🎓 25 años Educación superior en México · Suplemento Campus · Grupo Milenio
Convocatoria abierta ICGU 2026 · Registra tu institución antes del 30 de mayo · Participación gratuita
Calculando...
Participar →
Suplemento
CAMPUS M
25 años · educación superior en México
#HoyEnCampus
Cargando últimas noticias…

Juan Carlos Ramírez-Pimienta y el narcocorrido como nuestro fiel reflejo

Juan Carlos Ramírez-Pimienta (Tijuana, Baja California, 1966), doctor en letras hispanoamericanas por la Universidad de Michigan, se desempeña como profesor investigador en San Diego State University-Imperial Valley. Es reconocido como el mayor especialista en la cultura del narcocorrido, tema que ha desarrollado en los libros De El Periquillo al pericazo: ensayos sobre literatura y cultura mexicana (2006) Cantar a los narcos: voces y versos del narcocorrido (2011) y Una historia temprana del crimen organizado en los corridos de Ciudad Juárez (2021). Es coantologador de Camelia la Texana y otras mujeres de la narcocultura (2005), El norte y su frontera en la narrativa policiaca mexicana (2017) y Porciúncula: Geografías culturales del pueblo de nuestra Señora de los Ángeles (2019). Autor de más de cincuenta artículos académicos sobre cine, literatura española, latinoamericana y narcocultura, por su profundo conocimiento en estos temas ha colaborado como consultor de contenidos para Facebook y como especialista para diversos medios nacionales e internacionales entre los que se cuentan El Universal, Milenio, Univisión, The New York Times, USA Today, The Economist y la BBC.

El mayor especialista en este fenómeno conversa con Campus acerca de la historia y el futuro de este género, su impacto en la sociedad y su difusión hacia otros países

Esta música deriva de la terrible situación de resquebrajamiento del tejido social y económico que vive México, señala el estudioso del género.

Juan Carlos Ramírez-Pimienta (Tijuana, Baja California, 1966), doctor en letras hispanoamericanas por la Universidad de Michigan, se desempeña como profesor investigador en San Diego State University-Imperial Valley.

Es reconocido como el mayor especialista en la cultura del narcocorrido, tema que ha desarrollado en los libros De El Periquillo al pericazo: ensayos sobre literatura y cultura mexicana (2006) Cantar a los narcos: voces y versos del narcocorrido (2011) y Una historia temprana del crimen organizado en los corridos de Ciudad Juárez (2021). Es coantologador de Camelia la Texana y otras mujeres de la narcocultura (2005), El norte y su frontera en la narrativa policiaca mexicana (2017) y Porciúncula: Geografías culturales del pueblo de nuestra Señora de los Ángeles (2019). Autor de más de cincuenta artículos académicos sobre cine, literatura española, latinoamericana y narcocultura, por su profundo conocimiento en estos temas ha colaborado como consultor de contenidos para Facebook y como especialista para diversos medios nacionales e internacionales entre los que se cuentan El Universal, Milenio, Univisión, The New York Times, USA Today, The Economist y la BBC. En la presente entrevista nos ofrece un panorama preciso, amplio y penetrante de la historia, los temas y la política social y económica de la corridística mexicana y, muy especialmente, del narcocorrido que, en sus diversas modalidades, hoy está en pleno auge no únicamente en nuestro país, al grado de considerar que forma parte, irrefutable, de una cultura y una industria en expansión. (Cabe advertir que una versión breve de esta amplia entrevista se publicó en septiembre de 2023, en un suplemento cultural, pero con tal cantidad de yerros de carácter “correctivo” o “editorial”, y de cambios desafortunados en la redacción, que es preferible olvidarse de ella. Cuando no se entiende sobre un tema es indispensable informarse, y la riquísima cultura popular del corrido mexicano es, a veces, poco menos que incomprensible para la mal denominada “cultura culta” de nuestras letras.)

-¿A qué atribuye que el narcocorrido haya pasado de la intención moral a la apología del crimen y la violencia?
-A principios de los noventa, como estudiante de maestría, comencé a investigar este género y tuve como mentor a Guillermo Hernández, profesor de la Universidad de California (UCLA), doctor en literatura medieval y especialista en letras chicanas y mexicanas; un gran conocedor de la corridística en general, pero que no tenía mucho interés en los narcocorridos. Lo que me llevó a estudiarlos fue darme cuenta de que, en ellos, se estaba operando una transformación de la idea de heroicidad. Los primeros corridos sobre el narcotráfico abrevan en la tradición del lamento del prisionero, una tradición baládica que va más allá del corrido mexicano. Para poner un ejemplo nuestro, pensemos en composiciones en primera persona en la tesitura del corrido del “General Benjamín Argumedo”: con la expresión del despedimiento de quien va a ser fusilado. Por ello, en los primeros narcocorridos, no falta la moraleja en el tenor de “no se metan en esto, dejen los malos negocios, ya ven lo que me sucedió”. Esto lo comparten los narcocorridos de los años treinta, y también “Carga blanca”, de los cincuenta; los narcotraficantes terminan mal: presos, heridos o muertos, pero esta moralidad cambia en los años ochenta, cuando la noción de heroicidad va transformándose al tiempo que la narcocultura se arraiga en México.
La tortura y la muerte de Enrique Kiki Camarena, en 1985, a manos del narcotraficante Rafael Caro Quintero y otros implicados, combinadas con el desastre financiero en el país, constituyen un momento clave en esta transformación; es cuando el “héroe” Caro Quintero declara que él podía pagar la deuda externa en dos años “si lo dejaban trabajar en paz”, y es también cuando la gente común y corriente empieza a tomar en serio esa oferta como una posibilidad. En aquellos años, la drogadicción en México era mínima, pues casi toda la droga se exportaba a Estados Unidos, pero cuando aumenta la desesperación económica, en esa misma proporción disminuye la ética. Bajo ciertas condiciones adversas, las personas son capaces de renunciar a la ética y muy susceptibles de cometer crímenes. En algunos lugares de nuestro país, hoy cualquiera que abre fuentes de empleo es considerado un héroe. Esta resignificación del concepto heroico ha ido evolucionando no sólo en México, pero principalmente aquí, y se refleja fielmente en los narcocorridos.

-¿Por qué el auge de este género se dio a partir de los años setenta y no inmediatamente después de la década de los treinta, cuando se graban los primeros narcocorridos conocidos: “El Pablote” y “Por morfina y cocaína”?
-Se produce cuando comienza a tener una correspondencia más real con el contexto. El narcocorrido está asociado a las crisis económicas. Es difícil encontrar muestras de lo que entendemos por narcocorridos en los años del llamado “milagro económico”. Ello también nos remite al contexto: cuando México estaba creciendo al 5 por ciento o al 6 por ciento anual, el crimen no se percibía, de una manera lógica, como vía de superación. En los cincuenta y en los sesenta el narcocorrido es más bien escaso, pero en cuanto se empieza a resquebrajar el tejido social y económico de México (inmediatamente después del movimiento del 68, el halconazo y las devaluaciones), renace este género, que había estado latente en los treinta y los cuarenta y, a partir de ahí, no ha parado en su auge porque no hemos parado, como nación, de tener una crisis económica tras otra. Después del “milagro económico”, los gobiernos desincentivaron el gasto social y, con ello, la ruta de la educación como vía de movilidad, que a mi generación y a la suya nos permitió, como les permitió a muchos, ir de un estrato socioeconómico de nulo privilegio a aspirar y formar parte de una clase media. Mi papá era herrero en Tijuana y había trabajado en el campo en Estados Unidos, pero mis hermanos y yo somos todos profesionistas. Mi hermana Teresa, psicóloga, hace investigación sobre esquizofrenia en la Universidad de California-San Diego, mi hermano Marcos (Erre), es artista plástico, en tanto que mi otro hermano, Omar, es académico, poeta y artista visual. Esto ya no es factible hoy, con padres con estudios truncos de primaria. Cuando la ruta de la educación, para la movilidad social, se limita muchísimo, a partir de los años ochenta del siglo pasado, es cuando el narcotráfico comienza a ser una perspectiva apetecible.

-El compositor sonorense Manuel Fernández dice que el encargo de “El 24” le dio a ganar 26 mil dólares y que sus encargos no bajan de 5 mil dólares por corrido. ¿Son los narcos los nuevos mecenas de la poesía bélica y la narrativa apologética de la delincuencia?
-Veintiséis mil dólares por “El 24” (2007), hace diecisiete años, era bastante dinero. Los encargos no bajan de cinco mil dólares para él, pero los demás músicos y compositores cobran según tengan relevancia o no. En este sentido, sí podría admitirse que algunos de los narcos son los nuevos mecenas de la poesía bélica. Ahora estoy escribiendo un nuevo libro sobre la relación de los músicos y el crimen organizado, basado en testimonios suyos que constan en registro, es decir, en declaraciones públicas, y hay desde los que cobran mil dólares, que son los que van empezando, hasta los que cobran 60 mil dólares, como Fuerza Régida. Por su parte, el Grupo Arriesgado, cobraba 50 mil dólares por corrido. En unos pocos meses, su tarifa ascendió de diez mil a 50 mil. Lo interesante, y esto le va a sorprender, es que estos grandes grupos cobran esas cantidades para desincentivar a quienes desean encargarles narcocorridos, pues a pesar de que 50 mil dólares es mucho dinero, no lo es tanto para estas agrupaciones musicales que ganan mucho más en presentaciones de fin de semana. El encargo de un narcocorrido debe considerar el pago al compositor o compositores, el gasto en producción y el pago a los músicos por grabarlo. Para estos grupos musicales, que pueden ganar un cuarto de millón de dólares en un fin de semana, 50 mil dólares son poca cosa. La mayor parte de quienes encargan narcocorridos son personajes del crimen organizado. Los mismos músicos dicen que un narcocorrido personalizado es como un auto de lujo, que solamente unos pocos se pueden dar. Pero también, en Estados Unidos, sobre todo, hay personas que no necesariamente están ligadas al crimen organizado; son trabajadores o dueños de negocios, que pueden tomar algún grupo musical en ascenso y pagar cinco mil dólares para que les compongan un corrido y recuperar, multiplicada, esa inversión.

-¿Y cómo pagan impuestos los compositores de narcocorridos, y bajo qué concepto, si al menos en México la figura de la apología del delito está prevista y sancionada en el Código Penal Federal?
-El tema de los corridos por comisión da para mucho más que una breve respuesta, porque es mucho más sofisticado de lo que la gente cree. Los letristas, no lo olvidemos, son trabajadores intelectuales: si se graban sus corridos y se comercializan y tienen mucho éxito, pagan impuestos como cualquier otro trabajador, aunque seguramente el dinero que les dan de forma directa quienes encargan las letras no se reporte al fisco. Como salí hace mucho de México no conozco el sistema fiscal actual a detalle, pero los compositores de narcocorridos están muy lejos de ser personas que vivan en la clandestinidad; puede ser gente que incluso tenga un negocio bien establecido, en el que una parte está relacionada con el crimen organizado, porque le compone letras, pero por otra parte también le compone letras a otros muchos cantantes no especializados en narcocorridos, y paga sus impuestos al igual que los músicos y los técnicos.

-Musicalmente, los corridos primitivos pueden ser hasta cierto punto monótonos, aunque la letra sea buena, al interpretarse con una o dos guitarras como único instrumental. ¿Estaría de acuerdo en que Los Tigres del Norte dotaron a los corridos de una mayor agilidad melódica y de letras más ceñidas en su narrativa?, y, por otra parte, ¿qué tanto se ha alejado el narcocorrido de esta forma “clásica” tigrenorteña, por llamarla de algún modo?
-Los corridos mexicanos, como ya lo he dicho, son tradiciones narrativas del género de la balada; hijos o nietos de la balada europea y específicamente de la balada hispánica, y en ellos hay un privilegio de la letra por sobre la música, y aunque las primeras grabaciones con voz-guitarra, del tipo dúo Hernández y Sifuentes, de los años veinte y treinta, pueden tener esa característica “monótona” que usted menciona, esto se modifica con Los Alegres de Terán (1948-1988), en los que ya se integra el acordeón. Es cierto que los corridos en general y los narcocorridos modernos resultan más dinámicos, musicalmente, pero insisto en que el género siempre privilegió la historia antes que la música de instrumentos. Con los corridos más actuales eso está cambiando. Por otra parte, pienso que hay una desconexión entre la norteñidad y el México central, porque a mí nunca me han parecido monótonos, o sólo me lo parecen en algunos casos. Pero el hecho de que yo también, como escucha, privilegie la letra por encima de la música, no sé hasta qué punto se deba a que consumo mucho más el género tradicional, representado, por ejemplo, por “El corrido de los Pérez”, “El corrido del Subteniente de Linares” o el de “Arturo Garza Treviño”. Para mí, estas son joyas narrativas, y esos versos de Julián Garza, del corrido “Pistoleros famosos”, que dicen: “en los pueblitos del norte/ siempre ha corrido la sangre”, explica más las norteñidad que los ensayos de Vasconcelos u otro tipo de narrativas o de explicaciones posteriores. Y conste que, como usted sabe, yo soy doctor en Letras, somos colegas, y aprecio muchísimo la literatura, pero estas poéticas y narrativas populares son para mí, insisto, verdaderas joyas, aunque presiento que formo parte de una minoría.

En cuanto a las aportaciones de Los Tigres del Norte, me parece que, antes que nada, hay que situarlos y contextualizarlos. Ellos llegan a San José, California, y sus primeras grabaciones las hacen para Discos Fama. Modernizan el corrido al incorporar instrumentos como la guitarra y el bajo eléctricos, así como la batería. Pero también hay otra cosa importante: reciben las composiciones primero de Ángel González, especialmente “Contrabando y traición”; después de Paulino Vargas (“La banda del carro rojo”), y luego de Enrique Franco, canciones y corridos como “La jaula de oro”, “Tres veces mojado”, “Ni parientes somos” y “Pedro y Pablo”. Franco fue su director artístico en todos los ochenta y los llevó a lo más alto del éxito. Pero antes de ellos hubo otros grupos que ya habían iniciado esta modernización. Lo que tenemos, a partir de Los Tigres del Norte, es la distinción de dos escuelas: por un lado, la del noreste, con Nuevo León y Tamaulipas -los grandes ejecutores del acordeón y la tradición norteña por antonomasia- y, por otro lado, la escuela del Pacífico, con Los Tigres del Norte (Sinaloa) y Los Tucanes de Tijuana (Baja California), desde hace treinta o cuarenta años. La tradición norteña del Pacífico se fue mezclando con otros instrumentos de viento estilo sinaloense y han generado híbridos muy interesantes. Ahora bien: yo siempre he considerado a Los Tigres del Norte como un grupo chicano, más allá de que pertenezca a la diáspora de la mexicanidad. Ellos cruzaron México por Calexico en 1969 y desde entonces viven en San José, California, Estados Unidos. Por lo demás, son auténticos representantes de un movimiento social a la par que musical.

-En estas dos escuelas, ¿dónde se sitúan Sonora, Guanajuato y Michoacán?
El caso de Sonora es muy interesante, porque varios de los principales cantantes y compositores de corridos actuales son sonorenses. Vienen a la mente, por supuesto, Natanael Cano, Luis R. Conríquez y Alfredo Olivas, entre otros. Creo que el movimiento sonorense está desplazando, de alguna manera, a los sinaloenses que, por décadas, han sido sinónimos de narcocorrido. Guanajuato es el otro estado que, junto con Sonora, tiene preeminencia en las nuevas modalidades del corrido, con músicos muy jóvenes como Gabito Ballesteros (24 años), Junior H (23) y Chino Pacas (un adolescente de apenas 16 años). En cuanto al movimiento narcocorridista michoacano es, en muy buena medida, derivado del sinaloense, es decir, de la escuela del Pacífico.

-Sé que el “tumbado” no será la tumba del corrido, sino un episodio más en su historia, pero Peso Pluma, además de otros intérpretes, es globalmente exitoso pese a su poca calidad vocal y a algo que casi nadie dice: ese éxito masivo lo ha alcanzado con canciones de amor (“Ella baila sola”, por ejemplo), que de ningún modo pertenecen al género corridístico. ¿A qué atribuye el éxito apoteósico de este subgénero?
-Primero: el género del corrido no va a terminar en México como una tradición viva, sino hasta que nuestro país entre de lleno en una fase de modernidad; hasta que deje de necesitarlo. En todas partes la balada ha dejado de existir como una tradición viva, menos en México. Pero lo que va a garantizar que pase de ser una tradición viva y se convierta en una tradición arqueológica, como los romances en España y las baladas en Escocia, será, por ejemplo, el que no constituyan un referente inmediato para exigir justicia; es decir, que nadie necesite buscar la justicia “con su pistola en la mano” como dice el corrido. Recién regresé de estar unos días en Irlanda y, como hago siempre que viajo a un país con tradición baládica, fui a escuchar baladas a algunos bares. Comprobé que, en todas partes, es música de viejos o de turistas, menos en México, donde es parte central de la vida cotidiana. Segundo: del corrido tumbado están surgiendo modalidades que ya compiten con el corrido tradicional, y, por lo que respecta a la calidad vocal, ésta nunca ha sido realmente un gran requisito para los cantantes de corridos. El hito que viene de inmediato a la memoria es el de Chalino Sánchez, quien no tenía una gran calidad vocal, pero sí la capacidad de conectar con su público.

Respecto del éxito, ahora hay una nueva medida de su significado a partir de Peso Pluma, y usted tiene razón: él está triunfando con “canciones de ligue”, que son las que han llegado a las primeras planas mundiales y han alcanzado cientos de millones de descargas. Ese éxito masivo es similar al de reguetón más comercial. Los duros del reguetón y el hip hop en Estados Unidos y Puerto Rico, como Arcángel e incluso como Don Omar, no han alcanzado el éxito de cantantes entre cuyos nombres el más obvio es Bad Bunny, porque las nuevas promociones del reguetón consiguieron fusiones para eliminar lo hardcore de los años noventa y de principios del presente siglo. Con el corrido tumbado pasó lo mismo, y hay que distinguir dos vertientes enfrentadas: corrido tumbado versus corrido bélico, siendo el bélico muy exitoso, interpretado también por el mismo Peso Pluma, pero muy lejos de la apoteosis generada por los tumbados. Intérpretes como Luis R. Conríquez, Los dos Carnales y El Fantasma son muy exitosos, pero no en la medida en que lo es Peso Pluma, con cuatrocientos o quinientos millones de descargas en pocas semanas. Frente a esos números, no creo que el corrido bélico pueda competir.

Una de las causas del éxito mundial de lo que ahora llaman corridos “tumbados”, y que con frecuencia no son corridos, como usted bien lo dice, queda enfatizado en sus letras. No se necesita un conocimiento de las historias para entenderlos, y no son, necesariamente, historias mexicanas; por ello no se precisa siquiera saber español para escucharlas, y la prueba es que una buena parte de las descargas se hacen en lugares donde no se habla español. Con los tumbados, compositores e intérpretes consiguieron diluir el género para que fuese paladeable a los gustos internacionales; un poco como lo que sucedió con el tequila: para que triunfara en todo el mundo, primero hubo que quitarle lo rasposo.

-No pretendo que sea usted un augur, pero creo que, a partir de su experiencia y amplio conocimiento sobre el tema, podría responderme lo siguiente: ¿cree que el corrido en México tiene probabilidades, a mediano plazo, de convertirse en una tradición arqueológica, como en España, Escocia e Irlanda, o la realidad adversa lo conservará por siglos como una tradición viva?
No creo que el corrido en México pueda convertirse en una tradición arqueológica en ese mediano plazo que señala, y entiendo como tal un tiempo comprendido entre los veinte y los treinta años. Hay variables que ya comenté, pero además debemos considerar el aspecto de que sea una industria: el aspecto mercantil. El corrido se ha convertido en un negocio de miles de millones de dólares y ese es un aliciente muy grande para su continuación. Lo global del fenómeno también tiene que ver con la longevidad del mismo. Los oyentes ya no sólo están en México y Estados Unidos, sino también en otros muchos lugares. Es algo parecido al hip hop estadounidense, que quizá tenga más oyentes en el resto del mundo que en Estados Unidos, para no hablar del reguetón puertorriqueño, generado en una isla de apenas tres millones de habitantes, pero que ha universalizado este género. Sé que son músicas diferentes, pero dentro de una misma inercia comercial, dentro de una misma industria en expansión.

-Letristas como Manuel Fernández (“El Bazucazo”, “Fiesta en la Sierra”, “El 24”, etcétera) han hecho piezas mucho más potentes y bien interpretadas (por ejemplo, por El Tigrillo Palma) y, sin embargo, no han alcanzado el éxito de los tumbados ni de los bélicos interpretados por Peso Pluma, Conríquez y Natanael Cano. ¿Será que el narcocorrido se encuentra en decadencia lo mismo que su público?
-Un corrido bien contado sigue siendo apreciado por gente que conoce el género y el contexto, pero no va a lograr los cientos de millones de descargas de los tumbados. Vuelvo a la idea de que hay que repensar la noción del éxito, pero también la noción del gusto. Para usted y para mí, que venimos de la literatura, no es lo mismo el fenómeno Gabriel García Márquez que el fenómeno Paulo Coelho. Los dos vendían y siguen vendiendo millones de ejemplares, pero resulta obvio, para nosotros, que el primero tiene mucha más calidad que el segundo. Por otra parte, hay escritores muy muy buenos, pero que no son muy leídos, y de esta misma manera seguirá habiendo autores de muy buenos corridos, pero que no van a ser tan escuchados como los tumbados de Peso Pluma. El mismo Peso Pluma tiene algunos corridos bélicos, los que lanzó en 2022, que sí son narcocorridos y, desde mi punto de vista, bastante buenos, como los que hizo con Raúl Vega (“El Belicón”) y con Luis R. Conríquez, (“Siempre pendientes”), que me parecen muy logrados, pero que van, como ya dije, en la autopista de los bélicos y no de los tumbados. Por esta vía de los bélicos va a haber corridos más del gusto de gente que conoce el contexto y la música mexicana y que también, me atrevo a decirlo, más del gusto de nuestra generación, pues la división generacional es cada vez más marcada. Los jovencitos están desarrollando un gusto que a nosotros nos parece malo porque las generaciones anteriores siempre ven a las nuevas como poseedoras de un mal gusto. “El bazucazo”, que a usted también le place, es un gran corrido, y por ello escribí el ensayo “El bazucazo: un antecedente histórico de la guerra contra el narco en la corridística mexicana”.

-Ya hay reacciones sobre los tumbados entre los corridistas de la vieja guardia. Sacramento Ramírez, El Compa Sacra, por ejemplo, estrenó el 6 de julio de 2023, con Juan Corona y el Grupo Exterminador, el corrido “Dos hijos de la chingada”, recomposición de “Un michoacano y un oaxaco” del propio Sacra, y en la interpretación terminan, nostálgicamente, con el fragmento de otro corrido antiguo interpretado por Ramírez, cuando formaba parte de Los Razos: “Entre perico y perico”. Ahí éste coloca lo que sin duda es una alusión desdeñosa a los tumbados: “Que siga la pinche peda/ hasta que el sol aparezca;/ ¡vamos a cantar corridos,/ no cantemos chingaderas!”. Parece que el conflicto generacional ya escaló entre los narcocorridistas.
-Creo que es un sentimiento bastante generalizado no sólo entre las generaciones mayores de músicos, sino también entre los músicos jóvenes, pero que van por el sendero de lo bélico y lo tradicional. Tirarle a los tumbados es, empero, bastante arriesgado, porque se corre el peligro de sonar envidioso. Los que están más o menos vigentes no lo van a hacer para no cerrarse las puertas de una posible colaboración con alguno de los tumbadistas, así sea de bajo rango. Los que sí se pueden dar ese lujo son cantantes como estos, famosos en los años ochenta y noventa, pero que desde hace mucho dejaron de producir de manera significativa en el género. Apelan a la nostalgia y a la intertextualidad autorreferencial: un corrido dentro de otro corrido; algo que, por otra parte, ya se ha hecho de manera particularmente exitosa, me parece a mí, en la composición de Reynaldo Martínez, “El federal de caminos”, que interpretan los Bravos del Norte, de Ramón Ayala, y en el que, en algún momento escuchamos: “que me toquen Los Bravos del Norte El corrido de Gerardo”, que es también una composición de Martínez.

-Alfredo Ríos El Komander, del Movimiento Alterado, tiene también unas muy buenas letras, pero el narcocorrido se ha trasladado, en su caso, al retorno de los valentones, a quienes la muerte los ronda todo el tiempo, y quieren el estilo de vida de los narcos, aunque no sean precisamente narcos: los lujos, el dinero, las drogas, las mujeres como objetos de deseo y la violencia como renuncia a la vida si no se da con estos satisfactores. ¿A qué se debe esta nueva manera de vivir como narco sin necesariamente ser narco?
-No por escuchar narcocorridos se hace uno narcotraficante, y esto es simple cuestión de números. (En “¡Qué tiene de malo!”, El Komander y Calibre 50 lo advierten: “¡Qué tanto les cala/ que me gusten los corridos,/ qué pinche alboroto traen conmigo!/ […] Que escuchar corridos, compa,/ le aseguro, no me hace un mal mexicano”.) La gran mayoría de la gente que escucha este tipo de música no forma parte de la delincuencia organizada, pero hay algo en el narcocorrido que le llama la atención y es, lo repito, una noción de progreso y de agencia, que se presenta en el narcocorrido como un bufé en el que el oyente escoge el mensaje que le conviene o la parte del mensaje que quiere, desechando la otra, que no le interesa. Por ejemplo: “me gusta la buena vida, me gusta gastar dinero, me gusta que me respeten, incluso que me puedan tener miedo en una situación como la mexicana”, pues tanto en México como en Estados Unidos, donde muchos vivimos con miedo, esta idea de que seamos gente respetada es muy llamativa. Es lo que los psicólogos sociales llaman “disonancia cognitiva”: poder reconciliar dos sistemas de valores: “me gusta ser percibido y temido como mafioso; afamado como si fuera un mafioso, aunque no sea mafioso, ni mate ni sea un criminal, porque esta percepción me confiere respeto”. Pensemos en este contexto en la comunidad mexicana indocumentada en Estados Unidos. Desde un punto de vista aspiracional, el narcocorrido “Dicen que soy traficante” da prueba de esto en sus primeros versos: “Nací entre raza muy pobre/ donde por todo se sufre,/ pero al correr de los años/ logré lo que me propuse:/ hoy nadie me alza la voz/ ni hay nada que me deslumbre”.

-La normalización del oficio narco y la vida narca, como noción aspiracional glamurosa, ¿conlleva a ver este microuniverso como algo ajeno al delito?
-El corpus del narcocorrido es realmente inmenso. Miles de composiciones y miles de interpretaciones, y dentro de ese corpus tan extenso es posible justificar cualquier postura, y vamos a encontrar también letras que dicen cosas muy parecidas por más disparatadas que puedan ser. Como investigadores debemos evitar corroborar nuestro propio pensamiento, esto es, ir hacia el narcocorrido buscando lo que ya tenemos preconcebido, pues en el repertorio de un grupo o de un cantante hay corridos que incluso se contraponen ideológicamente. Aquí hablamos de El Komander, pero si pensamos en Calibre 50 o en cualquier otro cantante o grupo podemos encontrar expresiones contrapuestas. Así como algunos pueden mostrar un hartazgo por la violencia, con una suerte de moraleja, hay otros que hacen apología de la violencia. Hay unos que se enuncian desde la presencia de la muerte, es decir, cuando el protagonista está muerto y nos entrega una suerte de narrativa de precaución: “No hagan esto. Vean lo que me pasó”. Y, por supuesto, contrarios a todo esto, hay muchos corridos panegíricos. ¿Significa esto una normalización del oficio narco? Sí, pero no creo que se piense o que se vea como que no se trata de un delito. La noción de que es un delito está ahí, siempre, y lo que realmente se normaliza son las circunstancias atenuantes por las que el protagonista llegó a este tipo de vida. Por ejemplo, en “El Centenario”, de Mario Quintero Lara, líder y vocalista de Los Tucanes de Tijuana, escuchamos: “Si eres pobre te humilla la gente,/ si eres rico te tratan muy bien;/ un amigo se metió a la mafia,/ porque pobre ya no quiso ser;/ ahora tiene dinero de sobra:/ por costales le pagan al mes”. Usualmente, las narrativas y poéticas proveen una lógica de cómo se llegó, a través de los años, a lo que se es. La pobreza y la falta de oportunidades para dedicarse a algo lícito se normalizan como justificantes, pero en la mayoría de los narcocorridos, o francamente en todos, existe la conciencia de que estar en el narcotráfico es un delito.

-En Centro y Sudamérica el narcocorrido mexicano tiene un público fervoroso, si partimos de los miles de comentarios que encontramos sobre las interpretaciones de los grupos y solistas más exitosos de este género. ¿Es el narcocorrido uno de nuestros mayores productos culturales de exportación?
-Yo diría que sí, pero habría que contextualizarlo, ya que la mexicana ha sido una cultura imperialista para Centro y Sudamérica desde hace mucho tiempo. La identidad cultural de estos países hermanos pareciera estar moldeada con la identidad cultural mexicana, sobre todo en cuanto a cultura popular. Estoy seguro, y esto para usted no es novedad, de que El Chavo del Ocho y El Chapulín Colorado, son más famosos y reconocidos en las culturas de los países centro y sudamericanos, que en el nuestro inclusive. Pero este imperialismo cultural mexicano se remonta al menos a los años cuarenta del siglo XX. Con la Segunda Guerra Mundial el único país que podía proveer una industria cinematográfica en español era México, ya que tanto España como Argentina, que tenían industrias cinematográficas algo robustas, no eran vistos con simpatía por los Estados Unidos y los demás aliados y, en consecuencia, se les negaban o regateaban los insumos para llevar a cabo las películas. Esto lo explica Emilio García Riera en su Historia documental del cine mexicano. Por ello, la cultura popular mexicana se convirtió en la cultura popular centroamericana y de toda América Latina. En ese marco, la música mexicana, por ejemplo, en Colombia, es también la música de ellos, que adoptaron el mariachi como propio, y algunos de los cantantes más apreciados por ellos en las décadas pasadas son mexicanos, y más recordados allá que en México. Viene a mi memoria el nombre de Lydia Mendoza, La Alondra de la Frontera, con sus éxitos “Mal hombre”, “Tango negro” y “Celosa”, entre otros, idolatrada en Sudamérica y, en especial, en Colombia. Siendo la música regional mexicana y, dentro de ella, un muy importante segmento formado por la música norteña o corrido, en sus diferentes manifestaciones, es sin duda uno de los principales productos culturales de exportación de nuestro país. No es un fenómeno reciente, sino de muchas décadas, que llega a la actualidad con la música norteña o el llamado “regional mexicano” y que también tuvo su auge con el narcocorrido, o los “corridos prohibidos”, como se les llama en Colombia, y que hoy continúa con los bélicos y los tumbados, ya sea en su vertiente urbana o rural.

-¿Ha sido rebasado el Estado cuando ha pretendido prohibir los narcocorridos y perseguir a los narcocorridistas? ¿Mete en el mismo costal a los narcos y a los que les cantan a los narcos y cronican esa realidad?
-No creo que el Estado mexicano haya sido rebasado. Su política es más de censura que de prohibición, porque bien podría ejercer mucho más control en medios electrónicos, por ejemplo, y empezar a prohibir plataformas donde este material se difunde, como lo hace China con las expresiones que no le convienen y que, por supuesto, no hace el Estado mexicano, en gran medida porque no quiere ser percibido como un Estado totalitario ni completamente censor. Por otra parte, la manera en que el Estado visualiza a los cantantes y compositores, desde mi punto de vista, no es la misma con la que ve a los narcotraficantes, sobre los que hay una serie de cargos, aun cuando en ocasiones no queda claro, en México (aunque sí en Estados Unidos), de qué se les acusa en específico.

Contra los músicos y compositores de narcocorridos nunca hemos visto, en México, un operativo como los que se hacían contra Guzmán Loera o contra los hijos de Guzmán Loera, en Sinaloa, o los familiares de Nemesio Oseguera, en Jalisco. Los narcocorridistas se siguen presentando de manera pública y si bien de alguna manera pueden ser hostigados por el Estado en cuanto a algunas multas por cantar narcocorridos (como ocurre, especialmente, en Chihuahua), no es algo que necesariamente caiga en lo criminal, sino en simples faltas administrativas. De los tiempos de Felipe Calderón sí he recopilado algún testimonio de que, en ocasiones, hacían visitas a las casas de los compositores o cantantes, con algún tipo de excusa y que no solamente los detenían y encarcelaban cuando los encontraban en alguna fiesta o narcofiesta, pero esto lo he escuchado de manera muy aislada y sin corroboración. A diferencia del sexenio de Felipe Calderón, al menos ahora no nos enteramos de detenciones en narcofiestas, o si nos enteramos de ellas, son muy rápidas, por unas pocas horas, pero ya no como lo que sucedió, por ejemplo, en 2009, en aquella narcoposada en Cuernavaca, Morelos, donde tomaron prisioneros a Ramón Ayala, a Los Cadetes de Linares y al Grupo Torrente de Monterrey, y de donde logró escapar Arturo Beltrán Leyva (El Botas Blancas, El Jefe de Jefes) que, a los pocos días, fue abatido. Este tipo de acciones por cantar a los narcos no se ha visto ya, al menos en esa magnitud mediática. De modo que, en definitiva, no creo que el Estado meta en el mismo costal a los narcocorridistas y a los narcotraficantes, y, de hecho, yo creo que los narcocorridistas gozan de mucha libertad para ejercer su profesión, más allá de toda la retórica que encontramos al respecto y de los consejos y abominaciones que se den, desde el poder, para descalificarlos o invalidarlos.

-Algunos letristas e intérpretes de narcocorridos han sufrido atentados o han sido asesinados por el narcotráfico. No queda muy claro en el caso del secuestro y asesinato de Chalino Sánchez, y se sabe que el atentado contra Alfredo Olivas fue producto de celos durante una de sus presentaciones. Pero resulta indudable en las ejecuciones de Sergio Vega y Valentín Elizalde. Hoy hay incluso cantantes muy conocidos (como Peso Pluma y Natanael Cano) que denuncian amenazas del narco. ¿Qué explicación le da usted a esto? ¿No se está matando al mensajero en lugar de matar al enemigo?
Partimos de que es indudable que a cantantes y compositores de narcocorridos los han asesinado de forma premeditada. De eso no queda duda porque a algunos, como en el caso de Sergio Vega, sus asesinos lo persiguieron por varios kilómetros en una carretera sinaloense. Ahí no puede hablarse de una confusión, o sería muy difícil creer que lo haya sido. Este es un tema del cual es difícil hablar, pero no por lo que pudiera pensarse en relación con un cierto miedo a tocar estos temas, sino realmente por la misma naturaleza de este tipo de hechos, que están envueltos en un obvio secretismo. La verdad es que muy poca gente sabe por qué matan a los cantantes, específicamente. Yo pienso que, en ocasiones, ni siquiera lo saben los que jalan el gatillo. Más aún: ni siquiera la víctima sabe a ciencia cierta cuál es el motivo. El único que la sabe es quien ordenó la ejecución. Ahora, lo difícil aquí es distinguir por qué se les asesina; esto es, por cuál de sus facetas. Son cantantes de narcocorridos, esto es indudable, pero ¿es por esta razón que se les asesina? ¿O porque son narcocorridistas que, de alguna manera, han extralimitado su profesión u oficio y han incursionado en actividades delictivas?

Esta última es una de las opiniones que suele escucharse en entrevistas, charlas y podcasts. La gente del gremio sólo puede sospechar o conjeturar por qué los han matado. Una regla de oro, que muchos mencionan, es que, en este medio, uno debe saber muy bien cuál es su lugar: saber que se está para complacer a los narcos con lo que se canta o con lo que ellos quieren escuchar, pero que tú, como cantante, no eres parte de ellos. Cuando se rompe esa barrera es cuando el cantante se adentra en terrenos peligrosos. Ahora, en algunas circunstancias, como puede ser un estado de guerra entre grupos o cárteles, sí es más concebible que, por un corrido, puedan matar al cantante. Es lo que se decía, por ejemplo, de Valentín Elizalde, que es un caso que yo he atendido. Parece ser que, en ese concierto en Reynosa, Tamaulipas, abrió con el corrido “A mis enemigos”, que, en realidad, no era un corrido que causara gran conmoción. Esto es lo que se dijo después, cuando se buscó un motivo. A Elizalde no lo habían amenazado ni le habían prohibido que se presentara en Reynosa, de acuerdo con los testimonios de los organizadores y de las personas cercanas a él. Elizalde le cantaba a gente del crimen organizado y, en un momento dado, alguien decidió dar una orden. En los periódicos se señala a algún jefe en específico, pero no el motivo que pudo tener.

Cuando se le preguntó a otro jefe de alto perfil, en una entrevista que es posible ver y escuchar en YouTube, aquél respondió de una manera que me parece lógica y que, a final de cuentas, es una respuesta que podría haber dado cualquier persona medianamente informada. Me refiero al interrogatorio, ante las cámaras, y a una declaración oficial de Edgar Valdez, alias La Barbie, poco después de ser arrestado, en agosto de 2010. En un fragmento de dicho interrogatorio, que es parte de una serie de videos distribuidos a los medios por las autoridades federales, una voz femenina interroga al detenido que se encuentra de pie delante de una cortina con los logos de la Secretaria de Seguridad Pública. Cuando se le pregunta por las muertes de cantantes, La Barbie dice, literalmente, que los mandan matar “por estupideces”. A la pregunta específica sobre la ejecución de algún narcocoridista perpetrado por un cártel rival como consecuencia de negarse a tocar para ellos, menciona a Sergio Vega, aunque no diga su apellido. Afirma que él sospecha que el culpable del asesinato de “Sergio” es Joaquín Guzmán Loera, pero luego admite que su sospecha no tiene mayor fundamento y reconoce que, en realidad, no sabe quién es el culpable. Es un hecho conocido que Sergio Vega /i>El Shaka, era uno de los cantantes favoritos de Arturo Beltrán Leyva, y El Botas Blancas, como se le conocía, había sido abatido por la Marina Armada de México unos pocos meses antes que Vega. La Barbie atribuye las muertes de los músicos, en general, a molestias pueriles; por ejemplo, a causa de no haber tocado para alguien o por tocar para diferentes grupos o cárteles enfrentados entre sí. Todas estas conductas las describe Valdez Villareal como “estupideces”.

Personalmente, creo que la mayoría de los asesinatos de músicos son por motivos ajenos a su profesión y, en muchos casos, hasta por error o falsa asociación, aunque esto no significa que no se den ejecuciones premeditadas y, para prueba de ello, ahí están las mantas con las amenazas públicas. Lo que sí considero es que un jefe se devalúa, pierde capital simbólico si ordena matar a un cantante sólo por no aceptar ir a divertirlo. Hechos así, tan arbitrarios, o tan “estúpidos” (en palabras de La Barbie), no contribuyen a la construcción de una imagen masculina de “jefe de cártel” ni de persona de “alta jerarquía”, que es muy palpable en el contexto del crimen organizado sinaloense, en el que hay un gran cuidado en la construcción de la imagen de los “altos jefes”, emparentada a la noción del “viejón”, del “no ser corriente” y de la sencillez que a veces linda con la “humildad”.

En cuanto a las amenazas recientes contra los músicos en Tijuana, esto me resulta algo confuso, porque va a contracorriente de lo que pasa en el resto del país. A decir de los músicos, hoy existe una apertura sin precedentes incluso en las presentaciones privadas. Muchos cuentan que cuando van a regiones diferentes a aquellas en las que se les asocia, por cortesía preguntan qué se puede cantar y qué no, y lo que encuentran es una libertad amplia. Afirman que la respuesta de los jefes es del tipo: “Cante lo que quiera, para eso lo traemos aquí, porque nos gusta lo que canta”. En este sentido, lo que está ocurriendo en Tijuana me parece anacrónico y poco lógico. Por ejemplo, en los medios y en las propias mantas, un cártel con sede en Jalisco se adjudica la autoría de las amenazas; sin embargo, cantantes de la misma corriente o incluso los mismos cantantes amenazados van y actúan en Guadalajara y en Michoacán sin que se les amedrente en absoluto. Como verá, esto no tiene mucha lógica. Apelando a mi experiencia y al conocimiento sobre el tema, creo que esto va mucho más allá del contenido de los corridos. No sé exactamente qué es, pero no me parece algo orgánico, porque va a contracorriente de lo que pasa en el resto del país. Ahora, por supuesto, hay reacciones viscerales, sobre todo si hay una percepción o un estado de guerra entre grupos, y que es una percepción que puede ser muy simple: “Este corridista es el bardo de mis enemigos y lo voy a matar”.

-Si tuviera que elegir veinte narcocorridos emblemáticos por su historia, su importancia en el género y su calidad estética, ¿cuáles elegiría?
-Van veinte y un par más, y el criterio de mi elección varía: puede ser por importancia histórica en cuanto al desarrollo del género o por importancia contextual histórica, esto es, que sean representativos de un momento muy significativo en la vida del país, y por supuesto, también, esto es obvio para usted y para mí, por cuestiones absolutamente estéticas: “El Pablote”, “Por morfina y cocaína”, “Carga blanca”, “Contrabando y traición”, “La banda del carro rojo”, “Lamberto Quintero”, “Mis tres animales”, “Jefe de Jefes”, “Chuy y Mauricio”, “Sanguinarios del M1”, “Pacas de a kilo”, “El Centenario”, “El niño de La Tuna”, “La Reina del Sur”, “La mafia muere”, “A mis enemigos”, “Clave 7”, “El bazucazo”, “Se les peló Baltazar”, “Rigoberto Campos”, “La chacalosa” y “El de la codeína”.

San Diego, California-Ciudad de México, 22 de octubre de 2023.

Juan Domingo Argüelles, poeta, ensayista y promotor de la lectura en México
Juan Domingo Argüelles
Poeta, ensayista y lexicógrafo · Medalla Wikaráame al Mérito Literario 2025 | Web |  + posts

Poeta, ensayista, lexicógrafo y editor; también divulgador y promotor de la lectura. Es autor de "¡No valga la redundancia!" (2021), "El vicio de leer" (2022), "Más malas lenguas" (2023) y "Epitafios" (2024). Ha recibido el Reconocimiento Universitario de Fomento a la Lectura (2019), así como distinciones del INAH y del Gobierno de Quintana Roo (2024), y la Medalla Wikaráame al Mérito Literario en las Lenguas de América (2025).

Columna Campus: "Fabulaciones"

¿Te gustó este artículo?

Recibe contenidos como este cada semana en tu inbox.
Únete a +450 líderes de educación superior que ya leen Campus.

Recibir newsletter →

Sin spam · Solo lo mejor de la educación superior en México

Integridad Académica Digital en la Era de la IA 📥 Descarga gratis
📄 Paper · Campus Consulting
Integridad Académica Digital
en la Era de la IA

Un instrumento de política pedagógica para el aula y para la institución. Marcos prácticos para docentes universitarios, coordinadores académicos y autoridades que necesitan responder con criterio, proporcionalidad y fundamento.

Marzo 2026 · Publicación
Serie: Grandes Retos del Siglo XXI
Campus Consulting ©
Descargar documento gratuito Formulario breve · Los datos se usan únicamente para estadísticas de gobernanza en IES mexicanas
Modelo de Política Institucional de IA para universidades mexicanas
Descarga gratuita

Campus Consulting · Grandes Retos del Siglo XXI

Modelo de Política Institucional de IA

Para universidades mexicanas · Marzo 2026

📄 PDF · Descarga libre 🏛️ Campus Consulting 📅 Mar. 2026
Descargar modelo Acceso inmediato · Sin costo
IA en Educación Superior — Guía práctica para universidades mexicanas 2025
Descarga gratuita

Campus Consulting · Grandes Retos del Siglo XXI

IA en Educación Superior

Guía práctica para universidades mexicanas · Oct. 2025

📄 PDF · Descarga libre 🏛️ Campus Consulting 📅 Oct. 2025
Descargar guía Acceso inmediato · Sin costo
Campus Consulting · Instrumento de medición
Índice Campus de Gobernanza Universitaria
ICGU · Primera edición: 2026

Instrumento pionero y único en su tipo en México para la medición sistemática del estado de preparación de las instituciones de educación superior mexicanas para gestionar los retos tecnológicos, de integridad académica y de gobernanza institucional del siglo XXI. No es un ranking. Es una herramienta de mejora continua.

  • 25 indicadores en escala 0–5 por dimensión
  • Diagnóstico inicial gratuito para toda IES participante
  • Sello Campus de Gobernanza Universitaria
  • Publicación en Suplemento Campus y difusión nacional
  • Informe de posicionamiento sectorial confidencial
Primera edición
2026
¿Te interesa registrarte en el ICGU o quieres más detalles? Visita la página del ICGU2026 →

Campus Consulting · contacto@suplementocampus.com

Las + Populares
Edición Especial Campus · Milenio
Educación Superior 2026 ¿Está México preparado?
Diciembre 2025
Educación Superior 2026: ¿Está México preparado?

Ejemplar especial que aborda los retos más relevantes que enfrentan las universidades en 2026.

  • Panorama de la educación superior mexicana
  • Generación Netflix y el reto que impulsa la SEP
  • Entrevistas con subsecretarios de Educación Superior
  • Análisis y perspectivas para 2026
Adquirir ejemplar →

Descarga inmediata · Formato PDF

Campus Consulting · Brazo estratégico de Suplemento Campus
¿Tu institución ya tiene una estrategia de gobernanza para la IA?

Acompañamos a universidades mexicanas en el diseño de políticas institucionales de IA, integridad académica digital y gobernanza de datos. Con el respaldo de 25 años de cobertura editorial especializada.

📋 Diagnóstico institucional 📜 Política de IA 🛡️ Integridad académica 📊 ICGU 2026 📡 Posicionamiento institucional
Conoce cómo te ayudamos → Sin compromiso · Diagnóstico inicial gratuito