Estos documentos no son textos inmutables, pues deben adecuarse a las exigencias de una realidad que se encuentra en constante cambio
La Carta Magna de México es la cuarta Constitución del México independiente y del más longevo de los textos constitucionales que hemos tenido, estableció Rafael Ramírez Villaescusa, profesor de tiempo completo del Departamento de Derecho de la Universidad de Sonora.
El docente universitario destacó que la Constitución de 1917 fue la primera en el mundo en incorporar los denominados derechos sociales, aun antes que la de Weimar, en lo que hoy es Alemania.
“Destacan particularmente los derechos a la educación, los derechos en materia agraria o el derecho al trabajo”, precisó el presidente de la Academia de Derecho Constitucional del propio Departamento.
Recordó que la Constitución del 17 nace después de una cruenta lucha por el poder durante la etapa armada de la revolución mexicana:
Dijo que el 1 de diciembre de 1916, el presidente Venustiano Carranza dio comienzo en el Teatro de la República al Congreso Constituyente, marcando así un episodio muy importante, ya que representó el tránsito del país de una era de conflicto armado a una de institucionalización de los principios emanados de la Constitución.
No son textos inmutables
Ramírez Villaescusa indicó que, sin embargo, las constituciones no son textos inmutables, pues deben adecuarse a las exigencias de una realidad que se encuentra en constante cambio, ya que si no fuera así, pronto perderían eficacia y legitimidad.
“Hoy, con poco más de 700 reformas, nuestra Constitución tiene un texto tres veces mayor a su documento original, como en 1977, por ejemplo, cuando comenzó la transición democrática a través de la instauración de un nuevo sistema de partidos, y luego en 1994 se reconfiguró la Suprema Corte y se le dotó de facultades de verdadero tribunal constitucional”, comentó.
Otra reforma importante, agregó, fue la de la incorporación de la doctrina de los derechos humanos en el artículo 1, con el correspondiente control convencional.
La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, sostuvo, continúa siendo un documento aspiracional sobre el cual todos estamos llamados a construir el México que queremos: un México democrático y con oportunidades de desarrollo”, expresó.
Indicó que la administración del presidente López Obrador también se ha caracterizado por impulsar diversos cambios en nuestro texto constitucional, y que algunos de ellos son motivo de preocupación, como la creación de la Guardia Nacional, misma que, opinó, ha acentuado el proceso de militarización dentro del país; otros, en cambio, son dignos de reconocer, como la supresión del fuero presidencial.
Preocupan, sin embargo, los intentos para suprimir de nuestro texto fundacional a los órganos constitucionales autónomos, mismos que han contribuido de forma decidida al fortalecimiento democrático del país. De hacerlo, sería un desacierto”, afirmó.
Constitución probada y mejorada
Por su parte, Héctor Rodríguez Espinoza, también docente del Departamento de Derecho, opinó que el hecho de que la Constitución de México tenga centenares de reformas no justifica una nueva, si éstas han tendido a la mejora, al perfeccionamiento y a su adecuación a una realidad en transformación.
Se trata, dijo, de una Carta Magna probada, mejorada y que conduce a los objetivos del país, de manera que las autoridades constituidas de cualquier nivel, desde el más modesto funcionario hasta el presidente de la república, deben preocuparse fundamentalmente por cumplirla.
“No puede haber una convocatoria a 100 millones de habitantes para que participen en la formación de una nueva o de reformas, porque deben ser especializados en la temática jurídica, y aún dentro de ella, especialistas en el derecho constitucional, talento, experiencia, meditación jurídica”, puntualizo.
Se preguntó si acaso están justificadas las reformas a la Constitución, y afirmó que éstas deben se mesuradas y reflexionadas. La respuesta, reiteró, es afirmativa y fundada en el derecho romano que establecía una vinculación entre el hecho social y la norma jurídica.
El académico universitario planteó que las normas jurídicas no pueden ser desconocedoras de la realidad, y que ésta se encuentra sujeta a ley.
“Como el derecho es dinámico, por naturaleza, debe transformarse; la ley universal establece que todo se transforma, los estados lo hacen para progresar, o para decaer, o para atrasarse mediante su estructura jurídica básica, que es la Constitución, motivo por el cual debe tener razón de ser las reformas”, sostuvo Rodríguez Espinoza.
Afirmó que la Constitución es el ordenamiento supremo jerárquicamente hablando con dos grandes partes: La orgánica, que estructura al país, al Estado, y a sus órganos; la dogmática, regula las relaciones entre el Estado y los gobernados, el elemento humano nacional, de esencia del Estado, y los derechos subjetivos públicos que el gobernado puede hacer valer en contra de los órganos del Estado.
“Sus normas tienen un valor jerárquico superior a las internas federales o locales cuando el Estado está organizado en una federación”, añadió, recordando que “nos enseñó el Dr. Carlos Arellano García que es obra humana, falible por naturaleza. La Constitución no es divina, y siempre estará en condiciones de ser mejorada”.
Lejos del texto original
Su vez, Lucila Caballero Gutiérrez, académica del mismo Departamento, señaló que desde una perspectiva teórica, cada cambio al texto constitucional de 1917 modifica lo original, y por lo tanto ya no estamos hablando de la “misma”
Sostuvo que, desde una perspectiva política, la Constitución mexicana es “nuestra carta de navegación”, señalando que a lo largo de las múltiples reformas constitucionales el rumbo de nuestro país ha tomado diferentes horizontes, unos más afortunados que otros.
“El peligro que puede haber con tantos cambios es que ya no podamos reconocer al texto original, aquél que fue tan avanzado en su época de promulgación, sobre todo en torno a los derechos sociales y políticos. Hay que recordar que un cambio no necesariamente es igual a progreso”, indicó.
Subrayó que el momento de la promulgación de nuestra Carta Magna es importante celebrarlo, dado que es cuando se da a conocer a otros este texto jurídico tan importante.
“Es en este momento cuando da inicio su historia, cuando se dan a conocer por medio de la palabra escrita, los actos de voluntad de los seres humanos que eligen normar de cierta manera, y no de otra, la conducta de todos los habitantes de un país”, concluyó.
Jesús Alberto Rubio
