Después de las elecciones, comienzan a perfilarse las políticas en materia de educación superior del próximo gobierno, así como las promesas que podrían ser difíciles de cumplir
El más importante documento de la campaña electoral de Claudia Sheinbaum fue Cien pasos para la transformación. Se trata de un voluminoso texto (381 pp.) que incluye dos instrumentos principales: el enunciado breve, casi lacónico, de ese centenar de promesas electorales, así como el llamado Proyecto de Nación 2024-2030. Los primeros sirvieron para enmarcar los llamados “Diálogos para la Transformación”, cuya coordinación en la parte correspondiente a educación, ciencia y tecnología estuvo a cargo de la doctora Rosaura Ruíz. El Proyecto, por su parte, desenvuelve en quince capítulos lo que, previsiblemente, podrían ser las líneas del próximo Plan Nacional de Desarrollo, y estuvo a cargo de Lorenzo Meyer y Violeta Vásquez Rojas (en lo que se refiere a ciencia, tecnología y humanismo), así como por Francisco Pérez Arce, (educación para la transformación).
En lo que corresponde a los compromisos, y bajo el título de “República Educadora, Humanista y Científica”, se incluyen once, cuatro de ellos dedicados a educación superior y ciencia. Una mención sintética sería la siguiente: a) una ampliación al número de becas para estudiantes de ese nivel, hasta llegar a la cifra de un millón; b) un incremento para el nivel de posgrado; c) la gratuidad para “todos los sistemas de educación superior pública del país”. Esto incluiría el fortalecimiento de las universidades Benito Juárez, la expansión nacional de las universidades Rosario Castellanos y de la Salud, y un incremento de matrícula de 300 mil estudiantes, en el sexenio; d) México se convertirá en “una potencia científica y de la innovación”.
En la parte del Proyecto de Nación se precisan esos compromisos bajo el rubro de “propuestas y acciones de gobierno”. Así, se indica que: a) se dará una ampliación de la cobertura y de la oferta de educación superior; b) se creará el Sistema Nacional de Becas, incluyendo este el correspondiente al posgrado; c) las nuevas universidades públicas se establecerán en “entidades y regiones con mayores rezagos en educación superior”.
Al mismo tiempo, esos compromisos y acciones desembocan en metas para el año 2030, algunas muy relevantes. Tal es el caso de la llamada cobertura bruta de la educación superior que llegaría “al menos a un 55 por ciento”, frente al 43 por ciento actual. La absorción de egresados de la media superior (actualmente situada en 51 por ciento) se elevaría al 75 por ciento.
Comentarios
Promesas y Dinero: Los números y proporciones ya mencionados indican crecimientos muy dinámicos en algunas partes del sector de educación superior, mismos que suponen erogaciones con altos incrementos presupuestales. Si se toma en cuenta que, a lo largo del presente sexenio, los sectores de educación superior y de ciencia y tecnología no tuvieron incrementos reales en el Presupuesto de Egresos de la Federación, lo propuesto parece desmesurado, aun entendiendo que se trata de un documento de campaña y, por ende, de intención persuasiva. Tal vez por ello, y reconociendo implícitamente que el Poder Ejecutivo federal no puede financiar todo, se condiciona a que estas acciones se desarrollen conjuntamente con las autoridades estatales y las propias instituciones de educación superior. Para ello se utilizan como sinónimos los términos: “coordinación”, “colaboración”, “concurrencia”.
En el caso de la gratuidad y obligatoriedad de la educación superior, la gran aportación de la reforma constitucional de 2019, el término “gradualidad”, sigue siendo un severo condicionante para los próximos años. El tema principal en todo lo anterior pasa por las finanzas públicas nacionales, lo referente a participaciones y aportaciones, y la capacidad de respuesta de estados y municipios en ese terreno. Los Cien Compromisos no abordan este punto. En síntesis, la escasez de recursos económicos (particularmente si no se emprende una reforma fiscal) torna muy difícil que algunas de las promesas de campaña puedan concretarse en el corto plazo.
Nombramientos: La designación paulatina de miembros del gabinete tuvo una muy buena acogida en la primera etapa. El nombramiento de la doctora Rosaura Ruíz al frente de la nueva Secretaría de Ciencias, Humanidades, Tecnología e Innovación, resultó natural, dado que tuvo a su cargo esa función dentro de los Diálogos para la Transformación. Para el día de hoy, la tercera etapa (escribo esto el martes), posiblemente ocurra la designación del o la titular de la Secretaría de Educación Pública. ¿Sería alguno de los tres ya mencionados quienes tuvieron responsabilidades específicas dentro del Proyecto de Nación?

Carlos Pallán
Ex rector de la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Azcapotzalco), Ex secretario General Ejecutivo de la Anuies.
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