A sor Juana o Juana de Asbaje la rodea el fuego de la inmortalidad, el fulgor infinito propio de su fama. A sus quince años deslumbraba a los eruditos de la corte, el Virrey los reunía para cotejar el genio de la monja, entonces púber, Sor Juana se enclaustró a los 17 años, antes de hacerlo ya era famosa. Hasta la tierna flor de la adolescencia, había experimentado su existencia a través de los libros.
El año pasado decíamos en este mismo espacio como desde 1980 en México se celebra el Día Nacional del Libro a propósito del aniversario natalicio de Juana Inés de Asbaje. De acuerdo con Gustavo Baz, a los tres años, Juana Inés pidió aprender a leer “pide y se te dará, busca y encontrarás”, dice Mateo; en el siglo XVII, a la mujer, niña y genio, le fue concedido y desde su espíritu indomable daba gracias a Dios por habérsele permitido dedicar a las letras.
Murió cuando le quitaron los libros y le prohibieron escribir versos.
…del ser
al verso
hijo
cae mi alma
como mis nervios a la nostalgia
y es que hay veces que me reconozco
más en mis versos que en los labios de tu madre
pero que se han hecho mis versos
sino los labios de tu madre
la aurora tierna
¡tierna y trepidante!
como el milagro que despierta al mundo
Dicen los versos de Decir (a) Dios. La poesía, esa llama inagotable fue su luz. Hay quienes dicen que buena poeta no era quizá porque a lo Séneca era erudita: es conocida de todos por sus eruditas y agudas poesías; y así es escusado hacer su elogio. Sólo diré que lo menos que tuvo fue el talento para la poesía, aunque es lo que más se celebra; dice el feminista y benedictino Feijoo sobre nuestra décima musa.
El mote de décima musa se lo ganó en vida. Es más o menos conocido que Juana Inés decidió enclaustrarse por considerarse inepta para el matrimonio. Al figurar por su talento como dama de honor de la esposa del Virrey, dice Baz que no había hombre de honra que no quisiera su mano, le sobraban pretendientes, pero ella ya se había casado con la belleza del saber, de ahí “Los empeños de una casa”, bandera del feminismo enarbolada con gloria en estos lares del mundo.
Sor Juana vivió enclaustrada 27 años, dicen que cuando le quitaron el placer de la lectura, tomó a la naturaleza por libro. Su muerte está ligada a la caridad, así como su vida, pues su saber no fue una erudición encerrada en sí misma, lo que sabía lo dejaba por prenda al defender causas como la ilustración de las mujeres y poner los acentos de su época.
Entre 1694 y 1695 se declaró una epidemia en el convento de San Gerónimo, donde se enclaustró nuestra musa, de diez que se enfermaban, sobrevivía una. La inclemencia virulenta de una naturaleza aún ignota caía como sombra sobre San Gerónimo, Juana Inés asistió a sus compañeras hasta que ella también cayó enferma, murió a los 47 años en el mes de abril de 1695.
Decíamos que la fénix americana, la décima musa, la monja, la mujer ineludible, nació en la Nueva España en 1648, un día como hoy en el que los mexicanos celebramos, en su nombre, el Día Nacional del Libro, el cual, frente a la vertiginosa vorágine de la tecnología, siempre es bueno tener a la mano, más que como cliché como herramienta de luz, empatía y crecimiento.

Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas
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