Antecedentes de la reforma curricular. Hacia la reforma integral de la educación básica

El camino que condujo a ese resultado comprende las dos administraciones encabezadas por presidentes del PAN: la de Vicente Fox Quezada (2000-2006) y la de Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012).

La reforma integral de la educación básica de 2011 fue una culminación de lo ocurrido en materia educativa en los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón

El 19 de agosto de 2011 se publicó, en el Diario Oficial de la Federación, el “Acuerdo número 592 por el que se establece la Articulación de la Educación Básica”, documento en que se cristaliza el proyecto de reforma integral de la educación básica definida sintéticamente, en ese texto, como “una política pública que impulsa la formación integral de todos los alumnos de preescolar, primaria y secundaria con el objetivo de favorecer el desarrollo de competencias para la vida y el logro del perfil de egreso, a partir de aprendizajes esperados y del establecimiento de Estándares Curriculares, de Desempeño Docente y de Gestión.”

El camino que condujo a ese resultado comprende las dos administraciones encabezadas por presidentes del PAN: la de Vicente Fox Quezada (2000-2006) y la de Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012). Conviene anotar, de inicio, que la propuesta de reforma integral de la educación básica si bien está presente desde el inicio de la administración Fox y encuentra condiciones de continuidad y resolución en el gobierno de Calderón, no fue desarrollada conforme a un plan maestro que tuviera suficiente claridad sobre las etapas, metas parciales, condiciones y recursos requeridos. Se trató, más bien, de procurar la implementación de tramos de la reforma y, posteriormente, de establecer el programa de articulación.

El Programa Nacional de Educación 2001-2006 enuncia el objetivo general de “desarrollar en todos los niños y jóvenes mexicanos el conocimiento de nuestra realidad multicultural, impulsar el reconocimiento y fomentar la valoración de que la diversidad sustenta nuestra riqueza como nación”. En el documento se propone como finalidad el desarrollo de una “política de articulación de la educación básica” consistente en la “revisión y adecuación curricular de materiales educativos, así como de prácticas educativas en el aula y en la escuela, que permitan dar continuidad pedagógica y de contenidos a la educación básica, desde el nivel preescolar hasta la enseñanza secundaria”; y se plantea la prioridad de emprender “una nueva propuesta curricular para la educación secundaria, ampliamente consensuada, congruente con los propósitos de la educación básica, que considere las necesidades de los adolescentes y genere oportunidades de aprendizaje que permitan el fortalecimiento de habilidades básicas y superiores, necesarias para continuar aprendiendo a lo largo de la vida.” La reforma propuesta habría de iniciar, por consiguiente, con la modificación del currículum de secundaria.

En noviembre de 2002, la Subsecretaría de Educación Básica y Normal de la SEP dio a conocer el texto “Reforma Integral de la Educación Secundaria. Documento Base”, que presentaba un diagnóstico general de las características de la educación secundaria y argumentaba en torno a la necesidad de la reforma curricular, organizativa y de gestión escolar. Dos años después se presentó la propuesta de un nuevo plan y programas de estudio. Como señalan Francisco Miranda y Rebeca Reynoso, esa propuesta fue “objeto de diversas críticas dando lugar a un conglomerado opositor que, sin ser un frente orgánico, generó un ambiente poco propicio para su operación”. En particular se cuestionaba la reducción en el currículum de los cursos de historia y de formación cívica y ética; también fue objeto de polémica el tratamiento insuficiente de la geografía nacional en la asignatura correspondiente. El SNTE se quejaba, además, de la ausencia de una consulta a los docentes para la configuración del plan y los programas (F. Miranda y R. Reynoso, “La reforma de la educación secundaria en México. Elementos para el debate”, Revista Mexicana de Investigación Educativa, núm. 25, 2006).

Tras el fracaso de la reforma integral de la educación secundaria de 2004, se reconsideró el método para su diseño. En convenio con el SNTE se llevó a cabo, en 2005, la Consulta Nacional sobre la Reforma Integral de la Educación Secundaria. Según cifras oficiales, en dicha consulta participaron más de medio millón de personas. Lo más importante, sin embargo, fue la apertura de una comisión SEP-SNTE que convendría el diseño final de la Reforma de la Educación Secundaria hacia al final del sexenio.

Como resultado del proceso de negociación y convergencia, el 26 de mayo de 2006 se publicó en el Diario Oficial de la Federación el acuerdo secretarial que oficializaba el nuevo plan y programas de estudios para la educación secundaria. El extenso documento (362 páginas), además de presentar la malla curricular para ese nivel de estudios, en que el elenco de materias no cambia sustancialmente el plan anterior (español, matemáticas, ciencias, historia, geografía, formación cívica y ética, lengua extranjera, educación física, artes, tecnología, orientación y tutoría, y asignatura estatal), se presenta una guía didáctica general para la tarea docente. En ella se presenta el enfoque de las materias, las formas de evaluación de los aprendizajes, así como orientaciones didácticas para lograr objetivos de conocimiento, aplicación práctica y articulación entre disciplinas. Se sugieren, asimismo, el tipo de actividades que pueden conducir al logro de los objetivos de comprensión y apropiación de las materias, así como, en para cada asignatura y nivel, los aprendizajes esperados.

Como en noviembre de 2002 se aprobó la reforma constitucional que integró el nivel de preescolar (de tres grados) a la enseñanza obligatoria, fue necesario el diseño e implementación de programa oficial de educación preescolar. El documento correspondiente se publicó en el DOF. Lo novedoso del plan es su organización curricular por competencias, para cada grado, y la definición de contenidos por “campos formativos”. Los que se consideran son: desarrollo personal y social; lenguaje y comunicación; pensamiento matemático; exploración y conocimiento del mundo; expresión y apreciación artística; desarrollo físico y salud.

Quedó pendiente la reforma curricular de la primaria y la propuesta de articulación de la educación básica, ello será elaborado en el siguiente sexenio.

Primera entrega de la serie
Segunda entrega
Tercera entrega

Acerca del autor
Roberto Rodríguez Gómez
UNAM Instituto de Investigaciones Sociales | roberto@unam.mx

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