1• Como se reconoce ampliamente, uno de los acontecimientos más relevantes para el Estado Mexicano, durante la postrevolución, fue la fundación de la Secretaría de Educación Pública, en 1921. El rector de la Universidad Nacional, José Vasconcelos fue fuertemente apoyado por el presidente de la República, Álvaro Obregón. Ambos fueron los artífices principales de ese hito institucional. Dentro de las tantas acciones realizadas durante ese cuatrienio, sobresale una: el establecimiento de la Escuela Secundaria Federal (ESF), como un ciclo de estudios separado de la escuela primaria, o una ampliación de esta última. Su antecedente viene desde el siglo XIX, con la Escuela Nacional Preparatoria (ENP) y las acciones que, en esa línea, se desarrollaron en el porfiriato, especialmente con Justo Sierra, hasta llegar a los gobiernos de Carranza, Obregón y Calles.
Fue durante el gobierno de Calles que se concreta la idea de la ESF como una dependencia de la propia SEP, asignándole para ello una estructura específica de nivel departamental. El impulso final proviene de un personaje sui generis en el México de aquella época: educador y, en amplia medida, un hombre de acción, quien en los escasos cuatro meses que ocupó el cargo de titular de la SEP tuvo una obra que envidiarían muchos de los secretarios que han ocupado ese mismo puesto desde entonces. Se trata de Moisés Sáenz. La próxima semana, me referiré a este personaje y su obra principal, la ESF. Por lo pronto, veamos los orígenes de aquella institución.
2• La creación de la secundaria como un ciclo autónomo (fuera de la ENP) fue aprobada por una ley de octubre de 1915, mientras el presidente Carranza despachaba desde el puerto de Veracruz. Como en otras tantas acciones de ese periodo, el proyecto de la secundaria no pasó a mayores, al igual que otro de autonomía de la Universidad Nacional. Fue con Obregón y Vasconcelos, en ese México de reconstrucción nacional, que se crearon y echaron a andar muchas e importantes instituciones (el Banco de México, bancos de crédito agrícola y ejidal, ley de irrigación, programa carretero, y otros), que la idea de la secundaria resucita. En 1923, Bernardo Gastélum, subsecretario de la SEP, fuertemente apoyado por Vasconcelos, presenta un proyecto ante el Consejo Universitario para reformar el plan de estudios de la ENP (esta formaba parte de la SEP, al igual que la Universidad Nacional).
Según la propuesta, la secundaria se concebía como un ciclo de continuación de la llamada “primaria superior”. Algunas de sus características consistían en tener una duración de tres años, no sería obligatoria y su principal objetivo sería que las personas allí formadas adquirieran “los medios que ayudan a cada uno, para beneficio individual y colectivo, a llegar a ser agentes útiles en la producción, distribución y circulación de las riquezas, así como los ejercicios y actividades indispensables para mantenerse sano y reducir las deficiencias de cada cual”. Así, en la ENP la educación preparatoria se impartiría en dos ciclos: el básico, con el objetivo ya enunciado, y concebido como de “preparación general para la vida”; y el profesional, mismo que serviría “para el estudio de las carreras universitarias y una formación, que ponga de manifiesto su grado de cultura…”.
3• La propuesta de Gastélum, una vez aprobada en el Consejo Universitario, la promulga Vasconcelos en diciembre de 1923. Con ello se dejaban atrás otros intentos de reforma como los del director de la ENP, Lombardo Toledano, quien convocó a un Congreso Nacional de Educación Preparatoria, cuya principal conclusión fue la de aprobar un plan de estudios para las escuelas de esa misma naturaleza en todo el país. Con esto, se indicaba que el ciclo preparatorio constaría de seis años, proponiendo específicamente los cursos que se impartirían en cada uno de ellos.
Empero, y no obstante la aprobación final de la propuesta de Gastélum, sobrevino una intensa discusión pública. Las páginas de El Universal se convirtieron en un foro de debate y discrepancia. El propio Vasconcelos entró a la polémica. En el centro de todo aquello estaban temas como el de limitar el enciclopedismo de los nuevos planes y programas de estudio, favorecer la especialidad curricular y la no limitación del número de “materias” que el alumno podría cursar. Así, se tornó difícil la debida implantación de los nuevos planes.
A escala nacional se transitaba rápidamente hacia el fin de cuatrienio obregonista. Habría que esperar un momento más propicio. Este se presenta dos años más tarde con la conjunción del presidente Calles y el secretario de la SEP de cuatro meses, Moisés Sáenz. A esto me referiré la próxima semana.

Carlos Pallán
Ex rector de la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Azcapotzalco), Ex secretario General Ejecutivo de la Anuies.
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