La tecnología, el tema de género y el cambio en diversos paradigmas universitarios hacen prioritaria una renovación para mantenerse a la vanguardia
Además de las disposiciones normativas que exigen una actualización constante de los planes y programas de estudio, y del prosaico impulso que a veces generan los procesos de acreditación, podemos considerar razonable que en la actualidad los impulsos para la renovación curricular universitaria se han incrementado.
En la educación superior mexicana hay cuatro impulsos para la actualización y reforma de los planes y programas de estudio.
La actualización disciplinaria, que supone nuevas teorías, metodologías, técnicas, instrumentos, etcétera. Esta es continua y diferente entre disciplinas.
La actualización que deriva de las prácticas profesionales, tanto las dominantes, como las que derivan de la prospectiva sobre prácticas emergentes o nuevos yacimientos de empleo.
La actualización tecnológica, que precise los saberes digitales propios de la disciplina; que establezca los dispositivos específicos de la carrera y la profesión; que determine el hardware y el software para la enseñanza en cada programa de estudios; que establezca las bibliotecas electrónicas, las fuentes de información y las páginas web confiables y veraces en cada campo; que oriente la actualización de los centros de cómputo de las facultades.
La actualización que deriva de los nuevos paradigmas universitarios, que suponen la reforma de género, el predominio de derechos humanos, la interculturalidad, el cuidado y protección del medio ambiente, la cultura para la paz y no violencia, y otras que se desprenden de la Ley general de educación superior. Son reformas profundas, que exigen cambios a nivel de los contenidos escolares, de la organización de las actividades de aprendizaje y de la vida cotidiana escolar; en tanto reformas curriculares refieren tanto al contenido de la enseñanza, como a las prácticas escolares.
La reforma de género supone, por ejemplo cambio de bibliografías y referentes de ejemplos y liderazgos científicos para revalorar a las mujeres científicas de cada campo; la eliminación de estereotipos y estigmas de género en ejemplos, explicaciones, discursos y reglamentos escolares; la eliminación de estereotipos de género en prácticas académicas, formas de convivencia y relaciones escolares (comentarios, chistes, bromas misóginas); el uso de lenguaje inclusivo en el aula y en los espacios universitarios; la pohibición del acoso y hostigamiento escolar en las clases.
La reforma de derechos humanos supone prácticas y relaciones escolares respetuosas, solidarias, de camaradería, que favorezcan la colaboración y la cooperación. Exige el cambio en la vida cotidiana escolar para eliminar estereotipos y prejuicios ligados a la raza, a la clase social, al color de piel, al origen geográfico, al género, la opción sexual o la religión de las personas. En el mismo sentido tanto el currículum formal como el currículum oculto deben transformarse. La reforma de derechos humanos debe impulsar transformaciones sustantivas de los reglamentos escolares y terminar con estigmas, estereotipos, señalamientos y castigos. Se deben desarrollar prácticas democráticas en las aulas.
Interculturalizar el currículum supone incorporar nuevas bibliografías que recuperen la visión y perspectiva de los pueblos originarios, de las comunidades marginadas y de las perspectivas no hegemónicas. La escuela debe favorecer prácticas interculturales que respeten, valoren y promuevan la diversidad cultural. Las habilidades interculturales no sólo favorecen el reconocimiento de las culturas originarias, sino también de las culturas de otros países, también tienen un carácter internacional. La Ley nos exige eliminar los actos, símbolos y representaciones sociales discriminatorias, xenofóbicas y racistas.
Es obligatoria una profunda reforma curricular en torno a las cuestiones del medio ambiente; no sólo es indispensable construir una conciencia ambiental, sino es imperioso desarrollar nuevas prácticas de ahorro, reciclaje, uso racional de los recursos, y también es necesario pensar en la restauración y recuperación de ambientes y entornos. Debemos enseñar tecnologías limpias y dejar de enseñar el uso de tecnologías sucias; nuestros egresados deben observar su huella ambiental y generar prácticas profesionales responsables y comprometidas con el cuidado y la restauración.
La reforma escolar que demanda la Ley supone nuevas formas de convivencia en las aulas y en las escuelas, donde predomine el respeto y la solución pacífica de las diferencias y problemas; en cada salón de clases debe haber espacios de diálogo y discusión fundados en la confianza mutua, en donde se confronten las ideas y argumentos y siempre haya la disposición al cambio. Debemos promover el diálogo, la comprensión, y la búsqueda colectiva de las soluciones a los problemas.
Como puede observarse, la agenda de transformaciones curriculares que implican las actualizaciones y las reformas enunciadas es grande y una demanda ineludible para el nuevo gobierno, que tendrá la obligación de hacer avanzar la enseñanza y cumplir y hacer cumplir la Ley general de educación superior.

Miguel Casillas
Es licenciado en Sociología por la FCPyS de la UNAM, Maestro en Ciencias por el DIE-CINVESTAV-IPN, y doctor en Sociología por la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) de Paris. Es socio del Consejo Mexicano de Investigación Educativa A.C., se interesa por temas como la educación superior, historia institucional, políticas educativas y agentes educativos y profesores, estudiantes y TIC.
Es investigador en la Universidad Veracruzana y Coordinador del Doctorado en Innovación en Educación Superior del Centro de Investigación e Innovación en Educación Superior de la Universidad Veracruzana (CIIES-UV) del 10 de febrero del 2020 a la fecha.
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