México ya es muchos Méxicos. Somos un país cada vez más heterogéneo. La educación que requiere un estado como Nuevo León es muy distinta a la que necesitan los estados del sur y sureste”, afirma Otto Granados Roldán, ex secretario de Educación Pública, en entrevista para Campus.
Por eso, añade, se requiere un diálogo nacional de alto impacto que dimensione la crisis y permita diseñar un nuevo esquema de gobernanza compartida en política educativa.
Granados, también ex gobernador de Aguascalientes, advierte que la educación mexicana vive hoy una situación de emergencia. Pese a múltiples intentos de reforma y a avances en investigación educativa, asegura que los últimos siete años representan un retroceso preocupante.
Cita tres evidencias:
• La evaluación diagnóstica de 2023 de MejorEdu, donde alumnos de primaria y secundaria respondieron bien apenas 44 por ciento de los reactivos en lectura, matemáticas y formación cívica.
• El Estudio Regional Comparativo y Explicativo de la Unesco, que mostró que de los alumnos de sexto grado un 58.4 por ciento de los alumnos mexicanos de sexto grado estuvieron por debajo del “nivel mínimo de competencias” en lectura y un 62 por ciento en matemáticas. Es decir, reprobados.
• En los resultados de la prueba PISA más reciente solo el 34 por ciento de los estudiantes mexicanos alcanzó el nivel 2 o superior (de 6) de competencia en matemáticas, significativamente menor al promedio de la OCDE, que es de 69 por ciento, y lejos del 85 por ciento de varios países asiáticos que lograron los mejores puntajes. En lectura pasó lo mismo: 53 por ciento de nuestros estudiantes alcanzaron el Nivel 2 frente al 74 por ciento en promedio OCDE, y en ciencias 49 por ciento de los mexicanos versus el promedio del resto que fue de 76 por ciento. Peor, imposible. Y este panorama casi catastrófico lo confirma el más reciente Education at a Glance 2025 publicado por la OCDE apenas este martes 9.
“Valdría la pena crear, como en Chile y otros países, un Consejo Nacional de Educación, pero con facultades y atribuciones vinculantes. No más consejos meramente consultivos; necesitamos un cambio real en el modelo de gobernanza”, sentencia.
Oportunidad para la Secihti
Respecto a la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti), Granados considera que es un intento positivo, aunque aún incierto:
“Me gustaría que partieran de un diagnóstico integral, realista y crudo. Una opción es que sea simplemente un Conacyt en grande, con las mismas líneas de acción. Otra muy distinta sería replantear el modelo de interacción entre lo que el país necesita y lo que las universidades —públicas y privadas— pueden ofrecer para asegurar a los egresados una buena trayectoria profesional y vital”.
México arrastra, advierte, varias disfunciones: enorme rezago en innovación, baja generación de patentes, y una desconexión creciente entre la formación universitaria y lo que demanda el mercado laboral.
“Al ver que entre 25 y 28 por ciento de los desempleados según la ENOE del Inegi tienen educación superior, la pregunta es inevitable: ¿qué está pasando?”, cuestiona.
Por ello propone hacer una pausa en el crecimiento desmedido y desordenado de universidades —públicas, privadas, de calidad o patito— y realizar un diagnóstico que permita reorientar el modelo mexicano de educación superior.
La transformación digitalen la educación
Para Granados, la transformación digital es una gran oportunidad, siempre que se comprenda su verdadero alcance. “La tecnología no debe verse como sustituto de maestros ni materiales, sino como herramienta para potenciar el aprendizaje”, señala.
“Partamos de que una cosa es distribuir dispositivos y otra, muy diferente, construir un ecosistema digital de innovación y transformación educativa, para lo cual falta mucho. Pensemos nada más en la falta de habilidades digitales de los docentes, es decir, 2 de cada 3 no saben cómo hacer funcionar el binomio “educación+tecnología”.
Cita el caso de Uruguay con el Plan Ceibal: se ejecutó bien, se democratizó el acceso a dispositivos, pero no tuvo gran impacto en los aprendizajes. “Repartir computadoras no garantiza calidad educativa”, enfatiza.
En cuanto a la inteligencia artificial, reconoce su enorme valor potencial, pero advierte: no resolverá por sí sola los problemas estructurales del sistema. Además, insiste en que, aun frente al auge tecnológico, las humanidades siguen siendo indispensables para la formación integral, aunque la tensión con las demandas del mercado laboral y la economía sea evidente.
Granados apunta a un desajuste creciente entre oferta y demanda educativa. “Tenemos una matrícula altísima en Derecho por ejemplo, 387 mil alumnos, y, al mismo tiempo, escasez en disciplinas estratégicas orientadas a innovaciones tecnológicas y científicas más importantes que incluyen la inteligencia artificial, la computación cuántica, la biotecnología, la exploración espacial, la nanotecnología y la edición genética.” Por eso considera que la Secihti podría ser un nodo clave para convocar un diálogo constructivo entre universidades y empresas.
Pone un ejemplo concreto: la instalación de centros de datos de Amazon en Querétaro, que exigen talento especializado que el país aún no forma de manera suficiente.
Las tres tareas inaplazables
De cara al futuro, Granados resume en tres las prioridades de la educación superior mexicana:
• Un diagnóstico crítico y compartido sobre la situación actual.
• Voluntad política y presupuestal real para definir un rumbo claro.
• Revisar con claridad si la enorme cantidad de universidades existentes realmente prepara a los estudiantes para ser competitivos y desarrollar trayectorias profesionales sólidas.
“México necesita un acuerdo nacional serio sobre educación. Y ese acuerdo debe dejar de ser retórico o demagógico para traducirse en políticas concretas”, concluye.
Esta entrevista es el primer episodio de nuestra segunda temporada del podcast de Campus. Escúchala en tu plataforma favorita y síguenos.
Vanessa Medina Armienta
Especialista en políticas públicas, con más de 26 años de experiencia en el sector público y en organismos internacionales. Su trayectoria abarca la regulación, la educación superior y el diseño de proyectos estratégicos, con trabajo en los sectores bancario y legislativo. Es fundadora de Campus Consulting, donde impulsa estrategias para la transformación de la educación superior y el uso responsable de la inteligencia artificial en universidades. Es Licenciada en Relaciones Internacionales por la UNAM y cuenta con una Maestría por la Universidad de Nottingham, Reino Unido.
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Salvador Medina
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