuerdos que incluyan la búsqueda de una distribución de la riqueza más justa, que permita crecer a las naciones menos desarrolladas, según objetivos globales de desarrollo que sean justos. Tomará tiempo y esfuerzo, pero hay que empujar hacia allá.

La salida de esta guerra debería fundarse en un arreglo geopolítico con un nuevo orden mundial que permita disminuir la pobreza y eliminar todo tipo de violencia. Por lo pronto, es fundamental que las universidades no se mantengan en silencio. Que inviten a la ciudadanía y a los universitarios de México y América Latina a que se expresen contra la guerra.

Acerca del autor
Humberto Muñoz García
Programa Universitario de Estudios sobre la Educación Superior | recillas@unam.mx

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