Agilizar los concursos de oposición, incorporar plantilla docente por tiempo indeterminado y valorar la experiencia del profesorado temporal son algunas de las prioridades que la doctora Esthela Irene Sotelo Núñez, Secretaria General de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), plantea para fortalecer la vida institucional.
En entrevista realizada tras su participación en la última emisión de Antítesis, programa radiofónico transmitido por UAM Radio 94.1 FM, expuso las principales transformaciones impulsadas durante su primer año en el cargo.
Una decisión central fue la aprobación del artículo transitorio del Reglamento de Ingreso, Promoción y Permanencia del Personal Académico (RIPPPA), que prorrogó las becas en 2026, esta medida permitió que las comisiones dictaminadoras concentraran su labor en los concursos de oposición.
La atención al profesorado contratado por tiempo determinado constituye otra prioridad. La Casa abierta al tiempo analiza mecanismos que permitan aprovechar su trayectoria, responder a las necesidades definidas por los consejos divisionales y ofrecer mejores condiciones laborales.
La perspectiva de derechos sociales guía la relación de la Universidad con las y los trabajadores. Los acuerdos alcanzados en la negociación contractual, en febrero de este año, ampliaron las prestaciones para el personal docente de tiempo parcial.
Entre los avances figuran el acceso al servicio de Centros de Desarrollo Infantil (CENDI) para sus hijos e hijas, opciones de extender la jornada, el aumento del seguro de vida colectivo y la actualización del monto de despensa.
La agenda incluye más días de permiso por paternidad y por la muerte de un familiar. Este enfoque procura equilibrar responsabilidades dentro de los hogares, dichas acciones buscan reconocer las tareas de cuidado, permitir el acompañamiento en el duelo y brindar tiempo para resolver los trámites derivados de una pérdida.
Esta política laboral incorpora una dimensión humana dentro de las instalaciones universitarias. Para la Secretaria General, ninguna acción aislada resolverá los problemas de la Institución. Los cambios demandan medidas articuladas y una secuencia de etapas que permita evaluar resultados, corregir fallas y consolidar logros. Los requerimientos de cada sede forman parte de ese análisis. Azcapotzalco, Iztapalapa y Xochimilco precisan mantenimiento mayor, adecuación de espacios, revisión de edificios y renovación de áreas destinadas a la enseñanza.
Mientras que, Cuajimalpa y Lerma ofrecen oportunidades para expandir infraestructura, abrir carreras e incrementar matrícula. Esta diversidad exige criterios presupuestales acordes con el contexto de la sociedad, territorial y cultural de cada comunidad.
La colaboración con el Gobierno de México puede desarrollarse sin renunciar a la autonomía, la capacidad crítica ni la definición del proyecto educativo. La investigación parte de desafíos comunitarios y permite construir alianzas.
La coordinación institucional abre otra ruta. Los planes de estudio compartidos entre sedes, las unidades de enseñanza-aprendizaje conjuntas, la movilidad de estudiantes y docentes, y las redes de equipamiento, incrementarán las capacidades de la casa de estudios.
La apertura de la Licenciatura en Medicina en Iztapalapa, junto con la propuesta educativa existente en Xochimilco, muestra el potencial de este modelo. Una red metropolitana de bioterios permitiría compartir bienes, consolidar la producción de conocimiento y extender los servicios.
La Universidad deberá actualizar su oferta educativa, diseñar programas a partir de grandes problemáticas e incluir tecnologías que acerquen la formación a poblaciones sin acceso a un campus.
A juicio de Sotelo Núñez, la UAM debe mantener como referencia las prioridades del país. En tanto que, la docencia, la actividad científica y la difusión de la cultura tendrán que atender a esas demandas sin perder el carácter público, autónomo y crítico de la Universidad.
Maribel Lozoya Escalante
Foto: Francisco Patiño Salgado