El 25 de marzo de 1950 se fundó la Anuies. En los 75 años de vida, su papel dentro de la educación superior del país sigue siendo muy valioso. En aquella mitad del siglo XX había una población de 25 millones de habitantes, una matrícula de 32 mil estudiantes en el nivel terciario y, de las 26 instituciones fundadoras, sólo ocho eran universidades. La semana pasada se abordó en este espacio lo relativo a los pronunciamientos iniciales de los fundadores de la Asociación, varios de los cuales han quedado en estos tres cuartos de siglo como principios perennes, así como las funciones formales adoptadas. Ahora, en la tercera y última parte de esta serie, se continúa con dichas funciones, se presentan la que se consideran o califican como funciones reales, y se concluye con una visión personal de futuro.
Funciones Formales: Como ya se expresó antes, la función de estudios y análisis empezó a desarrollarse desde los primeros momentos de vida de la organización. Sus propuestas de política educativa, o de simple mejoramiento, no siempre fueron atendidas por la SEP o sólo fueron aceptadas de manera diferida, como se muestra en varios de los casos ya mencionados. Posiblemente lo paradigmático en esta materia se refiera a la Ley de Enseñanza Superior, originalmente aprobada en la Asamblea General de 1968, y solicitada al gobierno Federal, o a las Comisiones Estatales para la Planeación de la Educación Superior (Coepes), establecidas en 1978 sólo como recomendación. Ha sido recientemente, en 2021, que la Ley General de Educación Superior cumple plenamente con la expectativa de la primera y formaliza debidamente las segundas.
A partir de 1970 la función de representación alcanza plena vigencia y reconocimiento por los afiliados, sus comunidades y los gobiernos estatales y Federal. A excepción de algunos meses, durante 1990 y 1991, en que el subsector de universidades públicas planteó críticas al propio sistema de representación y a la prestación de algunos servicios, la función ha sido cumplida, constituyéndose en, seguramente, la mayor de las fortalezas de la Asociación y sus afiliadas.
En lo que se refiere a la función de servicios, estos empezaron a proporcionarse desde el primer momento de la Anuies (1950), en que su presidente, el rector de la UNAM, y la Comisión de Financiamiento empezaron a abogar ante instancias federales o estatales por el incremento de las asignaciones económicas para las instituciones de educación superior. Pero también, cuando se trató el problema urgente de aquél momento (el bachillerato) y se formularon diversas propuestas de solución. Luego, de manera más sistemática, se empezaron a abordar problemas educativos diversos para, a partir de la segunda mitad de los años sesenta, organizar debidamente la manera de enfrentarlos.
La cuarta función es la de coordinación. Por su conducto: a) se articulan intereses académicos de las instituciones afiliadas; b) se propicia la complementariedad en la cooperación y el intercambio; c) se recomiendan y se participa en proyectos y políticas de Estado; d) se colabora en diferentes instancias nacionales, estatales y regionales del sector educativo; e) se promueven proyectos y actividades internacionales, fomentando el intercambio de servicios y personal en esos mismos ámbitos.
Funciones Reales: Algunos destacados analistas de la educación superior del país han discutido el papel que la Anuies juega junto al poder público. La mayor parte de ellos se inclinan por otorgarle (a partir de algunas de las acciones desarrolladas en estos 75 años) el carácter de organismo intermedio (entre sociedad civil y Estado) o el de grupo de presión. Con ello se le aplica a la Asociación enfoques de la sociología de la organización o de la ciencia política. Obviando estos, por razon de espacio, y aplicando un concepto operativo (“acciones y tareas que no están expresamente consignadas en la normatividad, pero que son indispensables para la buena marcha de una determinada organización”) tres casos de este tipo de funciones pdrían servir para ilustrar la relevancia que tuvo la acción de la Asociación y los efectos en sus instituciones afiliadas:
• Entre 1965 y 1985, la Anuies se constituyó en un factor decisivo para resolver conflictos en algunas instituciones públicas de educación superior. Difícilmente esa actividad podría ubicarse dentro de alguna de las funciones formales previstas en sus ordenamientos jurídicos, siendo en su momento la única institución que podía jugar el papel de intermediario o ”componedor”.
A instancias de los propios grupos interesados y, en la mayor parte de los casos, del gobierno federal y de los propios gobiernos estatales, la Asociación intervino en conflictos suscitados en los años setenta en las universidades de Nuevo León, Oaxaca, Guerrero y Chiapas, entre otras. En tiempos posteriores lo hizo en la Universidad Autónoma de Guerrero (1996) y en la Autónoma de Zacatecas (1997). Es importante mencionar que la” intervención” de la Anuies no se restringió sólo al papel de amigable componedor entre las partes en pugna. En algunos de los casos mencionados la Asociación tuvo el papel de interventor y administrador, por periodos de varios meses en las instituciones respectivas.
• Otra situación de función real de la Anuies es la que tuvo que ver con la resolución de la deuda histórica acumulada por varias universidades públicas, derivada de la falta de pago del impuesto sobre la renta y productos del trabajo a la SHCP, así como otros derechos o servicios de entidades públicas federales. Al correr del tiempo la deuda resultaba insostenible y prácticamente impagable, dados los montos alcanzados por los recargos y multas correspondientes. A mediados de 1994, una comisión integrada por el Consejo de Universidades Públicas e Instituciones Afines (CUPIA), persuadió al secretario de Educación Pública sobre la importancia de atender este problema. Con la intervención del primero, y con el convencimiento de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, se generó un programa de trabajo que logró, antes de que concluyese el sexenio, la resolución definitiva de dicho problema. Difícilmente las acciones implicadas en lo anterior podrían ubicarse dentro de las funciones formales de representación, estudios, servicios y coordinación, aunque las cuatro estuvieran en juego. Se trataba de un asunto extraordinario y de la mayor importancia hasta entonces no ensayado por la Asociación (la resolución benefició a 34 universidades estatales y los adeudos fueron saldados en su totalidad, ascendiendo el monto implicado a 1,400 millones de pesos. Este monto equivalía al 38% del subsidio federal anual para esas mismas instituciones).
• A partir de 1997, cuando históricamente, desde siete décadas atrás, el PRI perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, la Anuies desarrolló una función real muy relevante: gestionar los recursos financieros para todo el sector de educación superior y no solo para sus afiliados. Complementario de esto, y tiempo después, cada año, en un acto solemne, las universidades públicas de Anuies comparecen ante Cámara de Diputados, y la Auditoría Superior de la Federación para hacer la debida entrega de los estados financieros de cada institución debidamente auditados.
El Futuro: Como es posible observar en esa trayectoria de Anuies de tres cuartos de siglo, el futuro se diseña en el presente: decisiones y acciones lo influyen y, en ocasiones, lo modelan. Los fundadores de Anuies apostaron a una idea como esa y la reflejaron de modo práctico en las necesidades que, como organización, se querían satisfacer. Así por ejemplo, el gran esfuerzo de planeación contenido en aquél documento aprobado en Puebla, en 1978, se convirtió en los siguientes 40 años en la carta de navegación que, aún ahora, en 2025, sigue orientando parcialmente el rumbo de la organización y al subsistema de educación superior, ahí está la Ley General de Educación Superior para mostrarlo.
Veinte años atrás y como si se tratara del presente, en este 2025, un analista (Mazarr) trazaba lo que el mismo calificaba como un “retrato optimista sobre el México futuro”. Para él, dicho futuro dependería de tres cuestiones estrechamente enlazadas: a) una economía nacional más fuerte; b) el fortalecimiento del Estado de Derecho; c) así como una continuidad en los procesos de transición democrática. Como advertía, de no darse estos elementos, el país tendría una regresión en los niveles alcanzados en su sistema social y económico. En términos generales, el vaticinio tiene actualidad un cuarto de siglo después, según se refleja en cierta medida en el “Compromiso común por el futuro de la educación superior mexicana”, documento con el cual la Anuies ha trazado ya su trayectoria hasta 2030.
Como se ha sustentado en estas tres entregas, la Asociación tiene un conjunto de realizaciones a lo largo del tiempo que, transformadas en políticas públicas, han permitido el fortalecimiento y desarrollo del subsistema de educación superior. Pero el futuro, como se apunta en el “Compromiso…” , requiere de nuevas acciones que estén en concordancia con los tiempos venideros, entre otros: a) la gobernanza del subsistema a través del secretariado conjunto con la SEP dentro del Consejo Nacional de Educación Superior (Conaces); b) el Acuerdo Nacional, suscrito por la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, el Consejo Coordinador Empresarial y la propia Anuies; c) derivado de este último, la colaboración para que el Plan México pueda alcanzar los objetivos en torno a la formación del capital humano en las cantidades y calidades que el país requiere en los próximos años; d) los programas que tienen como centro de atención el impulso a la digitalización; e) las tres decenas de grupos de trabajo instalados dentro de Anuies para aportar elementos que favorezcan al Plan Nacional de Desarrollo y sus programas sectoriales; f) continuar con las tareas relacionadas con la internacionalización de la educación superior; g) la importante tarea (a semejanza de lo sucedido con la Ley General de Educación Superior) de recoger la opinión de actores y organizaciones del nivel medio superior en seis foros, para luego elaborar un proyecto de ley en ese mismo ámbito, normatividad que, como se ha dicho, debe ser “lo suficientemente flexible para garantizar la movilidad entre subsistemas y facilitar el reconocimiento académico entre las instituciones de educación superior y media superior”.
A 75 años de distancia, de las 26 instituciones fundadoras, su membresía actual se extiende a 244, mismas que concentran el 60 por ciento de toda la matrícula de la educación superior del país. En colaboración con la SEP, como seguramente se reflejará en el programa sectorial correspondiente, se deberá pugnar por una meta esencial que no ha cambiado desde 1950: una educación superior que prepare a las personas para desenvolverse eficazmente en el futuro.

Carlos Pallán
Ex rector de la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Azcapotzalco), Ex secretario General Ejecutivo de la Anuies.
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