Para los compiladores del volumen El futuro de la política de educación superior en México es fundamental que la próxima política pública defina una agenda prioritaria en el rubro
Educación Superior: Rezagos y Oportunidades / I
Educación Superior: Rezagos y Oportunidades / II
Educación Superior: Rezagos y Oportunidades / III
Con este texto llega a su fin la reseña sobre el libro: El futuro de la política de educación superior en México. Los rezagos y las oportunidades. Editado por la Universidad de Guadalajara, la obra fue compilada por Enrique Cabrero y Carlos Iván Moreno. Hasta ahora se han presentado ocho de los once capítulos, aquí se abordan los tres últimos. Como se dijo desde la parte uno de esta serie, en los capítulos de la obra se contiene buena y actualizada información, fundamento de los análisis para la identificación de esos “rezagos y oportunidades”. Como allí mismo se apuntaba, todo ese contenido deberá ser muy útil para las decisiones que deban adoptarse por parte de las instituciones de educación superior y, particularmente, para los programas que resuelva continuar o implantar el nuevo Gobierno Federal.
En primer término, se presenta el capítulo de Enrique Cabrero titulado: Una triple hélice estancada. El tema ha estado dando vueltas desde fines del siglo pasado, circunstancia que lleva al autor a un replanteamiento de la misma cuestión. Así, como un aspecto central del capítulo, se indica que: la colaboración entre gobierno, academia y empresa es una condición necesaria para avanzar hacia una sociedad y economía basadas en el conocimiento. Este conjunto, conocido como la “triple hélice”, se sigue considerando, ahora, como un elemento indispensable para acelerar el progreso de la sociedad mexicana del siglo XXI.
¿Por qué mantener una temática de tal antigüedad? Cabrero indica que también en estas tres décadas la dinámica económica ha cambiado en el mundo y México no puede ni debe sustraerse a ella. Si bien, el desarrollo industrial “sigue siendo una variable clave”, existen, sin embargo, otras que son indispensables de tomar en cuenta, entre ellas: a) el conocimiento científico; b) el desarrollo tecnológico; c) el capital humano altamente calificado; d) la capacidad de innovación.
Los aspectos antes mencionados, según el autor: “son los elementos determinantes para avanzar en el progreso de una nación”. Empero, esa triple hélice en México está estancada o tiene una debilidad estructural, de tal manera que la posible vinculación entre esas tres entidades resulta deficiente. Superar una situación o rezago como esos sólo se puede lograr con la urgencia de promover una política pública que fortalezca el vínculo entre dichas entidades. Esta política contendría, entre otras propuestas específicas, las siguientes: a) generar apoyos directos o indirectos (incentivos fiscales) a proyectos conjuntos; b) financiamiento de infraestructura compartida (con inversiones públicas-privadas); c) consejos regionales para la innovación; d) impulsos a maestrías y doctorados (formación dual, en la cual la empresa es un elemento esencial); e) sistemas curriculares innovadores, así como formación continua de profesionales.
Un segundo capítulo es el de Francisco Marmolejo titulado: Perspectivas globales para la educación superior en México. El autor, a lo largo del capítulo, esboza un diagnóstico sobre el tema. Entre los principales aspectos ahí contenidos resultan mencionables: a) la poca importancia que se le ha dado al contexto global de la educación superior; b) la escasa integración entre los diferentes subsistemas de educación superior y la baja flexibilidad en la oferta académica; c) un rápido proceso de transformación en materia de educación superior, ciencia y tecnología en el mundo, del cual los respectivos sistemas de México parecen ir a la zaga.
En función de lo anterior, Marmolejo expone lo que podría ser un supuesto fundamental del capítulo: “en el mundo crecientemente conectado e integrado es fundamental observar la problemática fundamental de la educación superior, nutrirse de las prácticas exitosas y los fracasos del exterior y, más aún, también contribuir al diálogo global aportando las experiencias y perspectivas mexicanas”. Un obstáculo para lo anterior, lo identifica el autor en una contradicción: ocupando México el séptimo lugar dentro del tamaño de los sistemas de educación superior en el mundo, es poco lo que se sabe de él y, también, sus muy escasas aportaciones a los organismos internacionales”.
Ese “rápido proceso de transformación” lleva al autor a realizar un recuento de tendencias que podrían ser atractivas para la educación superior del país. Así se refiere a varias experiencias internacionales, entre ellas en Katar, donde interactúan ocho universidades cuyos estudiantes pueden transitar por todo ese conjunto; en Francia, donde la Universidad Paris-Saclay integra un conjunto de diez instituciones universitarias; o los casos de Rwanda o Corea del Sur con instituciones de educación superior que han incorporado modalidades semejantes a las dos ya mencionada.
Al igual que en todos los capítulos, el de Marmolejo finaliza con cuatro propuestas: a) facilitar la integración interuniversitaria, permitiendo una mayor flexibilización de la oferta académica; b) utilizar enfoques que faciliten el proceso de enseñanza aprendizaje, comprendiendo entre aquellos la reducción de cursos y horas clase; c) promover la flexibilización curricular; d) impulsar la “transversalidad del conocimiento”, esto incluye ocho diferentes “dominios” en la formación de los futuros profesionales, estos son: conocimientos, habilidades técnicas y sociales, responsabilidades, valores y actitudes, comunicación (liderazgo y trabajo en equipo), solución de problemas, habilidades administrativas y de emprendimiento.
El último capítulo de esta reseña es el de Gerardo Blanco y lleva como título: Futuros posibles para la internacionalización de la educación superior en México. El objetivo del texto es presentar un estado actual de esta temática, partiendo de una observación: el proceso de internacionalización se ha estancado en los años recientes. Esto se manifiesta en que el país no figura como un destino de estudiantes internacionales. Muestra de ello es el bajo crecimiento que se ha tenido en esta materia en los dos últimos años (4.1%) mientras países como Argentina y Chile están por encima de ello (8.9 y 5.3%). Un elemento adicional es el relativo a que, dentro del Sistema Nacional de Educación Superior, la parte de estudiantes internacionales representa sólo un uno por ciento, mientras que en aquellos dos países sudamericanos la proporción es del cuatro y el dos, respectivamente.
Como lo apunta el autor, la explicación para dicho estancamiento o retroceso estriba en que: “México no destaca en áreas claves del conocimiento”, toda vez que en un ranking de investigación de 2024 (Scimago Journal) se muestra que el país ha ido perdiendo posiciones año con año, situándose actualmente en el lugar 33. De igual manera se expresa otra circunstancia adversa que se observa en Latinoamérica (con excepción de Brasil y Ecuador) de la cual participa también México: “No se identifica un patrón entre la internacionalización de la educación superior y las políticas educativas”.
Con todo y esa crítica, el autor da un “importante reconocimiento” a lo que ha venido a aportar en esta materia la Ley General de Educación Superior, promulgada en 2021. Este ordenamiento consigna el concepto de internacionalización solidaria, concebida como: “la cooperación y el apoyo educativo . . . a fin de establecer procesos multilaterales de formación, vinculación, intercambio, movilidad e investigación, a partir de una perspectiva diversa y global”.
Frente a lo que se identifica como “décadas de abandono” o “derrotismo generalizado” en materia de internacionalización, Blanco formula una propuesta principal. Esta consiste en un plan nacional para la internacionalización de la educación superior. Se trataría de: a) un instrumento de largo plazo que trascendiera sexenios; b) que incorporase experiencias o lecciones de otros países de la región c) que definiera una estrategia de “atractividad territorial; d) que aproveche la “enorme riqueza de las IES con las que México ha contado a lo largo de su historia.
Colofón:
Los compiladores de este importante esfuerzo editorial, Cabrero y Moreno, resumen lo que podría ser el lazo común entre autores y capítulos. Para ambos es fundamental que la próxima política pública en educación superior defina una agenda prioritaria que contenga: a) una mayor inversión de recursos financieros; b) una elevación de los niveles de escolaridad; c) la formación de capital humano altamente especializado; d) el fortalecimiento de las IES y la orientación de la academia y el sector productivo hacia la innovación; d) en resumen: que la educación superior sea, efectivamente, una herramienta estratégica para el desarrollo nacional.

Carlos Pallán Figueroa
Ex rector de la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Azcapotzalco), Ex secretario General Ejecutivo de la Anuies.
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