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Formador de todas las profesiones y no siempre bien recompensado por la sociedad, el maestro es un profesional de la esperanza

El maestro es el formador de todas las profesiones, los técnicos, los artistas y los médicos han pasado por las aulas desde la tierna infancia. Esta noble labor es reconocida con un día nacional, en el caso de nuestro país, desde 1918 cada 15 de mayo se celebra a las y los maestros, no obstante, con el romanticismo a un lado, no podemos decir que el prestigio docente sea el que despierte el mayor celo.

Quienes desempeñan tareas docentes encuentran en el reconocimiento de sus alumnos y familias de sus alumnos el principal incentivo para dedicar sus empeños a esta profesión, si bien los salarios no son los mejores, la estabilidad laboral es en la práctica un contrapeso que puede derivar en estímulo.

Hace 100 años, Vasconcelos planteaba como “el fervor que ponen en su obra (los maestros) es un fervor religioso y la recompensa que reciben no está ni en el dinero ni en los ascensos, sino en el sentimiento apostólico, en el goce místico que los anima y sostiene”. Palabras más, palabras menos, sigue siendo de este modo.

Sabemos que en la actualidad el reconocimiento social como el monetario está en los futbolistas, los actores o actrices de farándula, los capos del crimen organizado; todos ellos no tienen un día nacional para reconocer su labor por decreto, pero no importa, todo el año los estamos celebrando; lo cual resulta al menos curioso, pues a ellos no se les impone el peso de ser la “esperanza” o el “futuro” de una nación.

Decía el maestro José Santos Valdés: “Los periódicos, el cine, la radio, la televisión, el mal teatro, etc., son una lección diaria que repercute natural y obligadamente en la conciencia de la nación, y los maestros de banquillo son parte de esa conciencia”, pero todavía más…

“Alguna vez con una emoción que se hizo lágrimas, un maestro me contó cómo para sus alumnos era un tonto porque sabiendo tanto era pobre, mientras que, un don X, que era un ignorante, era el más rico del pueblo… Un maestro de banquillo desilusionado, escéptico, descreído, no se engendra en sí mismo”.

Añade el maestro Santos Valdés: “El maestro tiene, como en el caso anterior, que predicar el amor al árbol; plantarlo, cantarle, decirle versos. Pero los que talan millones de hectáreas de bosques y dejan los cerros pelones y las planicies polvorientas, ganan millones y gozan de todo el respeto y el respaldo de la sociedad y de la autoridad que condena la tala de los árboles”.

El maestro es un profesional de la esperanza, pero seamos claros, la escuela es un producto social, y la sociedad no es un producto de la escuela. Maestros y alumnos desean aquello que está en boga en el canon social; en esta estructura, lo que la escuela está en posibilidad de hacer es fomentar el análisis informado y la reflexión crítica del acontecer social.

De uno u otro modo, siempre recordaremos con cariño a todas y todos aquellos, maestras y maestros que, han constituido parte esencial de nuestra formación, no sólo académica, sino que han sido verdaderos maestros de vida. A todas y todos ellos, nuestro amor y nuestro aprecio.

El multiverso
Me volvió a suceder, en lugar de observar una película de entretenimiento del universo Marvel, con Doctor Strange en el Multiverso de la locura, saltaron hacía mí advertencias geopolíticas. Cuando estudiaba la universidad, recuerdo que era bastante molesto para mis amigos ver una película de ese estilo conmigo, el análisis hermenéutico era algo inherente a mi raciocinio, por lo cual, una película entretenida, para mí siempre era algo más, un discurso de donde subyacía un mensaje distinto.

La Reina escarlata en este multiverso de la locura, representa a Rusia. Los hijos que no tiene, pero que siempre quiso tener son los estados que se independizaron cuando se disolvió la ex Unión Soviética. América Chávez, es América Latina, más aún, es la América Chavista -la América roja- por eso es perseguida por la Reina Escarlata (Rusia). Ver esta película de ficción, en un contexto y en un momento en el cual se desarrolla una guerra real, me resultó de lo más significativo, más si uno recuerda la entrega anterior de Marvel, donde la humanidad se desvanece aleatoriamente, como si fuese atacada por un virus mortal y repentino. En fin, una curiosa lectura para charlar al salir del cine.

Héctor Martínez Rojas
PERIODISTA

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