El Colegio Nacional conmemora el fallecimiento del músico
Mal estudiante durante la niñez, miembro de una familia de músicos que se extendía hasta el tatarabuelo, fumador empedernido, amante de los coches, de la caza y de las mujeres, así fue el compositor italiano Giacomo Puccini. “En todo el mundo, los amantes de la ópera consideran a Puccini, sin duda alguna, uno de sus compositores favoritos”, señaló el médico y melómano Adolfo Martínez Palomo, miembro de El Colegio Nacional.
Al participar en la conferencia-concierto “Giacomo Puccini (1858-1924). En el centenario de su fallecimiento”, realizado como parte del ciclo “Músicos y Medicina”, el colegiado dijo que aún en la orfandad y la pobreza de sus primeros años, Puccini “logró convertirse para algunos, para muchos, en el más grande, uno de los más grandes compositores de ópera, junto con Verdi y con Mozart”.
La charla de Martínez Palomo, realizada en el Aula Mayor de la institución, incluyó un concierto con arias y ensambles de las óperas Tosca, La Bohème, Edgar, Gianni Schicchi y Madama Butterfly, a cargo de la soprano Marcela Chacón, la mezzosoprano Verónica Alexanderson, el tenor Alan Pingarrón, el barítono Josué Cerón y el pianista Sergio Vázquez.
“En muchos países europeos, y también en América, se está celebrando el centenario. Entonces pensamos en El Colegio Nacional que sería conveniente recordar a Puccini justamente en el centenario de su fallecimiento”, afirmó el colegiado. Nacido el 22 de diciembre de 1858 en la ciudad de Lucca, al centro-norte de Italia, el compositor perteneció a la quinta generación sucesiva de músicos: “El primero que fue músico y que trabajó en la ciudad de Lucca, fue su tatarabuelo Giacomo, y después el bisabuelo Antonio Vélez. Estos eran organistas y compositores de cierto renombre”. Después siguieron el abuelo y el papá, Michele, quien se casó a los 37 años con Albina Magi, de 19, con quien tuvo siete hijas y dos varones, entre ellos el autor de las famosas óperas. Huérfano de padre cuando tenía cinco años, la madre se convirtió en pieza clave para el músico. Ella “insistió en proporcionar a Giacomo una educación integral, más allá del entrenamiento puramente musical, ya que doña Albina decía en italiano: ‘puro músico, puro asino’; o sea, el que solamente es músico es un asno, debe tener una educación completa”.
Pero Puccini ya predecía un temperamento aventurero: “Entre sus andanzas como adolescente, Puccini organizó con amigos el robo de varias piezas de un órgano abandonado, de la iglesia de los hermanos benedictinos, para vender sus piezas y comprar puros toscanos, con lo que inició el hábito de fumar, adicción que nunca dejaría hasta el final de su vida”.Otro acontecimiento crucial: a Lucca llegó la noticia de que en Pisa sería puesta Aida de Verdi y, junto con sus amigos, decidió hacer el viaje a pie, de unos 40 kilómetros, hasta allá. “Años más tarde, Puccini dijo, cuando escuché Aida, sentí que se me había abierto una gran ventana musical. Decidió, entonces, abandonar la tradición familiar de intérprete del órgano y de componer música religiosa; decidió dedicarse de lleno a la ópera”.
A los 19 años hizo sus primeras composiciones y con 20, apuntó Martínez Palomo, creó Misa de Gloria. “Con esta composición, Puccini se mostraba ya como un digno heredero de sus ancestros. Si bien sus obras como compositor de música religiosa eran prometedoras, la ciudad de Lucca no era el sitio indicado para iniciarse en la ópera, la meca era Milán, por su famoso conservatorio, por catedral y el teatro de La Scala, la catedral en sí de la ópera”.
Entonces se fue a Milán, con sacrificio de su madre. Su maestro Ferdinando Fontana lo alentó y decidió participar en un concurso de ópera. Perdió. En una velada le pidieron tocar un fragmento de su obra, Le Villi. Así fue su estreno. Emocionado, Puccini corrió a darle la noticia a su madre, pero una triste noticia le esperaba: desmejorada, doña Albina murió poco tiempo después, a los 54 años.
Al mismo tiempo del estreno de su primera ópera, con 26 años, Puccini inició una relación amorosa con Elvira Bonturi, mujer casada y con hijos. “La relación siempre fue tempestuosa, a consecuencia de los constantes amoríos de Puccini y de los celos explosivos de ella”.
A pesar de su tormentosa vida amorosa, Puccini llevaba, a los 35 años, inició su ascenso. “Primero con la ópera Manon Lescaut, seguida nada menos que por las tres obras maestras que hasta la actualidad siguen estando entre las diez óperas más populares en todo el mundo: La bohème, Tosca y Madama Butterfly”, señaló Adolfo Martínez Palomo.
Las óperas le dieron a Puccini “tanto fama como dinero, que disfrutó viajando al extranjero. Lo recibían como un rock star en Estados Unidos, Argentina, Brasil. Se compró una casa en Torre del Lago y, además, se dedicó a comprar coches de carreras lujosos de entonces”. La fama, explicó el colegiado, llegó junto con una fortuna. “Llegó a tener, cuando falleció, lo que ahora serían varios centenares de millones de dólares. Creo que es uno de los compositores famosos más ricos”.
Tras la conferencia de Martínez Palomo, continúo el concierto homenaje, realizado conjuntamente entre El Colegio Nacional y Arte & Cultura, iniciativa del Centro Ricardo B. Salinas Pliego con arias y ensambles de las óperas Tosca, </>La Bohème, /i>Edgar, Gianni Schicchi y Madama Butterfly, a cargo de la soprano Marcela Chacón, la mezzosoprano Verónica Alexanderson, el tenor Alan Pingarrón, el barítono Josué Cerón y el pianista Sergio Vázquez.
La conferencia concierto coordinada por Adolfo Martínez Palomo se encuentra disponible en el Canal de YouTube de la institución: elcolegionacionalmx.