El director de la Unesco, Khaled El-Enany, invitó al papa León XIV a la sede de la organización en París, Francia. El pontífice es un guía espiritual, pero su visita oficial de la semana pasada va más allá del sentido religioso, tanto por las características de la organización a la que acudió como por el discurso que pronunció.
El pontífice, además de ser un líder religioso, es jefe de Estado del Vaticano y una voz relevante en el mundo, pero no es frecuente su presencia en una organización como la Unesco. Esta última, como se sabe, es la agencia especializada de la Organización de las Naciones Unidas para promover la educación, la ciencia, la cultura y la comunicación.
En 1980, Juan Pablo II visitó la Unesco; en ese entonces fue invitado por su activismo y su reconocida autoridad moral. De aquel discurso perdura la frase: “La educación consiste, en efecto, en que el hombre llegue a ser cada vez más hombre, que pueda ‘ser’ más y no sólo que pueda ‘tener’ más” (02.06.1980 y aquí se puede ver: t.ly/cez0h).
Ahora, la presencia del papa León XIV en la Unesco parece estar motivada por los riesgos que se advierten en el uso creciente e incierto de la tecnología y de los algoritmos, en especial por los efectos que puede tener en niños y jóvenes. Una preocupación compartida por los gobiernos nacionales y por las familias.
Las expresiones del papa León XIV fueron elocuentes e ilustrativas de los desafíos de la tecnología. Pero, en realidad, no es la primera vez que se pronuncia al respecto. Seguramente, lector, lectora, recordará que hace apenas cuatro meses presentó su primera carta encíclica Magnifica humanitas y cuyo subtítulo es “Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial” (aquí la puede consultar: t.ly/7lCJ0).
Las encíclicas son documentos oficiales en los que un pontífice expresa su pensamiento sobre la fe, la moral y la vida social, no solamente dirigido a la comunidad católica, sino también a toda la sociedad. La magnífica Humanitas se integra por casi medio centenar de páginas, divididas en cinco capítulos y 245 párrafos.
Uno de los puntos más relevantes de la encíclica es el que se refiere a la tecnología. Por ejemplo, destaca que esta debe estar al servicio de la persona y no convertirla en un objeto. La inteligencia artificial, se anota en el documento, no es neutral: puede educar y aliviar sufrimientos, pero también puede producir exclusión, injusticia y concentración de poder. La orientación de la tecnología depende de quienes la diseñan, financian, regulan y utilizan.
Una concentración de poder que tiene sus peligros: “el control de las plataformas, las infraestructuras, los datos y la capacidad de cálculo no es prerrogativa de los Estados, sino de grandes actores económicos y tecnológicos que, de hecho, determinan las condiciones de acceso, las reglas de visibilidad y las mismas posibilidades de participación” (párrafo 95).
El pontífice, en su reciente discurso en la Unesco, reiteró las amenazas que se ciernen sobre el mundo y la importancia de poner la inteligencia artificial y el avance tecnológico al servicio de la humanidad. Pero su eje fue el papel de la educación, la ciencia y la cultura para la convivencia internacional.
León XIV destacó la situación paradójica en la que nos encontramos: las tareas que realizábamos se las hemos delegado a las máquinas, al punto de llamar inteligencia a sus actividades, pero “mientras se atribuye ‘inteligencia’ a los sistemas computacionales, nos cuesta reconocer la dignidad inalienable de las personas, cuyas vidas se juzgan según el criterio de la eficiencia y, cuando se considera que ya no son productivas, son rechazadas y descartadas” (25.09.2026).
El llamado del papa es a la cooperación, sin desconocer la diversidad de perspectivas, pero sí a la búsqueda de una convergencia de visiones y armonía para la acción. El pontífice utilizó dos imágenes bíblicas para ilustrar el dilema: la Torre de Babel y la plaza pública de Pentecostés.
En la primera, donde la humanidad busca construir unidad a través de la imposición y termina dividida; en la segunda, donde la diversidad de lenguas no desaparece, pero puede convertirse en comprensión y encuentro. “No es la dominación de Babel, sino la paz de Pentecostés, la que hace posible esta comunión entre todos los pueblos”, puntualizó el papa.
La idea, precisó el pontífice, no es eliminar las diferencias culturales, lingüísticas o nacionales, sino lograr la cooperación en vez del conflicto. Tampoco se trata de un optimismo ingenuo que ignora las dificultades, sino de perseverar en la búsqueda del bien común. Palabras dirigidas especialmente a los jóvenes.
El actual desafío de la tecnología, como se podrá advertir, convoca al mundo entero a pronunciarse y el papel de la educación, de los sistemas educativos, es insoslayable.
Pie de página: Este 29 de septiembre se cumplieron 20 años de que el Consejo Universitario de la UNAM aprobó el cambio de denominación de Centro de Estudios sobre la Universidad a Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación. Las primeras dos décadas de mi instituto.

Alejandro Canales
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