Este año se cumplen cien de la creación de la escuela secundaria mexicana, es decir, de su diferenciación institucional de la enseñanza preparatoria vigente hasta 1925. Ese año se publicaron tres decretos que oficializaron la medida: el decreto de creación de la Dirección de Educación Secundaria; el decreto que autoriza la creación de las escuelas secundarias, y el que determina “en qué forma se hará la admisión de alumnos en las escuelas de la educación secundaria”.
El primer decreto, suscrito por el presidente Plutarco Elías Calles (1924-1928), autoriza la creación de escuelas secundarias con base en los siguientes argumentos: “la doctrina democrática implica la mayor amplitud de oportunidad educativa para todos los niños y jóvenes del país, para lo cual debe extender el sistema escolar tan pronto como las necesidades sociales lo requieran y las condiciones pecuniarias del Estado lo permitan”; asimismo, que “la tendencia actual es ofrecer una educación secundaria para todos los jóvenes e instituir un sistema que haga posible y deseable que la mayor parte, si no todos los niños que terminan la escuela primaria, puedan y quieran concurrir con provecho a una escuela secundaria”. Por otra parte, se hace notar que “en el DF se justifica ya la organización de un amplio sistema de escuelas secundarias; que el gobierno no ha establecido hasta la fecha más que dos escuelas secundarias que forman parte, respectivamente, de la Escuela Nacional Preparatoria y de la Escuela Nacional de Maestros y que los actuales edificios de la ENP son insuficientes para contener el creciente número de alumnos que desean inscribirse a los cursos secundarios” (Decreto 1848, 29 agosto 1925).
El segundo decreto, correspondiente a la creación de la Dirección de Educación Secundaria, justifica la decisión de establecer este ciclo de estudios con base en las siguientes consideraciones. En primer lugar, que las escuelas secundarias deben constituir un puente entre las escuelas primarias y las universitarias; en segundo, que se propone una institución educativa de orden especial, referida normalmente a jóvenes de trece a dieciséis años que presentan problemas especiales relacionados con el período de la adolescencia por el que pasan; en tercero, que una escuela secundaria para todos implica una escuela diferenciada, es decir, variada en sus posibilidades educativas, flexible en sus sistemas y con diversas salidas hacia diferentes campos de actividad futura.
Se añaden tres apreciaciones: que ni el Departamento de Enseñanza Primaria y Normal ni la Universidad Nacional están plenamente capacitados para controlar y dirigir el sistema de escuelas secundarias; que es necesario que la SEP extienda su influencia estimulante a todas las entidades federativas y, por último, que es necesario estimular y controlar la iniciativa privada por lo que toca al establecimiento y funcionamiento de escuelas secundarias particulares.
Con base en esos argumentos, el decreto de creación de la nueva entidad de la Secretaría indica que: “Se autoriza a la SEP para crear una Dirección de Educación Secundaria (que) se encargará de la dirección técnica y administrativa de las escuelas secundarias federales, de la inspección y control de las escuelas secundarias particulares, o de los ciclos o cursos secundarios que formen parte de escuelas preparatorias particulares y de la acción educativa en los Estados, dentro de las leyes y los criterios establecidos, en lo concerniente a las escuelas secundarias” (Decreto 1849 del 22 de diciembre de 1925).
Por último, el tercer decreto de 1925 autoriza a la SEP para que “a partir del año próximo de 1926, no admita en la Escuela Nacional Preparatoria alumnos para el primer año y ordene a la Universidad Nacional la separación de los cursos secundarios que le queden (2do. y 3ro. del actual plan de estudios de la ENP), poniendo dichos cursos secundarios bajo la jurisdicción técnica y administrativa de la Dirección de Educación Secundaria que se crea en la SEP a partir del 1ro. de enero de 1926” (Diario Oficial de la Federación, 31 de diciembre de 1925).
A partir del año siguiente iniciaron operaciones cuatro secundarias. La Secundaria 1, con la matrícula y planes de estudio de los primeros tres años de la Escuela Nacional Preparatoria y en sus mismas instalaciones (San Ildefonso); la Secundaria 2, a partir del ciclo secundario de la Escuela Nacional de Maestros; la tercera y cuarta secundarias fueron ubicadas en instalaciones céntricas. En 1927 se agregaría un quinto plantel: la secundaria nocturna.
Según la memoria “El esfuerzo educativo de México: 1924-1928”, elaborada por el titular de la SEP, José Manuel Puig Casauranc, a partir de la constitución de las secundarias en la ciudad de México, al término del periodo de gestión (1928) la matrícula total ascendía a 12 mil 133 alumnos en 75 planteles de parte de mil 613 maestros.
En complemento a las normas citadas, el 30 de noviembre de 1926 se decretó un reglamento que establecía el procedimiento para la “revalidación de los estudios hechos en las secundarias oficiales de los estados y en las particulares de toda la República”. En este se declaraba que la SEP, por conducto de la Dirección de Enseñanza Secundaria, aceptará como válidos los estudios hechos en las escuelas secundarias oficiales de los estados y particulares de toda la República y en las instituciones educativas de carácter equivalente a las escuelas secundarias, que no sean seminarios católicos ni colegios para la formación de ministros de cualquiera otra religión, siempre que dichas escuelas acepten la vigilancia y llenen los requisitos que esta reglamentación establece” (artículo 2).
Es de esperarse que este año, que se cumple un siglo de la creación de la escuela secundaria mexicana, las autoridades educativas lo celebren como la ocasión lo amerita.

Roberto Rodríguez Gómez
- Roberto Rodríguez Gómez
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