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Analiza experto Cetys machismo y misoginia: similitudes, diferencias y daños

En un contexto como el actual, es necesario cuestionar si las agresiones a las mujeres son consecuencia de una misoginia latente en una mayoría de hombres machistas a los que nada ni nadie les ha puesto un alto

Hasta hace unas décadas, en Occidente, el papel de la mujer era la dedicación en exclusiva a la crianza de los hijos y el cuidado del marido. Ahora mismo en el siglo XXI, del cual se ha dicho que será el siglo de las mujeres, en algunos rincones del planeta ellas deben ir totalmente cubiertas. ¿Se le puede llamar a esta situación una aberración machista o va mucho más allá, hasta la misoginia atroz?

De acuerdo con la Real Academia de la Lengua, el misógino es alguien que odia a las mujeres, manifiesta aversión hacia ellas o rehúye su trato.

En un contexto como el actual, en el que los feminicidios son más que una estadística, “debemos preguntarnos si las agresiones a las mujeres son consecuencia de una misoginia latente en una mayoría de hombres machistas a los que nada ni nadie les ha puesto un alto”, consideró el Dr. Josman Espinosa Gómez, docente investigador de la Escuela de Psicología de Cetys Universidad Campus Mexicali.

Mientras que el machismo consiste en conductas, creencias y comportamientos que promueven, reproducen y refuerzan formas discriminatorias contra las mujeres, al mismo tiempo que crean una polarización de los roles y estereotipos que definen lo masculino de lo femenino, la misoginia es la aversión, odio y creencia de que los hombres son mucho mejores que las mujeres. Ambos promueven conductas, creencias y comportamientos discriminatorios contra las mujeres.

Pero, no son lo mismo. Mientras que la misoginia se fundamenta en el odio hacia la mujer, el machismo no tiene que estar necesariamente basado en el odio, sino suele estar asociado a una serie de dinámicas relacionales de control y/o sumisión que han sido normalizadas a lo largo del tiempo.

Debido al aumento de la presencia femenina en el ámbito laboral, la misoginia se ha puesto más de manifiesto en los últimos años porque el hombre tiene que relacionarse más con la mujer y por lo tanto tiene más oportunidades de demostrar su aversión o de rehuir su trato. Este tipo de patologías provienen de la evolución de la sociedad. Las circunstancias cambian, pero quedan residuos del pasado, ideas equivocadas que se adquieren por aprendizaje, siendo la misoginia un concepto erróneo que se mama en casa.

“Tenemos que aprender a distinguir la delgada línea que separa el machismo de la misoginia, sus límites, a veces, son inexistentes. Muy a menudo, el machista es un claro misógino. Según los psicólogos, tras todo misógino hay un hombre inseguro, originado del miedo a perder su posición de poder, añadido quizás a cierto complejo de inferioridad. El comportamiento del misógino se dirige directamente a mostrar y exhibir su superioridad infravalorando, e incluso llegando a humillar a la mujer”, detalló el especialista.

El yo débil que caracteriza al misógino frecuentemente utiliza mecanismos de defensa como la inhibición y la represión, a menudo enclaustrados en un clima de celopatía. El odio a la mujer es manifestado, sobre todo, en el terreno profesional. Muchos hombres no aceptan el acceso de la mujer a puestos de mayor responsabilidad, y este recelo puede fácilmente transformarse en odio puro, lo cual se traduce en hacerles la vida imposible a sus novias, a sus mujeres o a sus compañeras de trabajo.

En algunas zonas del mundo, principalmente en Oriente Medio, la misoginia se ha institucionalizado bajo el régimen talibán, manifestándose en las conductas de la mujer, siempre al servicio del varón, donde incluso parece ser considerada mala y culpable por naturaleza, mientras que al hombre en general se le considera una persona razonable y religiosa, y no reconoce ninguna patología o defecto en su trato hacia ellas.

“Mientras estas injusticias sigan vigentes en el mundo, no podremos considerar el siglo XXI como el siglo de las mujeres. Pero no es necesario viajar a otras latitudes para detectar comportamientos misóginos, ya que entre el machismo y la misoginia solo hay un pasito, si no lo creen, pueden revisar decenas de casos de asesinos de mujeres”, concluyó el docente.

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