Como todos los años, el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF) tiene ganadores y perdedores. La cobija que no cubre a todos los sectores y dependencias, ya que el jalón de cada uno de ellos destapa a otros. Por lo pronto, puede decirse que este Proyecto presenta algunas características destacables. En primer lugar, el monto: 10.1 billones de pesos, mucho más allá de lo que se había prefigurado en los documentos de la SHCP; un crecimiento real de 5.9 por ciento respecto al año pasado. Segundo, la estimación del desempeño de la economía nacional, 2.3 por ciento, proporción por encima de todos los pronósticos nacionales e internacionales, y que, una vez más en los últimos ocho años, presupone una ampliación por encima de lo que fue el promedio anual del sexenio pasado (0.81 por ciento). Tercero, una vez más los ingresos no alcanzaron a cubrir los gastos fijados, siendo necesario “completarlo” con un déficit, una nueva deuda, por un monto que, en números redondos, estará en torno a un billón y medio de pesos (4.3 por ciento del PIB), también por encima de lo que Hacienda había venido anunciando desde diciembre pasado y hasta unas cuantas semanas atrás.
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A estas características se suman cuatro condicionantes que explican por qué algunos sectores del gasto (entre ellos los de educación, ciencia y cultura) quedarán “destapados” por lo menos parcialmente el próximo año. He aquí condicionantes y montos: a) pensiones: un gasto total de 2.3 billones, cantidad que significa un 6 por ciento del PIB (4.5 para contributivas y 1.5 por ciento distributivas) con un incremento real de 3.7 por ciento respecto al año pasado; b) deuda: el pago de esta última para 2026 deberá ascender a 1.5 billones, cantidad que representa 4.1 por ciento del PIB; c) participaciones a los estados: una cantidad de 1billón 456 mil millones de pesos; d) programas sociales: los 17 que se consideran con la calidad de prioritarios importan un total de 987 mil millones, igual a 2.8 por ciento del PIB. El total de esos cuatro elementos dan una sumatoria de 6.2 billones, cifra superior al 60 por ciento de todo el PEF 2026.
Por lo que corresponde al sector educativo este tiene previsto, dentro de la clasificación funcional del gasto, la cantidad de 1.2 billones, significando un incremento real de 3 por ciento respecto a 2025. No obstante lo anterior, están previstos recortes reales en cultura, deportes y en educación media superior y superior. La asignación para instituciones de educación superior, controladas directamente por la federación, así como el subsidio federal a instituciones autónomas, tienen crecimientos nominales de 2.6 por ciento en promedio, proporción menor a la inflación de 2025 y a la proyectada para 2026. Si la situación se había tornado difícil a lo largo del pasado sexenio (una reducción real del 30 por ciento), los números ahora dados a conocer no corrigen ni siquiera igualan esa situación. Como muestra, las siguientes universidades e instituciones que se mantienen en ese rango de crecimiento nominal de 2.9 por ciento y lo asignado para el 2026 (cantidades redondeadas en miles de millones) son: UNAM, 53.7, UAM 10.1; IPN, 22.6, UPN 1.1, Cinvestav, 3.1, U. Antonio Narro, 1.23. El Colegio de México tiene fijados 819 millones. Para ese conjunto de instituciones, la Anuies (Análisis PPEF 2026) identifica una reducción real de -1.7 por ciento, salvo el IPN cuya disminución real se extiende a un -3.2 por ciento.
Comentarios
Como se desprende de lo anterior, el proyecto presupuestal para el próximo año está muy ajustado. Contiene variables que se presentan favorablemente y cuyo cumplimiento sería absolutamente indispensable para que la austeridad republicana y la consolidación fiscal (principios esenciales de la actual política hacendaria) fueran efectivamente el marco para que todo el conjunto fuese efectivo. La principal de esas variables, el crecimiento económico (2.3 por ciento), estaría en esa última condición. Sin embargo, y como simple estadística, si consideramos que los pronósticos de la SHCP sólo han sido certeros en cuatro de los últimos 17 años, el panorama del tiempo presupuestal empieza a oscurecerse.
Tales ajustes son ya una realidad en el Proyecto 2026. El poco margen de maniobra que se deja, dentro del PEF 2026 afecta a todo el sector educativo (entre otros) y especialmente a los niveles de la media superior y superior. Es importante reiterar que estas reducciones reales son sólo respecto al presupuesto del 2025. La situación es tan evidente que la propia Presidenta de la República ha sugerido que los 15 mil millones en que se debería ajustar el presupuesto del Poder Judicial deberán destinarse, en buena medida, a la educación superior y las universidades.

Carlos Pallán Figueroa
Ex rector de la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Azcapotzalco), Ex secretario General Ejecutivo de la Anuies.
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