El 31 de marzo es el 109 aniversario natalicio de Octavio paz, buena ocasión para pensar en su poesía, pero también en la urgencia de reflexionar nuestro tiempo
“‘Déjame ser tu puta’”, son palabras / de Eloísa, mas él cedió a las leyes, / la tomó por esposa y como premio / lo castraron después”, son versos de la pieza poética quizá más estudiada -por monumental- en México. El lenguaje, la estructura, la técnica, el ritmo de “Piedra de Sol” de Octavio Paz, llamó la atención en su tiempo, aún en el nuestro, como resorte que se tensa.
A lado de Piedra de Sol, está Muerte sin fin de José Gorostiza, donde el bardo, abraza el acecho de su muerte y le canta: “¡Anda, putilla del rubor helado, / anda, vámonos al diablo!” En la palabra, hasta con sorna, el poeta evoca la victoria del acecho al que vence al abrazar.
Santa, novela de Federico Gamboa, se estrenó como película -la primera película sonora en México- un día como hoy, pero de 1932. Santa, nombre peculiar para trabajar en un prostíbulo, dice uno de los personajes, aunque Santa sí sea santa, la trama nos recuerda los versos de Sabines, aquellos que dicen:
“Canonicemos a Las Putas. Santoral del sábado: Bety, Lola, Margot, vírgenes perpetuas, reconstruidas, mártires provisorias llenas de gracia, manantiales de generosidad.”
Pensar en Paz, es pensar en poesía, pero también en la urgencia de reflexionar nuestro tiempo. Mañana 31 de marzo es el 109 aniversario natalicio de nuestro Nobel de Literatura, oriundo de Mixcoac, Octavio Paz, quien sin duda nos ha ayudado a entendernos desde “el reino de los pronombres enlazados”, para tener una mirada crítica a la modernidad, hacia al falso progreso y hacia los lobos disfrazados de corderos.
El lunes 10 de diciembre de 1990, cuando Octavio Paz recibió el Premio Nobel de Literatura, asertó: “Defender a la naturaleza es defender al hombre”. Aquí hemos expresado como el progreso continúo es incapaz de ser infinito, dicho de otra forma: no es sustentable.
Esta armonización de la Humanidad con su medio como impronta imperante, en Occidente, lleva más de tres décadas, pero es nativa del pensamiento de los pueblos originarios del mundo. Paz, reflexionó, entre tantísimas cosas más, en la saga de Las enseñanzas de don Juan, léase: legado Tolteca; en el prólogo de la obra, autoría de Octavio Paz, todavía escribe:
“Las ideologías por las que matamos, y nos matan desde la Independencia, han durado poco; las creencias de don Juan –en cambio- han alimentado y enriquecido la sensibilidad y la imaginación de los indios desde hace varios miles de años”.
Creencias, sensibilidad e imaginación, son tres dimensiones que, hasta nuestra época multifactorial, más o menos en Occidente se han despreciado; hasta hace poco, el capital moderno ha querido recuperarlos para hacer lo que el capital hace (o quiere hacer) con todo lo que toca, obtener ganancias.
Todo se vuelve venal, es una de las principales críticas de Octavio Paz a la modernidad: todo se puede comprar.
Seamos claros, aún “sin esclavitud”, las personas de forma voluntaria se ofrecen, es ordinario que exista un mercado laboral, pero en serio, en distintos ámbitos la gente se renta, se alquila, “estoy vendido” es una frase actual que expresa compromiso; se compran favores, simpatías, afectos, votos.
Paz nos advierte sobre los “mecanismos eficaces” los cuales, no tienen conciencia ni misericordia.
Las sociedades democráticas desarrolladas han alcanzado una prosperidad envidiable, asimismo “son islas de abundancia en el océano de la miseria”.
Paz nos enseña a entender los contrastes, tan notorios como los de Santa Fe, en los límites de la Ciudad de México.
Si tuviera que recomendar una obra para empezar a leer a Octavio Paz, en lugar de recomendar El laberinto de la soledad, recomendaría, sobre todo para los jóvenes: Corriente alterna.
En Corriente alterna, el lector podrá encontrar temas tan variados como la rebelión, la revolución y la revuelta, sus sutiles diferencias. Drogas, espiritualidad, democracia, libertad, filosofía y por supuesto, poesía.
Hasta aquí, estas tropezadas líneas sobre el Nobel proveniente del reino de los pronombres enlazados.

Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas
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