De acuerdo con el Presidente, ya no hay tapados, aunque hay destapadores
En el Diccionario de mexicanismos, de la Academia Mexicana de la Lengua (AML), leemos esta paupérrima definición del americanismo “corcholata”: “Chapa; tapón metálico que cierra herméticamente las botellas”. Es paupérrima y, por si fuera poco, inexacta por no decir falaz, ya que el sustantivo masculino “tapón” (del francés tapon) es definido en el Diccionario de la lengua española, de la Real Academia Española (RAE), como “pieza con que se tapan las vasijas, introduciéndola en el orificio por donde sale el líquido”.
Primera exigencia: el “tapón” se introduce en un orificio. No es el caso de la corcholata que, en realidad, cubre (con una hojalata que se fija mediante una máquina de presión) el orificio y su periferia; por ejemplo, de una botella Coca Cola. Siendo así, “tapón” es el de la champaña: un corcho con forma de seta, que se introduce en el orificio de la botella, y que es cubierto, a su vez, por un morrión de alambre, generalmente con tapa metálica, y que es un refuerzo encasquetado sobre el corcho, que se fija al anillo del recipiente para evitar que el tapón sea expulsado por la presión interna del contenido gaseoso. Este, sin duda, es un tapón, pero no la tapa de las cervezas o los refrescos embotellados, pues estos se caracterizan por llevar corcholata: esa pequeña tapa que se retira para poder beber el líquido.
Lo que no saben hoy en la Academia Mexicana de la Lengua, lo sabía Guido Gómez de Silva (1925-2013), autor del Diccionario breve de mexicanismos, miembro, en su momento, de la AML, y quien definió el sustantivo femenino “corcholata” de la siguiente manera: “tapa de hojalata con revestimiento interior de corcho, que se pone por presión y sirve para proteger o cubrir el extremo abierto de una botella”. Mejor aún (por actualizada) es la definición del Diccionario del español usual en México (DEUM), dirigido por Luis Fernando Lara: “Pequeña tapa de hoja de lata, cubierta en su parte interior de corcho, que sirve para cerrar las botellas, especialmente de refrescos y cervezas; hoy en día, su cubierta interior, que es la que la vuelve hermética, ya no es de corcho, sino de plástico”.
En consecuencia, el término “corcholata” es un sustantivo femenino compuesto con los sustantivos “corcho” (tejido vegetal, especialmente el del alcornoque) y “lata” u “hojalata” (“lámina de hierro o acero estañada por las dos caras”), y a pesar de que este adminículo ya no incluya, entre sus partes, el corcho, sigue llamándose “corcholata”, porque el término se ha fijado (herméticamente, vale decir) en el vocabulario del hablante mexicano, sin omitir que mucha gente le dice “tapa” y sanseacabó.
Posibilidad para todos
El 12 de julio de 2021, en Villahermosa, Tabasco, al referirse a sus probables sucesores en la Presidencia (obviamente del partido político que le pertenece), López Destapador dijo lo siguiente (sin quitarle, pero también sin ponerle, una sola coma a su decir): “La gente tiene fe en el porvenir y eso es muy importante y ya lo que falta es consolidar lo que se ha avanzado, terminar obras y entregar la estafeta y esa es otra cosa también que me tiene tranquilo. Hay muchos, mujeres y hombres, para el relevo. Hay muchos. Todos los que están en el gabinete, gobernadores… ¡Todos tienen posibilidad! Dirigentes parlamentarios… Todos todos todos todos tienen posibilidad. Ahora sí que ya no hay tapados. Yo soy el destapador y mi corcholata favorita va a ser la del pueblo. Esa es la regla. La gente va a decidir en su momento en forma libre, democrática, quién debe representarlos en lo que corresponde al movimiento progresista liberal con dimensión social”.
A partir de esa fecha, el señor se ha referido, una y otra vez, a su acción como “destapar corcholatas”, cosa que aprendió, según refirió, de su paisano Leandro Rovirosa. Ahora bien: ¿las “corcholatas” se “destapan”? o, mejor aún: ¿“destapamos” las “corcholatas”? ¡No, por supuesto!, nos reprende severa (¡y muy encabritada!) la Señora Lógica. Se destapan, estrictamente, las botellas o los recipientes que tienen “tapa” o “corcholata”. Las corcholatas se retiran o se desprenden de los recipientes y botellas para poder liberar el líquido. Pero el presidente López Obrador “puso en la agenda” la expresión “destapar corcholatas”, para referirse a revelar los nombres de los probables candidatos de su partido a sucederlo en 2024, y todo el mundo le ha seguido el juego sin cuestionar ni por un momento esta barbaridad: una contribución más de la política mexicana, y ahora de la 4-T, al trastupije. Los partidos de la oposición (es un decir) le piden a AMLO que, ¡por favor!, no destape corcholatas ajenas, pues (juaristamente) el respeto a la corcholata ajena es la paz.
¡Pero nadie en México dice, por ejemplo, “destápame la corcholata de esta caguama”! Lo que sí dice es “destápame esta caguama”, lo que demuestra que se destapa la botella y no la corcholata, ¡el recipiente y no la tapa, por Dios! Se destapa lo que tiene tapa o corcholata, pero de ningún modo la “corcholata”. Nadie dice tampoco, ¡ni borracho!, “destapé la corcholata de mi chela”, sino “destapé mi chela” y punto. ¡Lo que se destapa es la chela y no la corcholata o tapa!, y, por cierto, para ello, ni siquiera se necesita de un “destapador” (ese utensilio no imprescindible): se puede hacer hasta con otra cerveza (corcholata contra corcholata), hasta con el llavero o la llave de la casa o del coche, hasta con una moneda, hasta con la orilla de la banqueta, ¡hasta con los dientes!
Mala pasada semántica
El yerro, como otros tantos de López Obrador, tiene que ver con la ausencia de lógica. En este caso, surge de la afirmación (que sólo creen los ingenuos) de que el presidente del país ya no tiene un “tapado”, mexicanismo éste que significa, de acuerdo con Gómez de Silva, “candidato político [del presidente] cuyo nombre se mantiene en secreto hasta el momento propicio”. En este sentido, el “tapado” en México es el “delfín” del presidente. El diccionario de la Real Academia Española define el sustantivo “delfín” como el “sucesor, designado o probable de una personalidad importante, especialmente de un político”. De ahí el “delfinato”: condición de delfín o sucesor. Su origen es francés (dauphin) y designaba al primogénito del rey de Francia en tiempos anteriores a la guillotina.
Otra vez, por desdeñar la lógica, la semántica le juega una mala pasada al presidente de la 4-T: ¿Cómo se destapa al tapado (sin que esto tenga que ver con asunto de tunas)? Muy sencillo: en sentido figurado, se le quita la capucha, se le descubre el rostro, y de esta forma se revela a quien ya todo el mundo conocía como el Insigne Ignoto o el Muy Sabido Incógnito. ¡Se destapa al tapado, no a la capucha!, pues el tapado es tapado porque está cubierto por un manto oscuro que es propio del ambiente tenebregoso del poder político.
Confunde el presidente la botella con la corcholata, y él se autonombra “destapador”, en un sentido más que figurado, desorientado, pues el mexicanismo “destapador” designa al “utensilio que sirve para abrir botellas de tapa metálica”, ya que el verbo transitivo “destapar”, de acuerdo con el DEUM, se refiere a “quitarle a algo la tapa, el tapón o la cosa que lo cubre o cierra”. Ejemplo muy mexicano del uso de este verbo en ese digno diccionario: “Cuando acaben de pintar la casa podremos destapar los muebles”. (Obviamente, en este ejemplo, “destapar” equivale a quitar a los muebles las lonas, cartones, trapos, plásticos, etcétera, con los que se les cubrió para que no se mancharan o pringaran de pintura.)
La otra mala jugada que le hace la semántica a Su Alteza Morenísima es el destino de la corcholata cuando se destapa una botella. Ese destino es el bote de basura o, sin educación cívica, la acera o el asfalto. Dura vida, muy dura, la de la corcholata: ser útil mientras está, literalmente, pegada al vidrio, y luego ir a parar
al basurero…y no precisamente
de la historia.

Juan Domingo Argüelles
Poeta, ensayista, lexicógrafo y editor; también divulgador y promotor de la lectura. Es autor de "¡No valga la redundancia!" (2021), "El vicio de leer" (2022), "Más malas lenguas" (2023) y "Epitafios" (2024). Ha recibido el Reconocimiento Universitario de Fomento a la Lectura (2019), así como distinciones del INAH y del Gobierno de Quintana Roo (2024), y la Medalla Wikaráame al Mérito Literario en las Lenguas de América (2025).
Columna Campus: "Fabulaciones"
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