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Chile: nuevo gobierno y diagnóstico educativo

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Este país generalmente es considerado como el que cuenta con el mejor sistema educativo de América Latina. Aquí se analizan algunos de los objetivos destacados señalados por el nuevo ministro en el rubro

Un aire fresco, de izquierda, parece haberse levantado con la asunción de Gabriel Boric a la Presidencia de Chile, el viernes pasado. Su discurso tuvo una lozanía que va más allá de su edad y la de la mayoría de su gabinete de gobierno. Representa a una izquierda que ha tenido el cuidado diplomático de pintar una raya frente a otros regímenes que hacen política en nombre de esa orientación ideológica. Por lo pronto, esas palabras enmarcan un compromiso claro y sensible en su expresión presidencial: “llegamos aquí para entregarnos en cuerpo y alma al compromiso de hacer mejor la vida en nuestra Patria”.

En educación, el nuevo ministro, Marco Antonio Ávila, inicialmente profesor de aula, quien luego ocupó puestos intermedios en ese sector durante la presidencia de Michelle Bachelet, fue uno de los autores de la plataforma electoral en ese terreno. En una entrevista (R. Gálvez, La Tercera, 5 de marzo) expresa el diagnóstico y los objetivos que deberán atenderse. Por lo que toca a lo primero, tres situaciones merecen destacarse:

• Un sistema sujeto a una enorme presión: las mediciones estandarizadas de desempeño escolar, así como procesos muy extensos y permanentes de rendición de cuentas. Como lo expresa gráficamente: “pareciera que las escuelas están trabajando para otros, que la mejora pasa por tener carpetas con papeles al día y no por generar políticas correctas”.

• Una presión adicional se manifiesta en muchos de los liceos (nivel de media superior). La competencia entablada en los ranking les ha llevado a reducir su matrícula, además de no ofrecer respuestas adecuadas, relativas a si la oferta educativa es atractiva para los estudiantes. Esto se da en un contexto de “muy poco apoyo de los sostenedores . . . porque hemos tenido un sistema realmente abandonado por el Estado”.

• Sobre la eventual condonación del Crédito con Aval del Estado (CAE), perdón total o parcial de deudas estudiantiles en educación superior, una de las grandes promesas de la campaña presidencial, el nuevo ministro es cauto, acorde con la prudencia presidencial en ese terreno: la meta es educación gratuita, pero antes deberá establecerse “un nuevo sistema único de créditos que será transitorio”. En consonancia con esa idea, dicho ministro remite el tema, tanto a su homólogo de Hacienda, como a la Dirección de Presupuesto y al propio Presidente: “tenemos primero que instalarnos, hacer los cambios económicos, mirar la proyección en el largo plazo”. No existe un compromiso férreo ahora como tampoco lo hubo en la campaña, ya que la deuda de estudiantes y familias, avalada por el Estado, es abultadísima.

En torno a lo anterior, y con relación a lo ya expresado antes en este espacio (Campus 6 y 13 de enero, “Boric y la educación superior”) dos comentarios parecen pertinentes:

•La calificación que suele hacerse del sistema educativo chileno (el mejor de América Latina), por parte de organismos internacionales, está basado en buena medida en aquellos factores que el ministro identifica con las “mediciones estandarizadas, ranking, carpetas con papeles al día”, que mayoritariamente son procesos y no tanto resultados o efectos de políticas correctas. Como puede observarse, se apela ahora a establecer una educación pública que contenga un nuevo paradigma. En palabras del ministro: “uno construye sobre la base de algunos elementos que se han sostenido . . . construir una sociedad de derechos no implica que cambiemos todo. No es derruir sino más bien construir y mejorar”. Un reconocimiento explícito a algunas de las políticas educativas heredadas.

• Por lo que corresponde a dineros, condición necesaria para buena parte de los proyectos anunciados, habría que tener presente que, aunque la pandemia acarreó en el terreno económico una caída del PIB del 5.8 por ciento en 2020, y luego un repunte de 11 por ciento en 2021, la economía chilena no tiene un panorama despejado. Los pronósticos para este 2022 son de una desaceleración económica de 2.5 por ciento, y una alta inflación (7.2 por ciento en 2021 una perspectiva de 9 por ciento para el presente año). Además, se está transitando con un recorte del gasto público del 22.5 por ciento heredado del gobierno anterior. De ahí la urgencia de una reforma fiscal que deberá definirse en el primer semestre y que pretende aportar 5 por ciento del PIB, como lo ha manifestado el propio Presidente.

La próxima semana se abordará lo correspondiente a los objetivos que se contemplan para el sector educativo.

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