El pasado 23 de abril, la misma semana en que el Senado mexicano suspendió la sesión para presentar la primera iniciativa de Ley de IA del país, The New Yorker publicó un artículo que lleva días circulando entre educadores y padres de familia en Estados Unidos y Europa. Su título es una pregunta: ¿Qué se necesitará para sacar la IA de las escuelas? Lo escribe la periodista Jessica Winter, y su argumento central es directo: el mundo tecnológico asume que la inteligencia artificial en la educación es necesaria e inevitable. Una cantidad creciente de padres, docentes y científicos cognitivos dice exactamente lo contrario.
No es una posición nostálgica ni reaccionaria. Tiene respaldo empírico.
1,191,000 interacciones · 1,300+ distritos EUA
2,900 IES · 1,529,000 estudiantes
La pregunta del New Yorker no es irracional. Es la pregunta que empieza a hacer quien mira estos números y concluye que algo no está funcionando como se prometió.
La respuesta no es prohibir
El problema con la pregunta —¿hay que sacar la IA de las aulas?— es que asume que esa es una opción disponible. No lo es. La IA ya está en las aulas mexicanas. Con o sin política institucional. Con o sin reglamento. Con o sin que nadie en la junta de gobierno lo haya decidido.
Lo que sí es una opción disponible —y urgente— es gobernarla. Y ahí la situación es muy distinta a la urgencia del problema.
La señal que llegó desde la región
El 14 de abril pasado, la UNESCO lanzó en Santiago de Chile el Observatorio sobre Inteligencia Artificial en Educación para América Latina y el Caribe: la primera plataforma regional del sistema de Naciones Unidas dedicada específicamente a este tema. Sus socios fundadores incluyen al Tecnológico de Monterrey, la CEPAL, el Banco de Desarrollo de América Latina y los ministerios de educación de los 33 países de la región.
La educación debe gobernar la IA."
La pregunta de fondo
El investigador Morgan Polikoff, de la Escuela de Educación de la Universidad del Sur de California, lo formuló con precisión hace dos semanas:
Esa es la preocupación legítima detrás del artículo del New Yorker. Y es también la razón por la que la respuesta no puede ser ni prohibir ni adoptar sin más. Requiere algo más difícil: decidir, con criterio institucional, qué significa usar la IA bien. Cuándo suma al aprendizaje y cuándo lo reemplaza. Cuándo amplía capacidades y cuándo las atrofia. Quién responde por ese criterio, ante quién y con qué procedimiento.
Esa decisión no la puede tomar una plataforma tecnológica. No la puede tomar tampoco el estudiante solo, ni el docente sin respaldo institucional. La tiene que tomar cada universidad, con una política formal que defina límites, responsables y consecuencias.
El debate que el New Yorker abrió esta semana en Estados Unidos lleva meses siendo urgente para México. La diferencia es que, aquí, la conversación todavía no terminó de comenzar. Y cada semana que pasa sin política institucional es una semana más en que la IA gobierna la educación — en lugar de ser al revés.
- Winter, J. (2026, 23 de abril). What will it take to get A.I. out of schools? The New Yorker.
- Securly / Education Week (2026, marzo). Real-time data shows exactly how students use AI on school technology. Análisis de 1,191,000 interacciones en 1,300+ distritos, diciembre 2025 – febrero 2026.
- Polikoff, M. (2026, 19 de abril). AI in schools could be a disaster, but it doesn't have to be. EdSource / USC Rossier School of Education.
- Pew Research Center (2026, febrero). Citado en: Polikoff, M. (2026). EdSource.
- UNESCO (2026, 14 de abril). UNESCO launches the Observatory on Artificial Intelligence in Education for Latin America and the Caribbean. Santiago, Chile: ECLAC.
- Secretaría de Educación Pública (2026, abril). Encuesta nacional sobre uso de inteligencia artificial en instituciones de educación superior. 2,900 instituciones · 1,529,000 estudiantes · 163,000 docentes.
- ANUIES (2024). Estimaciones sobre políticas formales de IA en instituciones de educación superior mexicanas.

Vanessa Medina Armienta
Especialista en regulación, educación superior e inteligencia artificial, con más de 25 años de experiencia en el sector público federal mexicano — SHCP, CNBV, SRE y Cámara de Diputados, entre otras instituciones. Es Directora de Campus Consulting, donde acompaña a universidades mexicanas en el diseño e implementación de políticas institucionales de IA responsable. Licenciada en Relaciones Internacionales por la UNAM, Maestra en Relaciones Internacionales por la Universidad de Nottingham, Reino Unido (Beca Chevening) y Maestra en Consultoría Organizacional y de Negocios por ICE México.
Columna Campus: Un-Common Sense
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