Al recibir el Premio Nobel de Literatura, Octavio Paz criticó en su discurso a la sociedad a través del análisis de la modernidad
Héctor Martínez Rojas
“Defender a la naturaleza es defender al hombre”, dijo Octavio Paz al recibir el Premio Nobel de Literatura, un 10 de diciembre de 1990. Han pasado más de tres décadas de aquel discurso donde subrayó que, “sólo defendiendo la hermandad con la naturaleza podemos defender la vida”.
En este discurso terriblemente vigente, Octavio Paz, hace una fuerte crítica a la sociedad a través del análisis de la modernidad; también pone en jaque la idea de progreso pírrico, al cual, bien le cabe la frase: si seguimos prosperando así, acabaremos destruidos. “El sol de la historia se llama futuro y el nombre del movimiento hacia el futuro es progreso”, acota Paz, pero veamos.
“Los instrumentos del progreso, la ciencia y la técnica han mostrado con terrible claridad que pueden convertirse fácilmente en agentes de destrucción”. Todavía más, la existencia de armas nucleares para Paz, representa una refutación “devastadora” de la idea de progreso.
“Vivimos la crisis de las ideas y creencias básicas que han movido a los hombres desde hace más de dos siglos”, aquí Paz, toma el megáfono de Perogrullo para dar luz a lo que se había obviado, el progreso continúo es incapaz de ser infinito, dicho de otra forma: no es sustentable.
“Los beneficios de la técnica moderna son incontables, pero es imposible cerrar los ojos ante las matanzas, torturas, humillaciones, degradaciones y otros daños que han sufrido millones de inocentes en nuestro siglo”, de acuerdo con el Nobel mexicano, estas vejaciones son el precio del progreso.
El ser histórico, es decir la humanidad, ha tenido que pagar el progreso con sangre, en un entorno en el cual la razón se ha “divinizado”, aunque ha sido también rica en “crueles astucias” como planteó el filosofo Hegel. En fin, contra el determinismo histórico, el autor de El laberinto de la soledad plantea que, “la historia es impredecible porque su agente, el hombre, es la indeterminación en persona”.
Intemperie espiritual
Hacia la conclusión de su conferencia como receptor del Premio Nobel, Octavio Paz, agudiza el análisis: “por primera vez en la Historia, los hombres viven en una suerte de intemperie espiritual y no como antes a la sombra de sistemas religiosos y políticos que, simultáneamente, nos oprimían y nos consolaban”.
“La nuestra es la primera sociedad que se apresta a vivir sin una doctrina metahistórica, nuestros absolutos religiosos o filosóficos, éticos o estéticos, no son colectivos sino privados” y aunque los signos son “inquietantes, es imposible saber si este cambio sea positivo o más bien sea lo que ponga fin a nuestra vida social.
“Pensar el hoy, significa recobrar la mirada crítica, por ejemplo… el libre mercado es un mecanismo eficaz, pero como todos los mecanismos no tiene conciencia ni tampoco misericordia”. Las sociedades democráticas desarrolladas han alcanzado una prosperidad envidiable, asimismo “son islas de abundancia en el océano de la miseria”.
“Una sociedad poseída por el frenesí de producir más para consumir más, tiende a convertir las ideas, los sentimientos, el arte, el amor, la amistad y las personas mismas en objetos de consumo, todo se vuelve cosa que se compra”. Octavio Paz, en su libro La llama doble, hace esta misma crítica, pero enfocada al erotismo, el amor y el sexo.
A pesar de que “todo amor es eucaristía”, como afirma Paz en la obra anteriormente mencionada, “los obstáculos fundados en la clase social y en el dinero determinan aún las relaciones sexuales”, más aún: “el capitalismo ha convertido a Eros en un empleado de Mammon”.
En fin, el autor de Piedra de sol, concluyó su discurso en el presente, “el presente como el manantial de las presencias”, el presente como símbolo de la modernidad, el presente que trae a cuenta los aprendizajes del neolítico, el presente de la modernidad que habita en nosotros, esa modernidad que es el mañana y es el comienzo del mundo, tiene cinco mil años y está por nacer, es el estornudo que nos provoca el polvo del origen del tiempo.
Día contra la corrupción
Tema aparte, pero no muy aparte de nuestra modernidad. Categóricamente afirmamos: la corrupción mata, la impunidad lacera a la familia humana; pero ella no solo vive entre nosotros sino en nosotros, como dijera Paz “nos cuesta trabajo aceptar que el amigo nos traiciona, que la mujer querida nos engaña, que la idea libertaria es la máscara del tirano. Lo que se llama caer en la cuenta es un proceso lento y sinuoso, porque nosotros mismos somos cómplices de nuestros errores y engaños”.
Lo que se advierte ahora es que, cada vez más -de lo particular a lo colectivo- hay un despertar genuino, un hambre de presente en el hálito del sueño libertario. Lo anterior viene a caso por el Día Internacional contra la Corrupción, efeméride que se celebra cada 9 de diciembre desde 2005 a iniciativa de la ONU, para “crear conciencia contra esta lacra”, tal como lo afirma el organismo internacional. Sin duda, la corrupción envenena la prosperidad humana, pero no sólo eso, sino que disfraza el oprobio de audacia y poder. El ser histórico accederá a un mejor futuro cuando este mal se haya acabado.

Héctor Martínez Rojas
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