Cultura y toltecayotl I

La filosofía está incrustada en el genoma de los mexicanos. El desinterés por esta disciplina es un reflejo de la erosión de nuestra cultura ancestral

Los tolteca representaban a los artistas en el sentido más amplio del término en el mundo mesoamericano.

La cultura es mayor que la suma de nuestros hábitos, mayor que la suma de nuestras creencias, y mayor que la suma de nuestro consumo artístico: música, cine, literatura y un amplio etc. La cultura delinea el contorno e impregna de esencia a las civilizaciones de distintas épocas. Por ejemplo, la civilización anahuaca, le llamaba “toltecayotl” a la cultura, de tal forma que, una persona culta era un tolteca.

Para los mesoamericanos, un tolteca era un artista en el sentido más amplio del término. Dominaba, digámoslo así, el arte de vivir. Un fragmento de un canto maravilloso, inscrito en letras doradas en el Museo Nacional de Antropología nos lo recuerda: “Esos toltecas sí que eran sabios / solían hablar con su corazón”.

Recordemos que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) nació el mismo año que terminó la Segunda Guerra Mundial, lo cual, es el reflejo entre civilización y cultura, digamos que fuera de ella: vive aislada y cruel, la barbarie.

Más nos vale en esta hora del mundo, tener presente que el camino del desarrollo sustentable se encuentra en la armonía y el entendimiento de las distintas culturas del mundo; entre la naturaleza y el sabio aprovechamiento de sus recursos.

Lo anterior viene a cuento, no sólo por los conatos de un conflicto bélico entre Washington y Bejín, sino porque el próximo mes de septiembre se llevará a cabo en el Bosque de Chapultepec, en la ciudad de México, la Conferencia Mundial sobre las Políticas Culturales (Mondiacult) 2022, la cual buscará reunir -en coordinación con la UNESCO- a cerca de 190 ministros de cultura del mundo para llegar a una declaración final sobre políticas culturales en el contexto actual.

Los temas principales en la agenda mexicana son: el fortalecimiento de la cooperación para la defensa del patrimonio, reconocimiento de la diversidad cultural como la mayor riqueza de la humanidad, que a través de ella se construya la armonía y la paz, se garanticen los derechos culturales y la libertad creativa, así como el reconocimiento de las economías creativas; según ha dado a conocer la Secretaría de Cultura (SC) en un comunicado.

La titular del ramo, Alejandra Frausto, comentó al respecto que: “La cultura es el corazón de las sociedades, a través de las culturas y de la diversidad cultural de la humanidad se puede reconocer en nuestra diferencia la manera de hacer la paz, la manera de unirnos a través del diálogo, el respeto y el reconocimiento pacífico del otro desde lo más distinto que sea. Nos da la posibilidad de construir una sociedad más justa, más armoniosa”.

Nuestra cultura actual, incluye evidentemente a la religión, a la ciencia, a los deportes y a todas las artes. Hablando de cultura, recordamos a un obrerista culto, un tolteca, un educador, a Vicente Lombardo Toledano en un fragmento de su ensayo “El hombre, la tierra y el cosmos”:

“No fue un científico, sino un filósofo el que dio al conocimiento del universo un apoyo lógico y claro por primera vez. En 1755 apareció la Historia natural y teoría general del cielo, de Emmanuel Kant, sobre la formación del mundo, del seno de una nebulosa, lo cual significaba que la Tierra y todo el sistema solar se habían formado en el curso del tiempo. El hombre es, así, el resultado del desarrollo histórico de la naturaleza”.

En otro ensayo titulado “La cultura en México”, Lombardo Toledano escribe: “Podrán haber aumentado los estudiantes en la Facultad de Filosofía y Letras, pero la producción filosófica y la inquietud por la cultura superior, ésa ha desaparecido. Hace algunos años, hablando con el maestro [Antonio] Caso nos referíamos a algún estudiante y a lo bien que había trabajado en los cursos de la Facultad de Filosofía y Letras; único ejemplo, y me decía el maestro refiriéndose a alguno de ellos: es el último Abencerraje; yo creo que después de este chico va a ser difícil encontrar mexicanos que se interesen por los problemas de la filosofía”.

Y es una lástima pues la “toltecayotl” o “toltequeidad” o “cultura mesoamericana” es fundamentalmente un sistema filosófico. La filosofía, por decirlo así, está incrustada en el genoma de los mexicanos. No interesarnos por esta área del conocimiento es un reflejo fiel de la erosión de nuestra cultura ancestral. En fin, hasta aquí este breve apunte sobre la relevancia de la cultura, más allá de los números y la cifras, pues poco nos dice que, para México, la cultura -de acuerdo con el INEGI- representa el 3 por ciento del PIB, algo así como 700 mil millones de pesos al año.

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