A propósito del Día Nacional del Libro vale lapena recordar a este hermeneuta precursor de la Independencia de México
La “realidad textual”, tal como lo plantea el filosofo francés Derrida, siempre es hermenéutica: la realidad, está subordinada a una interpretación de significados que entendemos a través del lenguaje. En “dos palabras”: la realidad se lee y, al leerse, se interpreta.
“El mundo es lo que acontece”; “los límites del mundo son los límites del lenguaje”, dice Wittgenstein. Todo esto viene a cuento porque acabamos de pasar el Día Nacional del Libro el pasado 12 de noviembre.
En entregas anteriores hemos hablado como este día se institucionalizó en 1979 y se celebró por primera vez el año siguiente, con el propósito de fomentar la lectura, la industria editorial, respaldar a los intelectuales del régimen y sí, subrayar el aniversario natalicio de la “décima musa”, la “Fénix americana” Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695).
No obstante, este año, hilaremos otra perspectiva sobre esta efeméride muy mexicana. Nos aventuraremos sobre el ser histórico del acto de leer. Sabemos que, la lectura en silencio es algo relativamente reciente, todavía en la Reforma y a inicios de la Revolución, era costumbre leer en voz alta y, participar colectivamente de la lectura.
En México, la lectura propició los dos eventos sociales antes referidos, la Independencia y la Revolución. En esta entrega, nos enfocaremos en la Independencia, en particular, en la lectura del dominico, fray Servando Teresa de Mier.
Sabemos que a fray Servando se le considera precursor de la Independencia de México, pero ¿por qué? Lo decimos sin cortapisas y, después nos explicamos. El fraile dominico consideraba que, estas tierras ya eran cristianas, antes de la llegada de los españoles.
De acuerdo con el INEHRM, un 12 de noviembre de 1794, se le invitó a fray Servando a proclamar un discurso para el mes siguiente, a propósito del día de la guadalupana. Hermes ya había pasado por el mundo, pero la hermenéutica de Heidegger, aún estaba a años de consolidarse. Hermenéutica, viene de Hermes, “el mensajero”, el enlazador de mundos o dimensiones (esta figura está presente en la cultura maya, es el Chac mool).
Bueno, fray Servando hizo hermenéutica, una lectura, una interpretación del mundo, tal como decíamos en nuestras líneas iniciales. Cuando fray Servando pronunció su discurso, aquel 12 de diciembre de 1794, aventuró tres hipótesis grandilocuentes, tanto que, lo llevaron a la cárcel y al exilio.
¿Qué dijo? 1) Quetzalcóatl, fue un apóstol cristiano, él lo identificó con el apóstol Santo Tomás; 2) Tonantzin es la Virgen de Guadalupe, por lo tanto, conocida por los nativos de estas tierras desde antes de Juan Diego y; 3) los habitantes del Anáhuac, luego entonces, ya eran cristianos.
Lo anterior, tiene relevancia si uno lee, la bula Inter cetera, estas bulas, sólo las puede emitir un Papa y, a la que nos referimos, consideraba una cláusula que planteaba la imposibilidad de conquistar tierras cuyo monarca fuera cristiano.
La conquista tenía el fin superior de evangelizar y, no se puede evangelizar lo ya evangelizado; ese trabajo -según fray Servando- lo hizo Quetzalcóatl. Quitarle, de un plumazo, el derecho de conquistar América a la Corona española fue lo que le granjeó el exilio.
Dos textos fueron fundamentales para que fray Servando llegara a esas hipótesis, y esa fue la lectura -sin comillas- de: 1) La bula Inter cetera; y 2) el Nican Mopohua.
Como hemos dicho, el primero, alude al derecho de los reyes católicos de España, para evangelizar los territorios que no conocían, por ende, gobernarlos; siempre y cuando no fueran de hecho poseídas por otro Rey o Príncipe cristiano.
Esta “lectura” de Teresa de Mier, encendió, desde el cristianismo, la llama emancipadora. Además de estas lecturas, la memoria de las piedras para fray Servando, era clara. ¿Han visto las tumbas cuneiformes zapotecas? Son una cruz.
En Quetzalcóatl, también encontramos una cruz, pero es una cruz de cultivo, de multicultivo. Quienes nos anteceden, sembraban en cruz. A partir del apogeo Tolteca, gracias a Quetzalcóatl, se sembró en cruz: maíz, frijol, calabaza y xitomate (lo escribo con “x” porque en ese “xi” está el centro de la palabra Mé-xi-co, en náhuatl, claro; jitomate, de hecho, es una palabra náhuatl).
Fray Servando, entonces en su sermón, dijo:
“Mil setecientos cincuenta años antes del presente la imagen de nuestra Señora de Guadalupe ya era muy célebre, y adorada por los indios, ya cristianos en la cima plana de esta sierra de Tenayuca dónde la erigió el templo y colocó Santo Tomás»
Cuando los españoles llegaron al Anáhuac, dicen que Cholula, era la Torre de Babel; Roma, decían otros. En Tenochtitlán -ciudad gemela de Tlatelolco- era donde se administraba toda esa grandeza, por ser el imperio en turno, ahí se guardaban todos los tesoros, fue lo que les susurraron los tlaxcaltecas a los conquistadores.
Quizá los tlaxcaltecas también querían adorar en Cholula, pero, estaban a raya por los mexicas. Desde tiempos inmemoriales; es decir, antes del uso de la escritura que tiene cinco mil años de antigüedad, el Anáhuac se formó pluriétnico y plurilingüístico, como Europa, pero más grande.
Compararon a Cholula con Babel, porque ahí se reunían todas las lenguas. Aún 500 años después, se conservan 68 de ellas. En ese entonces, el idioma comercial era el náhuatl, con ella, los distintos pueblos se entendían.
Así como es ahora México, de Mérida a Tijuana, y tiene su gran reunión (religión, religare, viene de re-unir) cada 12 de diciembre en el Tepeyac; cuando llegaron los españoles, esa gran reunión sucedía en Cholula, ahí se juntaba el mito y la leyenda.
¿Y si fray Servando tenía razón?, a él qué lo vilipendiaron, lo aborrecieron hasta el destierro, él que apostó por un cristianismo forjado en piedra, hecho de otra forma. Basado acaso en la idea de que la Unidad, la Fuente, el Cosmos, la Luz, se manifiesta en una multitud de formas, a partir de una lectura y un salto de fe, como el del cura Hidalgo.
En fin, que, quizá la Cruz conquistó, la Cruz independizó y, quizá también, la Cruz campeo por estos lares antes de la llegada de los peninsulares. Vamos a Mitla, veamos las cruces precolombinas, pos cristianas, en esta grandeza llamada Anáhuac. Bien, hasta aquí este breve, pero histórico anecdotario.

Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas
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