La semana pasada, al abordar el tema de “Trump y las Universidades”, surgía una pregunta: ¿Por qué tanto énfasis en los estudiantes extranjeros matriculados en instituciones de educación superior (IES) en los Estados Unidos? y, en todo caso ¿cuál es la importancia de ese enorme sistema en el país? Una primera respuesta es que el gobierno federal tiene una presencia significativa en un buen número de universidades, y un conflicto como el ya iniciado puede ser de enormes consecuencias, tanto en la formación de recursos humanos de alto nivel como en los procesos de generación de conocimiento, aspecto este último en el cual el vecino país sigue siendo un líder mundial indiscutible.
Lo “extranjero”, referido a estudiantes de otros países, alcanzó en 2023 la cantidad de 1 millón 126 mil, dentro de una matrícula total que ronda los 20 millones. Para ese año los países con mayor matrícula eran India, China, y Corea del Sur, con 322, 277 y 43 mil estudiantes, respectivamente. El primero y el tercer lugar en ascenso, desde años atrás, y China, con menor peso, llegó a tener 350 mil estudiantes en 2016.
Desde 1990 China e India ya ocupaban lugares destacados, el primero y el cuarto sitios con 34 mil y 28 mil estudiantes, respectivamente. En 20 años la posición de China e India se multiplicó por un factor de cinco y cuatro, respectivamente. Diez años después, en 2023, y no obstante estar en baja, China junto con la India alcanzan ya conjuntamente 600 mil estudiantes. ¡Sorprendente! De ahí que no es casual el peso tan amplio que tienen ambos en materia de producción, innovación y comercio en el mundo actual.
¿A qué se debe esta situación de países geográficamente tan alejados como son los que ahora se sitúan en este pódium de preferencias? Un texto de Rafael Fernández de Castro (“El ataque trumpista a las universidades”, 2 de mayo, El Universal) ofrece dos razones para ello: una, Estados Unidos es la nación que concentra más premios Nobel en el mundo; dos, ese país tiene 26 de las 50 universidades más prestigiadas en el mundo (ranking de Shanghái). Pero además, y debido a lo anterior, F. de Castro apunta un dato esencial: una misión como la del Proyecto Manhattan (el de la bomba atómica) sólo fue posible por la conjunción de científicos destacados de distintas nacionalidades, el apoyo de algunas universidades prestigiadas y los enormes recursos gubernamentales que fluyeron para que la historia del mundo diese un vuelco. Buena parte de todo eso sigue presente, toda vez el dato que ahí mismo se ofrece: en 2023, el gobierno federal transfirió a varias universidades 90 mil millones de dólares para investigación.
¿Cómo hicieron aquellos países, China e India, para enviar y sufragar la estancia de estudiantes en universidades de Estados Unidos? China lo hizo desde el inicio de los años ochenta y la India desde los cincuenta, después de su independencia. Cada país tenía que pagar colegiaturas y manutención por todo ello, siendo ambos aún economías pobres. Seguramente estuvo presente una visión de Estado, de largo plazo (Deng Xiaoping y J. Nehru): una prioridad del presente para un futuro promisorio.
Algunas características de los 1 millón 126 mil de estudiantes extranjeros que vale la pena resaltar serían las siguientes: a) el 56 por ciento de ellos están inscritos en programas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM por sus siglas en inglés); b) las universidades que concentran más matrícula extranjera son: la de Nueva York con 27 mil estudiantes, la e Northeastern (en Boston), con 21 mil; c) Columbia con 20 mil. En el caso de la primera, lo extranjero es prácticamente la mitad de su matrícula total (58 mil), y todo esto supone ingresos vitales para el sustento institucional (62 mil dólares el costo anual de la matrícula).
¿Y en México? Pasó de 7 mil en 1990 a 7 mil 700 una década más tarde, alcanzando 15 mil 400 en 2023. Un retroceso de los casi 17 mil de 2016. ¿Muchos o pocos? Quizás el dato relativo a que sólo 4 mil 500 en 2023 son de posgrado sirva para formular un juicio al respecto. Convendría recordar a dos figuras científicas del país. Arturo Rosenblueth, chihuahuense epónimo, quien estudió y trabajó en Harvard con otros científicos, particularmente con Norbert Wiener. Pero también Manuel Sandoval Vallarta, quien antes de dirigir el IPN en 1944 (y cuya efigie a la entrada de la actual secretaría de Ciencia simboliza el ideal nacional en esta materia), estudió e investigó en el Tecnológico de Massachusetts, donde tuvo como alumno distinguido, entre otros, a Richard Feynman, posteriormente, premio Nobel de Física.

Carlos Pallán
Ex rector de la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Azcapotzalco), Ex secretario General Ejecutivo de la Anuies.
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