Podcast CAMPUS
Al aire

Dante descubrió que el amor debe ser superior a la amante: Vicente Quirarte

Se realizó la segunda sesión del ciclo Celebración de Dante Alighieri, a setecientos años de su muerte, coordinado por Luis Fernando Lara, miembro de El Colegio Nacional

En el imaginario colectivo de Dante Alighieri, todo parece quedarse en ciertos escenarios o paisajes de La divina comedia, pero aun en esa obra universal, hay muchos elementos que se redescubren en cada nueva lectura, como lo que el miembro de El Colegio Nacional, Vicente Quirarte, definió como «de la invención del amor», en la segunda sesión del ciclo Celebración de Dante Alighieri, a setecientos años de su muerte, coordinado por el colegiado Luis Fernando Lara.

En la actividad, que se transmitió en vivo la mañana del sábado 18 de septiembre, a través de las plataformas digitales de la institución participaron los poetas Francisco Segovia y Vicente Quirarte, éste último también colegiado; así como la agrupación musical La Fontegara, integrada por María Diez-Canedo, Eloy Cruz y Rafael Sánchez Guevara, la cual participó gracias al auspicio del Instituto Italiano de Cultura en México y la Embajada de Italia en nuestro país.

En su intervención, Vicente Quirarte tomó como punto de partida un pasaje que conforma la biografía de Dante, para reflexionar alrededor de la idea del amor. El poeta cita: “la imaginación y la leyenda se nutren del siguiente instante: a orillas del río Arno, para ser exactos, en el puente de la Trinita, el joven Dante Alighieri ve pasar a Beatriz y la posee a través de los sentidos de la vista y el oído, acaso con el olfato en el perfume, que acentúa la belleza de la musa».

Con esto, Quirarte recordó una historia un tanto conocida de la cultura popular mexicana, un día de 1953, cuando el fotógrafo mexicano Nacho López registró el paso de una muchacha, atestiguado por un grupo de varones, en la esquina de las calles Balderas y Ayuntamiento.

«El venerable edificio porfiriano que alguna vez alojó a la Secretaría de Agricultura se estremeció, junto con las nuevas construcciones, al paso de la que en ese instante era reina de la ciudad: ceñido el vestido a la cadera, abrevia doblemente la cintura; los zapatos de tacón alto que quieren estar cerca del cielo, sin perder su contacto y su ritmo con la tierra, y cerrando los ojos la dejé pasar, concluye Amado Nervo en un poema que análoga el amor de Dante por Beatriz.

«Dante no fue el inventor del amor, pero sí el responsable de introducir el tiempo en un discurso medieval regido por lo eterno. Descubrió que el amor debe ser superior a la amante, pues sólo de esa manera será, como él dice, la fuerza que mueve el Sol y a las demás estrellas; afinó una idea de Platón presente en el simposio: el que ama es superior al amado, porque un Dios habita dentro de él.»

Desde su mirada, también la de un poeta, Quirarte enfatizó que el amor exaltado por Dante es próximo a la pasión de los místicos, donde el alma se transforma en «esposa de la divinidad amada, en el amado transformada»: es una fórmula común a los místicos y a la sinfonola de cantina que celebra las derrotas amorosas y las convierte en victorias.

«Las palabras no bastan. El personaje central es el corazón y tres veces aparece en el texto: ‘que el corazón me vieses deseaba’, ‘que el corazón deshecho destilaba’ y ‘mi corazón deshecho entre tus manos’. Para entrar en el peligroso terreno de la palabra corazón, la más utilizada por los amadores, rescatemos una carta que Gilberto Owen envía a Elías Nandino desde Filadelfia, el jueves después de ceniza en 1951: en su posdata advierte: ‘en mis versos estoy empleando la palabra corazón, pero ni remedio’. ¿Por qué invocar a Owen en este recordatorio de Dante? En uno de los murales del Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey se encuentra inscrito este verso del poeta sinaloense: ‘el corazón yo lo usaba en los ojos’. Podemos leerlo como homenaje al soneto que nos ocupa: el corazón se transfigura en lágrimas, líquido amor, mediante la alquimia retardada de la seducción, dolorosa victoria de la imaginación amantes sobre la realidad amada.»

«Al amor no hay que pedirle sino unos instantes que equivalen a la eternidad», decía Nietzsche, pero siempre queremos más, en palabras de Vicente Quirarte, quien en su cátedra evocó a Gemma Donati, la esposa de Dante, pero él se mantuvo fiel a los principios que defendió en La vida nueva, que pueden ser leídos como una suma de los leales amadores y un conjunto de ejercicios espirituales para perfeccionar el alma del amante: «a pesar de la justa liberación femenina y que Penélope no se quede en la casa, todavía la dama agradece que se le acomode la silla o se le abra la puerta para que, antes que todo, pase su belleza fugaz pero eterna, por obra de la palabra y la poesía. Y el causante de toda esta invención sofisticada se llama Dante Alighieri.»

Por su parte, Francisco Segovia se refirió a dos formas de plantear la idea del amor en Dante, a través de sus canciones, plasmada a partir de su lengua: el dialecto toscano que hablaba Dante se convirtió en ese vulgar ilustre que él mismo había soñado en su Tratado de la lengua vulgar y se extendió por toda la península itálica ya como lengua literaria y de cultura.

«Puede decirse que el italiano nació cantando al amor, como habían hecho antes los dialectos occitanos y siciliano, pero dándole a estas dos cosas, el amor y la lengua, un carácter único en cuanto a la lengua, una potencia creadora que no sólo habría de imponerse sobre los otros dialectos italianos, sino que tendría raíces hondas y firmes en el habla popular, cosa que no le fue dado hacer a la lengua de los Trovadores, esa especie de crema y nata del occitano que, a veces, se conoce con el nombre de uno de sus dialectos, el provenzal.»

En cuanto al tema, comentó el poeta Francisco Segovia, Dante tenía una idea del amor que ya no cuadraba bien con la que esparcía en las leyendas del Rey Arturo o de María de Francia, ni con la de los viejos poetas provenzales: el amor del que hablan los poetas toscanos del dulce estilo nuevo, «ya no es el amor pasión que siempre conduce a los amantes a la muerte».

Pero Dante no solo escribió en lengua vulgar La vida nueva y La comedia, quedan de él muchos poemas sueltos, algunos de los cuales iban a formar parte de El convivio, una obra que quedó inconclusa –reunidos en libro, estos poemas han recibido el título de Rima–, entre ellos se encuentran cuatro canciones que los especialistas han llamado «Las petrosas» por una buena razón: en ellas, la dama de quién el poeta se enamora aparece como una mujer insensible, hecha de piedra.

«Una de ellas es rara por una razón, al menos, en ella Dante expresa más que un amor sutil, un despecho tan grande que clama abiertamente por venganza, no parece un poema de sutil amor, sino como diríamos en México, una canción de ardido, en la que no sólo habla raudamente, sino que dice cosas rudas. La aspereza del poeta refleja la dureza de su dama; es notable que, a veces, sea ella quién le causa el sufrimiento, y, a veces, sea directamente el Dios del amor, Cupido quién lo somete: aquí el amor no es un dulce tormento, es un maldito. Y la dama no encanta, ella mata.»

Por eso, el poeta le pide al amor que haga con ella lo mismo que hace con él, pues la venganza es dulce: la suave queja del amor cortés se vuelve aquí ataque furioso, igual que un oso atacara, y con ese estilo nuevo se transforma en un lenguaje áspero y grosero. Es Dante contra Dante, o, quizá, «tan sólo Dante preparándose para dar el salto a La comedia», destacó Segovia.

«Hay con toda una canción posterior a ‘Las petrosas’, en la que Dante parece volver al estilo dulce de la primera época, los especialistas la conocen como ‘La montañesa’, porque el propio Dante así la llama en su estrofa final.»

Como parte del acercamiento al Dante más musical, el grupo La Fontegara, integrado por María Diez-Canedo, Eloy Cruz y Rafael Sánchez Guevara, reconocidos como los más sólidos y destacados intérpretes de la música antigua en México, con una trayectoria internacional, ofreció un concierto de la llamada «música mundana», de compositores italianos del siglo XIV, quienes trabajaron en los entornos en los que vivió Dante.

El ciclo Celebración de Dante Alighieri, a setecientos años de su muerte continúa el jueves 4 de noviembre, a las 6:00 p. m., con la conferencia El presente de un clásico: la nueva traducción de La comedia, en la que participan José María Micó y Marco Perilli, moderados por el colegiado Juan Villoro.

La reflexión y el concierto de la segunda sesión del ciclo coordinado por Luis Fernando Lara, se encuentra disponible en la página de YouTube de la institución: https://www.youtube.com/user/elcolegionacionalmx

Deja un comentario


newsletter
campus

Recibe directamente en tu correo electrónico la edición semanal de Campus con los artículos de opinión más destacados sobre el sector educativo y los temas de coyuntura nacional e internacional.

Bienvenido

Contenido exclusivo para suscriptores

CAMPUS

Ingresa a tu cuenta

Regístrate a Campus

Contenido exclusivo suscriptores

Modalidad en línea

  • Examen de Habilidades y Conocimientos Básicos

ESTAMOS PARA SERVIRTE

Mándanos un mensaje para atender cualquier apoyo que necesites sobre el sitio Campus, el suplemento semanal, nuestros productos y servicios.

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on telegram
Share on pinterest
A %d blogueros les gusta esto: