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El neoliberalismo visto por un tuerto

La llamada "izquierda" sacude del país las prácticas de este sistema... mientras por debajo recoge lo que va cayendo

1. El neoliberalismo es ese fantasma que recorre el mundo y que “las izquierdas” condenan y combaten, mientras sus integrantes aprovechan para llenarse los bolsillos, entre tanta confusión y tan gran espanto, pues antes de acabar para siempre con el fantasma hay que aprovechar sus beneficios.

2. El neoliberalismo es ese sistema político y económico que reparte miseria a los pobres y que concede propiedades, privilegios, negocios, cuentas bancarias, inversiones, acumulación de riqueza, plusvalía, lujos y tantas minucias más a muchos de los que dicen combatirlo con dientes fieros (o de dientes para afuera): esos que, ya en el gobierno (morenista en México, podemita en España), se niegan a revelar el monto de sus bienes con el que el fantasmal neoliberalismo los ha agraviado. Es que les da pena esa humillación de ser ricos o privilegiados “de izquierda”, priistas conversos, camaradas con beneficios.

3. El neoliberalismo es el pretexto perfecto para mostrar cuán nobles personas somos porque odiamos la desigualdad, pero sin tener que renunciar a nuestros privilegios.

4. El neoliberalismo es ese aguacero con ventoleras que nos arrebata el paraguas a las puertas de nuestro automóvil de lujo; esa tormenta que cae por igual sobre todos, pero que azota con furia a los pobres que no tienen ni paraguas ni automóvil, pero con quienes nos “identificamos” sin sentirnos obligados a invitarlos a subir a nuestro automóvil.

5. El neoliberalismo le ha dado cinco casas, tres departamentos, siete terrenos, dos flotillas de taxis, seis cuentas bancarias con inversiones, cuatro automóviles de lujo, tres coches de colección y otras cosillas más al diputado o al senador “de izquierda” que, cuando sube a la tribuna, tonante condena “las formas insultantes de la desigualdad aberrante que ocasiona el neoliberalismo”. ¡Bravo, diputado!; ¡bravísimo, senador!

6. El neoliberalismo es una enfermedad de los otros, no de uno: de los que no quieren darse cuenta de que estaríamos mejor en el feudalismo o en el zoocialismo. Uno, en cambio, consciente de los problemas sociales, militante de “la izquierda”, combatiente del capitalismo y sus armas melladas, acumula bienes y plusvalía únicamente (y esto con mucha conciencia de clase) para enfrentar, con éxito, los peores tiempos del neoliberalismo; no por otra cosa.

7. El neoliberalismo es la flatulencia que nos tiramos disimuladamente haciendo sospechosos a todos los que nos rodean, mientras decimos, torciendo la nariz: “¡Qué feo apesta el neoliberalismo!”.

8. Hay que acabar con el neoliberalismo y si, para conseguir la igualdad, es necesario que todos seamos pobres, hay que renunciar a nuestros bienes y privilegios. Pero, desde “la izquierda”, quienes odian el neoliberalismo, están esperando que alguien dé el primer paso en esa renuncia y tire la primera casa, el primer Ferrari, la primera empresa, la primera cuenta de inversión. ¡Ah!, pero nadie lo hace. Entonces, en tanto alguien se anima a ello, sigamos en lo nuestro: acumulando todo lo que el neoliberalismo nos permita, para cuando ya no haya neoliberalismo.

9. El neoliberalismo es injusto. “A mí” (dice un recalcitrante senador “de izquierda”), “sólo me ha dado una flotilla de taxis y una gasolinera; en cambio, hay otros camaradas que tienen seis flotillas de taxis y diez gasolineras”. ¡A eso se le llama desigualdad!

10. Al igual que el dinero en papel, ya muy usado, ya muy pasado por sabrá Dios cuántas cochinas manos, el neoliberalismo huele mal. “No tanto como algunas partes del cuerpo a las que no les da el sol”, dice un funcionario, que asegura no ser burócrata, sino sólo un noble militante “de izquierda” que acompaña convencido al gobierno, mientras éste lo castiga ¡y lo mortifica! con un salario mensual bruto (a igual capacidad, igual salario) de más de 139 mil pesos por estar al frente de una empresa gubernamental que combate fieramente, con voz estentórea, al neoliberalismo.

11. Hay que tener cuidado con el neoliberalismo, que es bien traicionero: en cualquier momento te tienta como a San Antonio y te hace propuestas que no puedes rechazar: por ejemplo, los sueldazos en secretarías, subsecretarías o direcciones generales. Por fortuna, ¡ay, cuánto alivio, Marx mío, Lenin mío!, en este gobierno ya no hay neoliberalismo.

12.“¡Maldito neoliberalismo! De no ser por él, yo sería menos privilegiado y más congruente”, dice una víctima de él, en tanto consulta la hora en su Rolex.

13. Hay que evitar el trato con neoliberales. En cualquier momento se te pega algo de ellos. Por ejemplo, el gusto de vivir en un precioso chalé de 600,000 euros. Esto pensaba el Coletas Pablo Iglesias Turrión, en España, mientras, junto a la piscina, tomaba champaña con su camarada Irene Montero, y esto mismo, ¡pero qué coincidencia!, meditaba un alto funcionario del gobierno morenista, en México. ¡Flagelando su conciencia, claro!

14. El neoliberalismo: “¡Fuchi caca!”, dijo un connotado antineoliberal con finísima retórica, y es que el neoliberalismo es útil hasta para justificar nuestra pobreza léxica. Los términos que no usamos, cuyo significado ignoramos (“empatía”, “holístico”, “resiliencia”) son sin duda neoliberales.

15. “Vean a Venezuela. Allá no hay neoliberalismo ¡y la gente es feliz!”, dice un escritor “rebelde” (jeje), ferviente vasallo del madurismo y el chavismo, que vino a México a una feria del libro (organizada, obviamente, por el priismo morenista). Y añade: “Lo que pasa es que la prensa neoliberal no para de decir mentiras contra el camarada Maduro”.

16. Cuando se acabe el neoliberalismo, todos seremos dueños de todo y nadie será dueño de nada. Es la aspiración más grande de “la izquierda” mosquetera: todo para todos y nada para nadie. Con un solo amo amado y venerado: el Estado. “¡Cuánta felicidad! Como en Corea del Norte”, expresa, maravillado, un senador del PT.

17. Un escritor comprometido ha hecho un poema de largo mal aliento contra el neoliberalismo. Pero se queja de que no le pagaron nada por su composición. ¡Y todo por culpa del neoliberalismo, que desprecia el valor del arte comprometido y militante! “¡Pero cuando se acabe el neoliberalismo, las cosas serán distintas!”, exclama y añade: “el Estado al servicio del pueblo, apoyando el arte revolucionario, como lo hizo el padrecito Stalin”.

18. Si no existiera el neoliberalismo, todos seríamos más felices. Pero, para nuestra desgracia, existe. “Hay que combatirlo, ¡sí, señor!”, exclama convencido un gobernador emanado del partido oficial y rodeado por camaradas y colaboradores que asienten igualmente convencidos. “¡Sí, señor!, hay que combatirlo”, repite el góber, consciente, congruente, mientras levanta la diestra y le muestra al mesero del gran restaurante su copa vacía, para indicarle, sin palabras, que lo ha dejado huérfano y que ¡ya no se haga el ciego! y le sirva otra igual.

19. Todo se vende en el neoliberalismo: ¡hasta el alma!, ¡pero no la convicción! “Yo por eso soy antineoliberal”, dice otro escritor revolucionario enfundado en su camiseta con la efigie del “Che” (“tengo una remera del Che, pero no sé por qué”, dicen que dicen en Argentina), y agrega: “Puedo vender mi alma, ¡pero mi convicción, jamás!”.

20. El neoliberalismo es el petate del muerto que se agita y se sacude con la izquierda mientras se recoge todo lo que cae con la derecha.

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